Columnistas

La deuda ética
Autor: Hernán Mira
2 de Agosto de 2015


“La educación formará al colombiano en el respeto a los derechos humanos, a la paz y a la democracia” Constitución Política de Colombia Art. 67

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“La educación formará al colombiano en el respeto a los derechos humanos, a la paz y a la democracia” Constitución Política de Colombia Art. 67


Acaba de aparecer una nueva clasificación de las universidades colombianas, esta vez del Ministerio de Educación basada en el Modelo de Indicadores de Desempeño (Mide). Allí se dividieron las universidades de acuerdo con su enfoque en doctorados, maestrías  o pregrados. De acuerdo con la ministra Parody, el modelo se propone medir la calidad de las instituciones de educación superior de acuerdo con desempeño (pruebas saber Pro), deserción estudiantil, número de docentes con doctorados, maestría o posgrado, salario de enganche de los egresados e internacionalización. 


Lo que llama mucho la atención en esta y la inmensa mayoría de las mediciones de las universidades, es su carencia de evaluación de formación integral de los estudiantes, esto es formación ciudadana, política, democrática, humanística, moral y ética. En la Ley General  de Educación (115 de 1994) se dice que un deber primordial de le educación es formar ciudadanos  e igualmente en la Constitución, como se dijo. Pero aquí, hace rato vivimos en lo que se ha llamado un “estado de cosas inconstitucional” que tiene en niveles muy bajos, la civilidad, la democracia y el esencial respeto a los derechos humanos.


La pedagogía debería ir a fondo a la transformación social que nos lleve a crear una cultura del pluralismo, la solidaridad, la responsabilidad, el diálogo, la inclusión y la ciudadanía. Se debería formar a los estudiantes para que asuman como ciudadanos protagonistas, donde la ética se privilegie para la transformación de la sociedad y lo público. Se trata de fortalecer y multiplicar en la educación básica y universitaria, actitudes, virtudes y comportamientos ciudadanos de solidaridad, pluralismo y cooperación en lo común y lo público.


Es un deber  de la educación y de las universidades, privilegiar la pertinencia de una educación moral, ética, política y ciudadana que sin desconocer las ciencias exactas y naturales, conduzca a una verdadera formación integral. Formación integral que figura en todos los planes educativos más como adorno que como un compromiso real que se cumpla en la educación. Todo esto, que no cabe en las evaluaciones oficiales y privadas de universidades e instituciones educativas, es lo que nos tiene en una deuda ética con la sociedad.


Esa deuda ética de la educación se refleja directamente en una sociedad plagada de violencia, inequidad, exclusión, fraudes, estafas, politiquería y corrupción en todas las formas habidas y por haber que en los casos más sonados aparece en las personas más educadas, que deben tener una conciencia ética que pisotean amparados en un vacío y un eclipse de la ética y la moral pública. Es así como ante la corrupción, se está siempre dispuesto a reclamar aspectos políticos, económicos y legales, pero bien poco las muy graves implicaciones éticas. Imposible pensar, entonces, que salimos a flote como sociedad desarrollada y decente, mientras no se empiece a saldar esta deuda ética ya tan añeja.


CODA. A propósito, como una luz en este túnel, la U de A en su actual plan de acción, incluye la ética pública como una prioridad y compromiso con la sociedad.