Columnistas

El euro contra la soberanía nacional y el trabajo
Autor: Guillermo Maya Muñoz
10 de Agosto de 2015


En la eurozona, además de la integración comercial, los países miembros renunciaron a su soberanía monetaria, y se creó el Banco Central.

En la eurozona, además de la integración comercial, los países miembros renunciaron a su soberanía monetaria, y se creó el Banco Central Europeo (BCE). Los estados nacionales se rebajaron al status de entes territoriales locales, y los gobiernos nacionales al de gobiernos locales, con funciones menores.


La Unión Monetaria en cabeza del BCE emite el euro, en reemplazo de la moneda nacional de sus estados miembros, con la excepción de Gran Bretaña y Suecia que retuvieron la existencia de sus monedas nacionales. Además, el objetivo único del BCE es la estabilidad de precios, sin consideración del empleo o del PIB. Controlada la inflación, el resto vendrá por añadidura.


Los países de la eurozona perdieron la soberanía monetaria, cambiaria y su soberanía de emitir deuda en su propia moneda y que sea comprada por el banco central, a través de emisión, como último recurso. 


Una nación soberana con banco central propio, en recesión o con un crecimiento económico débil puede aplicar una política contracíclica, monetaria y fiscal, que le permita reactivar la economía, con niveles de empleo y de PIB mayores, hasta alcanzar una dinámica de crecimiento estable que le dé confianza  a los inversionistas y  consumidores para expandir el gasto, la demanda, y la economía pueda crecer, aún más. En la zona euro eso no se puede hacer. Los gobiernos pueden endeudarse en el mercado con los bancos privados, pero no pueden ser financiados directamente por el BCE. 


En cuanto a la tasa de cambio, ningún país puede devaluar en caso de que tengan un déficit comercial o una cuenta corriente deficitaria, para estimular las exportaciones. Si el euro se revalúa, como efectivamente lo hizo frente al dólar, pasando de un mínimo de 0.8271 dólar/euro en noviembre de 2000 a un máximo de 1.6010 en abril de 2008, los países no pueden hacer nada para recuperar su competitividad internacional, excepto una devaluación interna, recortando los salarios nominales. 


A la devaluación interna se añade, para combatir una recesión, la aplicación de una política de austeridad fiscal, elevando los impuestos y disminuyendo el gasto público, especialmente, con recortes en pensiones, subsidios al desempleo, educación, salud, etc,  como ha hecho Grecia. La austeridad es la política contraindicada en una recesión.


Los salarios nominales en Grecia cayeron 5.6% (2011), 6.9% (2012), y 8% (2013) de acuerdo a la OIT. Sin embargo, el desempleo no bajó sino que se trepó al 25%, y el desempleo de los jóvenes llegó al 52%, en el segundo trimestre de 2014.  Por su parte, el PIB real se cayó a la zona negativa: -0.4% (2008), -4.4% (2009), -5.4% (2010), -8.9% (2011), -6.6% (2012), -3.9% (2013). Los datos muestras las enormes pérdidas en el PIB y en el empleo, y la terrible recesión por la que pasa Grecia, al igual que gran parte de la eurozona. 


¿Cómo piensa la Troika, FMI, BCE y la Comisión Europea, que se convirtió de facto en el gobierno europeo sin tener responsabilidades políticas frente a los ciudadanos, que Grecia puede pagar la inmensa deuda pública de 317.000 millones de euros (175% PIB) sin condonar parte de la misma y sin hacer más ligeros los pagos, bajando intereses y ampliando plazos? La respuesta del tercer y último rescate fue más deuda, para prolongar la agonía del pueblo griego. 


Sin embargo, como argumenta Roger Palast, el euro no ha fallado, está haciendo lo que tenía que hacer. Robert Mundell, el arquitecto del euro, “genio diabólico”, con el concepto de área monetaria optima, decía: “Es muy difícil despedir un trabajador en Europa”. Sin embargo, sacando al gobierno del control monetario, este no podrá usar la política monetaria y fiscal keynesiana para sacar al país de una recesión, y a los trabajadores: “Poner la política monetaria fuera del alcance de los políticos,  (y) sin la política fiscal, la única manera que los países pueden mantener los puestos de trabajo es mediante la reducción de las regulaciones sobre la competencia” (Robert Mundell, evil genius of the euro, theguardian.com, June 22-2012)


Y cuando surgen las crisis, dice Palast, “los países económicamente desarmados tienen poco que hacer, sino eliminar las regulaciones públicas, privatizar las industrias estatales en masa, recortar impuestos y enviar el estado de bienestar europeo por el desagüe” (The Guardian, June 26-2012). El proyecto silencioso del gobierno colombiano, desde Cesar Gaviria, y del Banco de la República.


El euro no solo es una camisa de fuerza para desregular los mercados laborales y debilitar a los sindicatos. También es para las economías nacionales, “una trampa económica”, dice Krugman, sino va acompañada la unión monetaria con la unión política, y fiscal.