Columnistas

Vitoa
Autor: Lázaro Tobón Vallejo
12 de Agosto de 2015


El pasado 4 de agosto el Creador llamó a su seno a nuestra tía Vicky Mosquera de Vallejo, Vitoa, cómo cariñosamente le llamó Chucho Vallejo, durante sus 44 años de matrimonio ejemplar.

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El pasado 4 de agosto el Creador llamó a su seno a nuestra tía Vicky Mosquera de Vallejo, Vitoa, cómo cariñosamente le llamó Chucho Vallejo, durante sus 44 años de matrimonio ejemplar. Viaje que fue expedito, como se dice en el argot de los viajes: non-stop hacia el cielo.


Tiquete de ida que nadie se quiere ganar, pero es la única rifa en la que todos estamos seguros que tarde que temprano se nos adjudicará, y disfrutaremos de ese viaje conforme habremos dejado nuestra huella en este estadio terrenal. Y Vicky sí que la dejó bien profunda y con una horma imborrable en el ser de todos aquellos que gozamos de su amistad y cariño.


Digo que Vicky se fue derechito a la diestra de Dios Padre por su amor no solo a su “Coqui”,(Chucho), y sus hijos Alina, Juan Manuel y Andrés, sino a todas las personas con las que compartió su existencia. Ella payanesa, pero adoptada como paisa, durante su vida mostró con entereza y sabiduría, su enjundia, que según la RAE en dos de sus acepciones son: “la parte más sustanciosa e importante de algo no material”, y esa parte, era su espíritu amoroso y altruista, que mientras el jurisconsulto de nuestro tío se metía en su mundo del derecho, sus tangos y cambalaches, ella, estaba en obras sociales de importancia, por ejemplo, trabajó incansablemente en la junta del entonces Banco de la Mujer, ayudó con nuestra abuela Nelly Mejía de Vallejo, para sacar a adelante la Escuela Nacional de Ciegos y Sordomudos, entre otras ejecutorias en pos de darle al más desfavorecido una oportunidad de superación.


Como miembro de familia también transmitía ese ánimo a sus allegados, nos congregaba en su casa, en especial a mi madre, a mis hermanas y a quién esto escribe. Recuerdos de infancia traigo mientras esto escribo, cuando Vicky y Chucho alzaban conmigo y algunas veces también con mis hermanas para la finca de mi abuelo, y nos acogían como sus hijos, aún después de haber sido padres de verdad, verdad. Ejercieron como padres “sustitutos”, mientras mi madre acompañaba a mi padre en su enfermedad, y que luego de la muerte de él, fueron un bastión para nuestra madre en la lidia de los tres “angelitos”. Solo semejante faena se le ocurre a una persona con un corazón inmenso, como el que tenía Vicky.Su amor nos siguió iluminando, en especial a mi esposa e hijos, que los acogió como su propia nuera y a mis hijos como sus propios nietos. Eso sí es tener la enjundia bien fundamentada.


La otra acepción de enjundia de la RAE es: “fuerza, vigor y arrestos”, para llevar sobre sus hombros el dolor por el secuestro de su padre, la muerte accidental de su madre, y la que ninguno quiere llevar a cuestas, la muerte de un hijo.Además, soportar desde la lejanía por más de diez años la penosísima enfermedad de su padre en Popayán, así mismo las vicisitudes normales que se llevan en la vida marital. Ante esas adversidades ella siempre se mostró integra, como una verdadera matrona dirigiendo su hogar, con todo el amor que una persona puede irradiar.


Matrimonio ejemplar el de Chucho y Vicky, 44 años vividos en una larga e inmensa luna de miel, que merece estar en los anales de como el verdadero amor, comprensión, tolerancia y sacrifico del uno por el otro logra triunfar.


Vicky no se borrará de la memoria y corazón de quienes la consideramos como una madre. Qué Dios la tenga en su gracia.