Columnistas

Abundan los desenfoques
Autor: Sergio De La Torre
2 de Agosto de 2015


¿Por qué duran tanto las Farc mientras otras guerrillas latinoamericanas, coetáneas suyas, fueron tan fugaces en comparación, y acabaron derrotadas, o negociaron su reinserción sin conseguir a cambio una que otra reforma del sistema que repudiaban?.

¿Por qué duran tanto las Farc mientras otras guerrillas latinoamericanas, coetáneas suyas, fueron tan fugaces en comparación, y acabaron derrotadas, o negociaron su reinserción sin conseguir a cambio una que otra reforma del sistema que repudiaban, o paliar siquiera sus aristas más odiosas? Es la pregunta que suelen hacerse los observadores extranjeros por algo que para ellos, igual que para nosotros, constituye un caso extraño, difícil de entender, que no encaja en las respuestas y esquemas acostumbrados entre quienes se ocupan del tema de la insurgencia y los conflictos domésticos en áreas problemáticas o atrasadas del planeta.


Ciertos analistas explican el fenómeno con la superficialidad fácil de la preceptiva marxista, tan parecida en sus métodos al dogma confesional de la tiniebla medioeval europea, cuya pétrea rigidez todavía nos aprieta en el subcontinente. Otros lo despachan con el simplismo trivial de las escuelas norteamericanas de sociología que florecieron en la postguerra y aún deslumbran con sus patrones raídos y sus diagnósticos incompletos y parciales al mundillo académico que anida en universidades del tipo de Los Andes y Javeriana, con exponentes tan marcados y monocordes como el inevitable profesor Cepeda o el comentarista Apuleyo, siempre presente, o ubicuo. 


Los marxistas vergonzantes (o avergonzados?) que aún circulan por ahí, y los que todavía paladinamente se confiesan tales a pesar del ridículo en que con su fracaso clamoroso los dejaron Norcorea, Cuba y Venezuela, todo lo reducen a la lucha de clases, aunque han maquillado su lenguaje torvo con expresiones prestadas de la sociología gringa ya citada, como “abismo social”, “inequidad “, etc., menos espeluznantes y más tranquilizadoras. A la pregunta inicial sobre la longevidad de las Farc (y también del Eln, que es casi tan vetusto como ellas) no le cabe una sola, unívoca respuesta sino varias. Que tenemos bien sabidas los que intentamos explicar el hecho con un mínimo decoro, partiendo de la verdad objetiva y no de la impostura que, según sean las inclinaciones o antipatías de cada quien, ignora, soslaya o sobrevalora unos factores o causas a favor de otros que pueden convenír para excusar las culpas de grupos, escuelas y círculos sociales, políticos o intelectuales que, por acción u omisión, son también responsables, en lo que corresponde, de la endemoniada violencia larvada que Colombia, por la razón o por la fuerza pero sin resultado tangible hasta ahora, lleva 3 decenios tratando de sacudirse.


Si de algo estamos ciertos en medio de tanta especulación, inocente o calculada, es de algo que por sabido y casi perogrullesco se calla más de lo aconcejable: que las Farc sean tan viejas y perdurables no obedece a la vigencia o actualidad de su mensaje (mejor sería llamarlo “doctrina”) como sugiere tanto “idiota útil” que aquí todavía cree en la legitimidad de un alzamiento que se pervirtió por obra del narcotráfico y convirtió el delito de rebelión (el mismo que Bolívar en su hora cometió en calidad de insurrecto, laudable y victorioso gracias a la pertinencia e inmaculada pulcritúd de su cruzada emancipadora) alzamiento, digo, que convirtió el delito de rebelión en pura, ruin delincuencia común, de una especie no igualada siquiera por las peores olas de criminalidad que azotaron a América.


Nada pues de la inevitabilidad , justeza o necesariedad de la guerrilla , como aducen desde sus cómodos gabinetes ciertos intelectuales europeos, tan solidarios y altruistas con el Tercer Mundo como obsequiosos y satisfechos con el que disfrutan en sus patrias, que otrora fueron precisamente las metrópolis coloniales de los pueblos a los que dedican su fingido amor y falsas lágrimas. Si me detengo en esta cofradía (Baltazar Garzón y sus pares,verbigracia) es porque ella (al hacer eco de los alegatos de una facción armada que en Colombia ya no tiene sino pretextos y disculpas deleznables, mas nó razones fundadas ni motivos serios en que escudarse) harto ha fomentado la prolongación de nuestra tragedia.