Mundo deportivo

The sports scene has no time or place
La escena deportiva no tiene hora ni lugar
Autor: Federico Duarte Garc閟
13 de Agosto de 2015


M醩 de 37 disciplinas deportivas confluyen en la Unidad Deportiva Atanasio Girardot. Esta se suma a los diferentes escenarios barriales, desde una placa polideportiva hasta una cancha de f鷗bol del barrio.


Foto: Giuseppe Restrepo 

El Skate Park del Estadio es uno de los escenarios más nutridos que busca darle reconocimiento a los skaters de la ciudad y del país. 

Cerca de las 10 p.m. el resplandor de la luz que persiste en algunos de los 18 escenarios deportivos que comprenden la Unidad Deportiva Atanasio Girardot da cuenta de la actividad física que estos albergaron durante el día. Como puerta de entrada a esta, al frente de la estación Estadio del Metro, entre la carrera 70 y calle 48, se encuentra el Skate Park del sector, que a esa hora se convierte en uno de los últimos faros de vida activa en la unidad. Allí se concentran varios jóvenes, algunos acompañados por su respectiva bicicleta, mientras otros dan una vuelta alrededor en patines. Uno de estos grupos tiene nombre propio: Rollerblading, y aunque reúne aproximadamente a 46 personas, apenas seis de ellos se disponen a ingresar a la pista en frente. 


Todos son mayores de edad. Esa es la única condición impuesta para evitar accidentes con menores. Por lo demás, es como dice uno de ellos: “100 por ciento diversidad”. Hay hombres y mujeres, bachilleres en validación, universitarios, profesionales y hasta especialistas. Algunos están entre los 20 y los 30, otros son mayores de 40. 


“Todos somos adultos”, asegura Héctor Gómez, quien trabaja en una empresa llamada Canariam, dedicada a la fabricación y comercialización de artículos deportivos para el patinaje. 


Él precisa que hay miembros del grupo que por sus ocupaciones no pueden rodar todos los días, como bien lo hace él, sin embargo tienen establecido encontrarse de lunes a jueves a las 8 p.m. A esa hora plantean una ruta general por la ciudad. No obstante los domingos en la mañana arman grandes paseos: desde una ida al Parque de las Aguas hasta dar la Vuelta a Oriente en patines. 


Una ruta “sabrosa” según él es un descuelgue del Alto de la Virgen de la Autopista Medellín - Bogotá, al venir de Guarne hacia la ciudad. De acuerdo con uno de sus compañeros se sienten más seguros y acogidos en la carretera que en el casco urbano, donde las motos, y en algunos casos las mismas bicicletas, los incomodan. 


Uno de ellos incluso señala que evitan el sector del Estadio “porque no falta el niño con el balón, el señor con el perro, o la misma bicicleta por ahí estorbando”. 


Sin embargo, antier después de llegar de una de sus acostumbradas rutas, aguardaban su turno al lado de la pista de skate del sector para practicar algunos de sus trucos al patín, en una modalidad conocida como patinaje agresivo. 


Es de esa manera que hace un año un belga llamado Koen, quien hace cerca de dos años arribó a Medellín, conoció a su “familia”. En su búsqueda de otros patinadores como él, vio que el grupo de Gómez era el más “loco”, y desde ahí decidió sumarse a ellos. Él era uno de los que seguía en la fila para deslizarse por la pista de skate, impulsado por esa sensación de libertad que lo acompaña al patinar con sus amigos antioqueños, cuando las luces de repente se apagaron. El grupo de patinadores no tardó entonces en seguir su camino por las calles de la ciudad, mientras la congregación de las bicicletas no dejaba de rodar en la misma pista. 


Un espacio común


“Nosotros consideramos que hay un espacio especial para las bicis”, plantea Gómez al precisar que su grupo no reúne a ciclas, y alude a colectivos de estas como el de la Naranja Mecánica.


Alejandro, Fabio, Andrés y Samuel conforman su propio “club de paradas”. Todos son amigos de cuadra del mismo barrio: Prado Centro, cercano a una rampa donde también practican. Desde allí hasta la pista se demoran, a buen ritmo, diez o incluso siete minutos. En el plan de encontrarse, salir y charlar en el camino pueden pasar quince minutos.  


Uno de ellos, Fabio, el único mayor de edad con 22 años, practica este deporte desde hace tres años. Sin embargo hace tres meses lo dejó por un accidente de tránsito; se estrelló con un bus al andar en una cicla sin frenos. 


No obstante, este joven diseñador insiste en que “si usted no siente miedo no hace las cosas”, y por eso la adrenalina es la fuente que le permite practicar todo tipo de paradas en una bicicleta pues “le borra las cosas de la mente”. 


Para sus compañeros de cicla, entre los 16 y 17 años, hay otras pasiones como el fútbol que los motiva de igual manera, y que se convierte en el eje principal de sus visitas a la Unidad Deportiva cada domingo, el día en que la pista al igual que otros escenarios de la misma unidad concentra más gente.


Crecimiento gradual


Según el Instituto de Deportes y Recreación de Medellín (Inder), la Unidad Deportiva es el escenario con mayor número de usuarios, quienes en los últimos años no han dejado de crecer: en 2013 hubo una participación mensual promedio de 362.390 personas, mientras el año pasado alcanzaron a ser 450.000 cada mes. 


Para el profesor Juan Gonzalo Yarce, quien desde hace diez años hace parte de los diferentes programas que ofrece el Inder, se ha visto un crecimiento acelerado de la cultura de la ciudadanía “no tanto en el deporte sino en la actividad física como tal”. 


Esta comprende a su criterio, entre otros, espacios como el Centro de Promoción de la Salud del Estadio del cual está a cargo. Junto a este hay otros seis ubicados en distintas zonas: La Cruz, Campo Valdés, San Antonio de Prado, Santa Lucía y Santa Cruz. 


No obstante, de todos estos barrios vienen a su vez 32 grupos, uno por hora, a la sede del Estadio, la cual se constituye en un gimnasio abierto al público. 


Por estos días Yarce anima a varios de ellos a participar en El Reto, un evento a disputarse el próximo 18 de agosto promocionado en el mismo espacio donde se ejercitan, el cual consiste en una competencia individual entre los mejores de cada sede, en la que se cuentan el máximo de repeticiones de diferentes ejercicios físicos que cada persona pueda realizar. 


Son ocho pruebas, todas de fuerza - resistencia. A estas asisten personas de todas las edades, divididas entre menores y mayores de 40. Estos últimos vienen con el objetivo providencial de mejorar su registro del año anterior, con el ánimo de enfrentar un reto personal. Sin embargo, hay una asistencia mayoritaria de jóvenes, aquellos que alternan su acondicionamiento en la zona baja del coliseo Iván de Bedout con su entrenamiento en el gimnasio al aire libre estacionado cerca de allí.


Carrera sin edad


A pocos metros del mismo coliseo se encuentra la pista de atletismo del estadio Alfonso Galvis, donde desde hace cuatro meses cuando asumió como vigilante del sitio Ildefonso Martínez ve desfilar miles de personas, entre atletas y gente del común.


 Desde las 4 a.m. que abre el estadio ya advierte la presencia de los primeros deportistas: unos cuantos hombres y mujeres de la tercera edad que se dedican a caminar la pista en el alba, para salir unos cuantos minutos después.


A partir de las 6 a.m. es que se empieza a ver mayor flujo de gente, entre empresarios y trabajadores rasos que trotan por un momento para tomar camino a su trabajo. A esa hora empiezan a llegar los primeros jóvenes, que sin embargo según Martínez nunca constituyen la mayoría de quienes ocupan la pista. 


“A la gente joven no le gusta madrugar”, asegura Ildefonso, quien  señala el domingo como el día en que la mayoría de estos llegan, en el horario de 4 a.m. a 2 p.m.


Ese día Gustavo Garcés, un hombre de 79 años, madruga de la mano de María, una niña de 12 con una discapacidad auditiva, para acompañarla a la pista de atletismo. Si bien ella está en un proceso médico para incentivar el sentido de la escucha, su sonrisa inmutable se desprende de ver el solo rostro de Gustavo sonreír cada vez que ella alcanza a dar una vuelta a la misma. Ambos celebran, y ese el sentido que cobra para ellos hacer uso de esta unidad deportiva. 



Apropiaci髇 de los espacios

Para el director del Inder Medellín, David Mora, el contar con unos escenarios de calidad “para la vida, la alegría, la integración, y obviamente para el deporte y la recreación física” motivan el uso cada vez mayor de estos espacios por parte de la comunidad. Mora señala el hecho de haber recuperado más de 800 espacios administrados por el Inder, pues cuando llegó a asumir su administración el 50% de ellos se hallaba en deterioro físico. Hoy, el director del Inder asegura que el 70% de dichos espacios están al servicio de cualquier ciudadano, quien puede ejercitarse junto a los grandes atletas de la ciudad. “Perfectamente usted puede ver un amateur, una persona que no se dedica al deporte pero sí practica el deporte, al lado de nuestros campeones panamericanos y mundiales practicando y entrenando en estos escenarios”, asegura Mora.