Columnistas

¿Grandes mentiras?
Autor: Jorge Arango Mejía
16 de Agosto de 2015


No es agradable la tarea de decir la verdad, cuando a algunos les duele tanto, les causa ira y lanzan anatemas como si escupieran fuego.

No es agradable la tarea de decir la verdad, cuando a algunos les duele tanto, les causa ira y lanzan anatemas como si escupieran fuego. Para ellos solamente hay una: la del Gobierno, que gasta centenares de miles de millones en alabar sus obras, reales o imaginarias. Veamos.


Cuando el dólar se cotizaba a menos de dos mil pesos (durante mucho tiempo), el ministro de Hacienda y otros sabios a su servicio, clamaban por la devaluación del peso, según ellos sobrevalorado. Ahora ha llegado casi a tres mil pesos. Yo, lego en economía, repito lo que alguien dijo: nadie me convencerá de que un país se hace más rico por el solo hecho del envilecimiento de su moneda. Sobre todo, si en ese país, Colombia, por ejemplo, la industria tiende a desaparecer, a causa de la importación indiscriminada de bienes. Y si los pocos que acá se producen, utilizan materia prima importada. Cuando se ensambla un automóvil, ¿cuál es el porcentaje de partes importadas?


¿Acaso se producen íntegramente en Colombia, fertilizantes, fungicidas, insecticidas, y tractores para las labores agrícolas?


¿Por qué  seguir  hablando de bonanza económica, cuando las exportaciones decrecen?


¿Se ha analizado el impacto del alza de los productos importados, en el costo de la canasta familiar, especialmente en el caso de trabajadores a quienes se paga el salario mínimo?


Y cuando se repite  que en diez años Colombia será “la nación más educada de América”, ¿no se está mintiendo deliberadamente, con el ánimo de engañar a la gente? ¿Acaso países que nos llevan años de ventaja en esta materia, retrocederán mientras el nuestro avanza?  Sería ingenuidad o tontería creer cuentos como éste.


Y, ¿qué decir del postconflicto?   Mientras en La Habana sigue la tertulia interminable, las Farc continúan dedicadas en Colombia a sus labores habituales: la extorsión, el secuestro, el negocio de las drogas prohibidas (en toda su cadena: cultivo de  coca y amapola, procesamiento industrial y exportación)… Se dirá que ahora han decretado una tregua bilateral por tiempo indefinido. Aceptando, en gracia de discusión que sea cierto, de todas maneras es imposible negar que en las actividades que se han mencionado no hay tregua ni pausa. ¿Acaso han liberado uno solo de los secuestrados? ¿Han dicho, al menos, cuántos y quiénes son? ¿No es el secuestro un crimen de lesa humanidad? Como se ve, es imposible, lógicamente, decir que el conflicto ha terminado.


¿No es, en consecuencia, una insensatez desconocer los hechos, negar la realidad, hablar del conflicto como de algo superado? Hace tiempos, nuestros abuelos describían conductas semejantes con una sola frase: “ensillar sin traer las bestias”…


Hay que reconocer una gran verdad: las Farc y el Eln están integrados por delincuentes comunes. Son delincuencia común organizada. Sería absurdo, ridículo, comparar a Iván Márquez con Fidel Castro, y peor aún con Mandela.  En toda su lucha contra Batista, Fidel y sus compañeros jamás cometieron un secuestro. Tampoco se dedicaron al tráfico de drogas. Y lo mismo puede decirse de Mandela, uno de los personajes más importantes del Siglo XX.  


Por si alguna mentira faltara, el presidente Santos ha dicho el 11 de agosto, la mayor de todas: “En el campo colombiano, falta todo por hacer. Sigue en un atraso enorme en comparación con el resto del país. Me preocupa la alta concentración de la tierra (sic), lo que nos conduce a acelerar, para hacer una reforma rural integral.” En consecuencia, ¿solamente ese día se enteró de lo que todo el mundo sabe? ¿Es consciente de lo que implica hacer una reforma agraria?  ¿Es tan iluso que piensa hacerla en menos de tres años que le quedan a su gobierno?  


¿Por qué, en vez de hablar de fantasías, no se preocupa en averiguar si el Código Sustantivo del Trabajo se cumple en el campo? Si lo hiciera, comprobaría que solamente el uno o el dos por ciento de los trabajadores del agro reciben cesantía, vacaciones, primas etc. Los demás ni siquieran han oído hablar del tema.


Es tiempo de abandonar el país de las maravillas, que no existe sino en la propaganda que hace el Gobierno, y en las palabras de algunos aduladores de oficio.