Economía

Collective savings: a solution in rural areas
Ahorro colectivo: una solución en zonas rurales
10 de Agosto de 2015


Este modelo se basa en la metodología de la Banca de Oportunidades promovida por el Gobierno, está sometido a la vigilancia de la Superintendencia Financiera y no tiene nada que ver con las pirámides financieras.


Foto: Cortesía 

El dinero es depositado en una urna cerrada bajo tres llaves, cada una en poder de un socio, de manera que sólo se puede abrir en las reuniones quincenales.

EFE


En cofres que en muchos casos son guardados bajo tierra, mujeres de pueblos de Antioquia y Córdoba depositan los ahorros propios y de vecinos para mejorar su situación financiera mediante un programa de microcrédito para la cohesión social.


Se trata de los Grupos Locales de Ahorro y Crédito (Glac), que fomentan el ahorro colectivo y se han convertido para miles de personas en una alternativa para acceder a pequeños préstamos en aquellas comunidades marginadas del sistema financiero tradicional.


Caucasia es uno de los 16 municipios en los que el programa Colombia Responde, con recursos de la agencia de Estados Unidos para el desarrollo internacional (Usaid), implantó los Glac junto con una asociación de mujeres.


La iniciativa llegó a este pueblo en abril de 2013 anclada en la Asociación de Mujeres de Caucasia (Asomuca), y actualmente tiene 150 grupos de ahorro conformados cada uno por entre once y 19 personas.


En los 16 municipios del programa hay cerca de 1.500 grupos con más de 20.000 socios activos que ahorran de acuerdo a su capacidad financiera mediante la compra de acciones cuyo precio es establecido de común acuerdo, explica la especialista en acceso a servicios financieros de Colombia Responde, Claudia Roncancio.


El precio de cada acción puede comenzar desde bien abajo, según la condición financiera de sus integrantes, por ejemplo en $3.000, y después de ocho meses el socio puede solicitar su primer crédito, que equivale a tres veces el valor que tenga ahorrado, por el cual paga un interés mínimo que engorda el arca y hace funcionar el sistema.


Los créditos, por pequeños que sean, han transformado la vida de miles de personas, como una mujer que pudo cambiar el piso de tierra de su casa por uno de cemento, otra que compró un lote de pollos para montar un pequeño negocio, un niño que cumplió el sueño de comprar su primera bicicleta o el campesino que logró adquirir una vaca.


La mayoría de los socios son mujeres pero también hay hombres y grupos formados por niños.


“El programa se resume en llevar servicios y productos financieros a zonas donde no existen o el acceso es difícil, y lo hacemos a través de la educación financiera práctica con un alto componente social”, dice Roncancio.


El dinero de los integrantes de cada grupo es depositado en una urna cerrada bajo tres llaves, cada una en poder de un socio, de manera que sólo se puede abrir en las reuniones quincenales encabezadas por un comité administrativo de cinco personas.


Cada cofre queda bajo custodia de un miembro del grupo que tiene la función de “facilitador” y cuya casa sirve como sede para las reuniones. Hasta ahora sólo ha habido cuatro robos, y es que el fundamento del programa es la confianza, afirma Paola Fernández, una de las líderes.



Librados del “gota a gota”

Los Grupos Locales de Ahorro y Crédito (Glac) han librado a muchas personas del infame negocio del “gota a gota”, en muchos casos controlado por bandas criminales, consistente en prestar dinero a intereses que oscilan entre el 10 y el 20% mensual.


Quienes toman estos préstamos de usureros se ven obligados a pagar el interés en cuotas diarias, de ahí el nombre coloquial del modelo, o de lo contrario son víctimas de amenazas y agresiones.


“La metodología de los Glac definitivamente está transformando la mente, la cultura y el desarrollo de nuestro territorio”, resume la representante legal de Asomuca, Aida Casadiegos. 


Además de Caucasia, la Asociación tiene el programa en los municipios antioqueños de Cáceres, El Bagre, Tarazá, Zaragoza y Nechí y, en Córdoba, en los municipios Montelíbano, Puerto Libertador y San José de Uré.


Colombia Responde, con otros aliados, lo ha impulsado también en Ituango, Anorí, Valdivia y Briceño (Antioquia); Valencia y Tierralta (Córdoba), y Tumaco (Nariño), zonas duramente golpeadas por el conflicto armado.