Columnistas

¿Se repetirá la contienda Clinton Bush a la Presidencia?
Autor: Rafael Bravo
7 de Agosto de 2015


Históricamente ganar la presidencia de los Estados Unidos tres veces seguidas ha sido muy difícil para ambos partidos.

Históricamente ganar la presidencia de los Estados Unidos tres veces seguidas ha sido muy difícil para ambos partidos. Los electores suelen preferir algo nuevo, luego de que un presidente gobierna por dos períodos consecutivos. No es sino remontarse a lo ocurrido en el 2000 cuando fue elegido George Bush derrotando al demócrata Al Gore. No fueron suficientes la prosperidad y crecimiento experimentados durante la presidencia de Bill Clinton ni la presidencia de Bush hijo, dándole paso al actual inquilino de la Casa Blanca. Los norteamericanos son como un péndulo en lo que respecta a la política. En la mente colectiva 8 años son suficientes, no importa cuánto les guste o no lo hecho por el presidente de turno. 


Las elecciones del año próximo podrían confirmar la tendencia. Hillary Clinton despertó un gran entusiasmo por ser la primera mujer en aspirar a la presidencia. Su situación es única pues no solo se enfrentó a Obama en 2008, sino que terminó en el gabinete ocupando  el cargo de Secretaria de Estado, por lo que los argumentos para un cambio de rumbo no tendrían sentido. La oposición republicana ha esgrimido las razones para explicar que una presidencia Clinton en el 2016, sería como un tercer periodo Obama: una política exterior que se aparta del excepcionalismo norteamericano, su respaldo a la Ley de Salud-Obamacare que los republicanos insistentemente han tratado de revocar, la continuidad de las políticas económicas, el apoyo al matrimonio gay y la legalización de indocumentados.


Los cuestionamientos han ido más allá por el supuesto manejo irregular de los correos electrónicos mientras ocupaba su cargo en la Secretaria de Estado y lo ocurrido con la muerte del embajador de los Estados Unidos en la capital Libia. Todos estos ataques han minado la credibilidad y confianza del electorado haciendo que el vicepresidente Biden acepte explorar una candidatura por el partido demócrata y eventualmente enfrentarse a la Clinton. Las opiniones están divididas pues algunos afirman que la candidata no genera  el mismo entusiasmo que en su momento despertó el entonces aspirante Obama. Además, muchos no ven con buenos ojos otro Clinton rigiendo los destinos del país.


A todas estas, el partido Republicano no deja de sumar al abanico de candidatos. Ya son 17, una cifra nunca vista en medio del salpicón ideológico que gira cada vez más a la derecha. Salvo el senador Rand Paul, un oftalmólogo originario de Kentucky e hijo del excandidato Ron Paul, quien razonablemente entiende que los Estados Unidos dejaron de ser el policía del planeta y propone algunas políticas novedosas para combatir la desigualdad, los demás se pelean por un electorado anglo amigo de las extremas y en franca disminución. 


Mención aparte merecen Jeb Bush, el favorito del establecimiento y los grandes intereses. Lo demuestran los aportes a su campana que ya superan los cien millones de dólares. Si los norteamericanos no se apartan de la tradición optando por un candidato de centro, Bush podría terminar elegido por los republicanos y enfrentar al  candidato demócrata (Clinton o Biden). El repunte del narciso Trump hay que entenderlo como un rechazo del electorado a la clase política de Washington en donde poco se legisla por la polarización existente. 


Los latinos miran con recelo que un Donald Trump sea la carta a la presidencia con los antecedentes recientes. Mientras tanto, Hillary vuelve a insistir con una reforma migratoria, un asunto del resorte exclusivo del congreso que en más de una década ha decepcionado en su incapacidad por superar las diferencias partidistas de modo que la comunidad indocumentada salga de las sombras. Jebb Bush si bien tiene la ventaja de estar casado con una mexicana, no deja de mostrar contradicciones sobre lo que haría de ser elegido presidente. Candidato que logre el respaldo mayoritario de los hispanos, tiene asegurada la presidencia.