Columnistas

Al que no quiere caldo
Autor: José Alvear Sanin
12 de Agosto de 2015


La entrega de Colombia al comunismo está convenida entre el Secretariado y los Bogotá-Five (presidente, fiscal, De la Calle, Ernesto Samper y monseñor Luis Augusto Castro) desde hace varios años.

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La entrega de Colombia al comunismo está convenida entre el Secretariado y los Bogotá-Five (presidente, fiscal, De la Calle, Ernesto Samper y monseñor Luis Augusto Castro) desde hace varios años.


Los interminables meses de La Habana han servido para ir desplazando a Colombia del campo democrático al del Foro de Sao Paulo: la recuperación operativa de las Farc, la paralela emasculación del Ejército, el establecimiento de una justicia transicional espuria y falaz, la preparación de textos y convenios ambiguos, la sensibilización de la opinión pública mediante una operación mediática sin precedentes, la mayor infiltración dentro del Estado, la satanización de la oposición, la judicialización de los dirigentes adversos y de docenas de altos oficiales, la ambientación internacional del proceso, el acomodamiento de la Iglesia y la manipulación del Vaticano. 


Lo que opinan los colombianos no tiene la menor importancia. En los primeros tiempos del “proceso de paz”, parecía viable su refrendación popular, pero luego, a medida del avance de la farsa, aumentaba en el pueblo el rechazo a la entrega del país. Las sucesivas encuestas demuestran, cada vez más claramente, el fracaso del monumental aparato publicitario montado para hacernos tragar toda clase de sapos. Al fin y al cabo, los pueblos suelen ser superiores a sus gobernantes. 


Alentados por los resultados de las encuestas, seguimos creyendo en la imposibilidad de la entrega del país. Vana ilusión, porque, precisamente por el creciente rechazo nacional, Gobierno y Farc han decidido acelerar el proceso y hacer “estallar la paz”. Como el Gobierno ya cruzó el punto de no retorno, en el momento menos pensado, dentro de estos cuatro meses a partir del reciente cese al fuego otorgado por el presidente (que incluye inmovilización de la FAC y marchitamiento de sus equipos), súbitamente se firmará un pacto totalmente favorable a la subversión y se convocará una Constituyente para “refundar el Estado”, mientras una “comisión de la verdad” se encargará de decretar la culpabilidad de los burgueses y la inocencia de los terroristas en el conflicto ocasionado por los segundos. 


Además, acabamos de contemplar la ominosa formación de una subcomisión de raposas jurídicas (Leyva, Henao, Cepeda, Santiago, Cassel), donde encargados por Gobierno y Farc, se redactará la fórmula definitiva para lograr la impunidad de los criminales y eludir los tratados que nos obligan a sancionar a los culpables de delitos contra la humanidad.


Esta subcomisión indica hasta dónde ha llegado la desfachatez del gobierno en estos asuntos. 


Entonces, hacia 2018 ya tendremos nueva Constitución populista y convenios con el Eln, más “avanzados” todavía que los firmados con las Farc. En ese momento, ¿quién mejor que De la Calle en la Presidencia, para asegurar el cumplimiento de todos los convenios con la subversión? Lo que significará que el gobierno precipite el país en la revolución, que en nuestro caso será un coctel entre El Salvador, Guatemala, Nicaragua y Venezuela, para asegurar la felicidad de los colombianos y el progreso del país.


¿Quién estará detrás del bien remunerado lobbysta que consiguió la firma de 67 congresistas de Estados Unidos, ignorantes de lo que está en juego, para que apoyen un “proceso de paz” repudiado por la inmensa mayoría de los colombianos?


Esta columna se asocia respetuosamente al duelo que embarga a la familia Vallejo-Mosquera por el fallecimiento de la distinguida señora Victoria Eugenia.




Comentarios
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Héctor
2015/08/13 09:07:54 pm
No puedo creer que un periódico como El Mundo acoja en su espacio editorial a un incendiario y mentiroso como el señor José Alvear. Escribir en página editorial que el Presidente de la República, el fiscal, el señor De la Calle, el expresidente Samper y monseñor Castro fraguaron, hace años, entregarle el país al "comunismo" es una acusación delirante, aparte de injuriosa y que busca despertar pánico, odio e incita a la violencia. Es necesario ser responsables cuando se escribe en un medio serio. ¿Qué pruebas puede aportar de semejante barbaridad? ¿Qué pasa por la mente de un obnubilado así? ¿Cómo llega a ser columnista una persona tan irresponsable? Además asustar con el comunismo es francamente ya una muestra de ignorancia vergonzosa. Da pena ajena que alguien así escriba en su periódico