Columnistas

Feria de las flores y Capital Social
Autor: David Roll
14 de Agosto de 2015


Terminados los m醩 de 8 d韆s de festejos de la Feria de las Flores en Medell韓, me pregunto una vez m醩 si tanto entusiasmo regionalista en el buen sentido y el orgullo de los medellinenses en estos d韆s suponen autom醫icamente o no un alto nivel.

Terminados los más de 8 días de festejos de la Feria de las Flores en Medellín, me pregunto una vez más si tanto entusiasmo regionalista en el buen sentido y el orgullo de los medellinenses en estos días suponen automáticamente o no un alto nivel de capital social, o sea de confianza en que las instituciones adecuadamente gobernadas y por lo tanto bien elegidas y vigiladas por la ciudadanía pueden dar lugar a una mejor vida para los habitantes de la capital de Antioquia e incluso para el Departamento en su conjunto. Esto porque varios autores, como Putnam y Fukuyama, han dicho que si los ciudadanos se sienten orgullosos y optimistas de su ciudad y convierten eso en mejores votaciones y más participación e interés por los asuntos públicos, definitivamente habrá mejores gobiernos. ¿Será este el caso de Medellín y la feria es un termómetro de ello? Mi opinión como asistente asiduo a muchos de  los eventos de la feria desde hace más de 30 años es que sí, pero en un porcentaje menor del que se piensa, aunque este aumenta ligeramente cada año y mucho más en la última década. Es decir, si los habitantes de Medellín se sienten más cerca de sus instituciones no es necesariamente por el “Pan y Circo” de la feria, sino por otros logros concretos que han percibido. Pero el orgullo y entusiasmo que se reflejan en los escenarios de la feria sí dan cuenta de una percepción ciudadana que ha ido transitando de un escepticismo sistemático de lo político, acompañado de regionalismo e identificación con formas culturales  y folklóricas propias de la región, a una visión quizá aún perspicaz frente a cada una de las políticas públicas, pero mucho más esperanzada que antes e incluso positiva en algunos campos. No vi por ejemplo muy interesado al público en la carpa en la que la Alcaldía expuso los logros de Medellín reconocidos internacionalmente, no exenta la exposición de superlativismos muy propios de nuestra personalidad un tanto narcisa y del lenguaje propio de los gobernantes actuales en el ámbito mundial, con el que parece estarse haciendo campaña aunque no exista la reelección, al momento de dar a conocer los avances para aumentar justamente el capital social. Pero debo decir también de manera categórica que esa indiferencia es más bien por la complejidad de los temas y por el ambiente festivo, y que no se ven gestos escépticos o de desprecio, al recibir esa información como sí sucedía en otras épocas y sucede en otros lugares, sino más bien de admiración. La feria en sí misma, en toda su majestuosidad, porque fue impecable en sus espectáculos, escenarios y trabajo colectivo, le termina de confirmar al ciudadano la sospecha que tiene por otros muchos hechos que, entre cosas buenas (muchas) y malas (como los problemas de seguridad e indigencia descontrolada en el centro), el balance es cada vez mejor y más parecido a la publicidad oficial y a los reconocimientos oficiales. Gurr, el autor de la teoría de la Privación Relativa o insatisfacción no objetiva de los ciudadanos frente a lo público, ya había señalado algo que se nota claramente en Medellín y se vio en la feria: que en los niveles sociales más altos y más beneficiados del sistema económico político existente hay curiosamente más escepticismo frente a un logro o intento (llámese puente, intercambiador o la feria misma), que entre el resto de ciudadanos a quienes les llega mucho menos y a veces las migajas de la democracia capitalista en la decidimos vivir a pesar de sus contradicciones. Yo mismo experimenté desagrado ante la groserísima atención en el stand informativo turístico y de feria de la Ciudad Botero, o respecto del pésimo estado de limpieza de los lugares que se visitan en el centro de Medellín en las visitas históricas gratuitas que ofrece la alcaldía (dicho claramente: residuos sólidos y líquidos humanos en el 40 por ciento de los lugares claves como los murales de Pedro Nel Gómez, por ejemplo). Pero rápidamente comprendí que la ciudadanía en su conjunto no se duele de esa mala atención o de esa suciedad, sino que se regocija con la existencia de ese stand informativo y con el carácter gratuito de esa visita. Finalmente habría que pedir a los candidatos a la alcaldía un pacto en el sentido de convertir el idiosincrático capital social de Medellín, en el que se mezclan como se ha dicho lo folklórico regional con un razonamiento inteligente de la realidad circundante, en una cada vez más fuerza aglutinadora de esfuerzos privados y colectivos para el fortalecimiento de lo público. Pero no como argumento de campaña, sino como política de Estado consensuada por todos los partidos y respecto de la que no se intente nunca sacar beneficios de tipo electoral.


Profesor Titular


Universidad Nacional