Columnistas

Analfabetismo
Autor: L醶aro Tob髇 Vallejo
6 de Agosto de 2015


Tradicionalmente conocemos el analfabetismo como la falta de capacidades de una persona para leer y escribir, lo que es sumamente delicado, m醲ime cuando estamos inmersos en la sociedad del conocimiento.

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Tradicionalmente conocemos el analfabetismo como la falta de capacidades de una persona para leer y escribir, lo que es sumamente delicado, máxime cuando estamos inmersos en la sociedad del conocimiento. Datos del año pasado, indican que en el país el 5,7% de nuestros connacionales son iletrados, y se proyecta para 2018 disminuirlos a 3,2%. 


Pero no solo existe ese tipo de analfabetas, hay otro que aún preocupa más, y es el analfabeta funcional. Este término fue dado en los años 30 por The Civilian Conservator Corps, con el fin de indicar “la incapacidad de ciertos in dividuos de hacer frente a las exigencias de la vida diaria” (Juan Jiménez del Castillo, 2005).


Daniel Wagner (1990), citado por Jiménez del Castillo, presenta la definición de la Unesco sobre educación funcional: “Se considera que una persona ha recibido una alfabetización funcional cuando ha adquirido los conocimientos y las técnicas de lectura y escritura que la capacitan para emprender de modo efectivo todas las actividades en que se haya adoptado la alfabetización con normalidad a su cultura o grupo”. En el Congreso Mundial de Ministros de Educación, llevado a cabo en Teherán en 1965, se concluyó sobre la necesidad de ajustar la educación funcional a las necesidades de la modernización y del desarrollo. 50 años después esa sentencia sigue vigente, máxime en el contexto actual de la sociedad del conocimiento soportada en gran medida por el mundo digital, a lo cual no nos podemos hacer ni los ciegos, ni sordos, ni mudos, así tenga muchísimos contradictores, ese tema no tiene retorno.


Sobre el alfabetismo funcional, la Unesco dijo en 1972: “que el objetivo de la alfabetización funcional estaba determinado por la urgencia de movilizar, formar y educar la mano de obra aún subutilizada, para volverla más productiva, más útil a ella misma y a la sociedad” (ídem), refiriéndose a la educación de adultos (EA), conocida actualmente como andragogía. 


En síntesis el analfabeto funcional es aquella persona, que aunque sabe leer y escribir carece de las competencias necesarias para defenderse solo en la vida.


Pero no solo en la dinámica del mundo contemporáneo se presentan estos dos tipos de analfabetismos, el iletrado y el funcional, el otro es el digital. Se considera una persona como analfabeta digital, como aquella que carece de competencias en las tecnologías de la información y comunicación para interactuar con sus pares a través de las redes sociales, utilizar documentos digitales y de multimedia. E-consulta.com la ha definido como: “el desconocimiento sobre las tecnologías más simples de información y la nula capacidad de obtener beneficios y conocimientos a partir de su adecuado uso.” Se considera entonces un analfabeta digital a la persona que: desconoce el computador, no sabe manejar el software básico (ofimática), y desconoce la dinámica del mundo digital.


Siendo la educación el vehículo de inclusión y equidad social, un reto grande tienen los gobernantes del país, en la medida en que deben proponer programas para el cierre de la brecha en estos tres tipos de analfabetismos, si queremos ser la “sociedad más educada”. E igualmente se requiere de un ejercicio comprometido desde las instituciones de educación en todos sus niveles.