Columnistas

En el Quindío: Se acabó la francachela
Autor: Jorge Arango Mejía
2 de Agosto de 2015


El 25 de octubre de 2015 será una fecha inolvidable en la historia del Quindío. Ese día se comprobará la frase de Gaitán, máximo caudillo popular de América: “El pueblo es superior a sus dirigentes.” Veamos.

zipa36@yahoo.com


El 25 de octubre de 2015 será una fecha inolvidable en la historia del Quindío. Ese día se comprobará la frase de Gaitán, máximo caudillo popular de América: “El pueblo es superior a sus dirigentes.” Veamos.


El peor flagelo del Quindío es la corrupción. Y si es verdad que la de la administración pública es reflejo de la general –que envenena y degrada la nación-; no es menos cierto que este “consuelo de tontos” no sirve de excusa a los depredadores del erario, ni repara los daños causados a las víctimas de sus desafueros (que somos todos). Es como si una tribu de ignorantes, voraces e insaciables, hubiera acampado en las alturas del poder. Desafiando la prohibición del artículo 355 de la Constitución, reparten los dineros públicos, como pago a sus validos por servicios prestados, o como anticipo por nuevas compras de conciencias. Ahí están los quince o veinte mil millones de pesos enterrados en los pozos sépticos que –al menos en teoría- aumentaron el valor de predios de particulares, y que, en la realidad, empobrecieron el erario. Ni la Contraloría General de la República, ni la Procuraduría General de la Nación se dieron cuenta del delito. Y de la Fiscalía General de la Nación no hay para qué hablar: el señor Montealegre solamente piensa en premiar las hazañas de los bandoleros de las Farc y ocultar sus “pequeños errores”, que en buen romance se llaman crímenes de lesa humanidad. ¿Qué importa un peculado más? 


¿Qué una funcionaria rifa centenares de miles de pesos para comprar votos para sus candidatos o para ella misma, cuando aspire a otras dignidades? Son dineros de su bolsillo, contestan sus defensores, los mismos que medran a la sombra de la omnipotente señora. ¡Y nadie se pregunta de dónde sale tanta riqueza! No se olvide que la compra de votos (de conciencias) es igualmente censurable con dineros de los particulares o de la comunidad. Ambas son faltas, la segunda más grave que la primera. Pero las autoridades callan, como convidados de piedra.


Ahora, dos hombres honrados, de intachable conducta, han presentado sus nombres a la consideración de sus conciudadanos. El primero, el sacerdote católico Carlos Eduardo Osorio Buriticá, aspira a la Gobernación del Quindío. El segundo, Carlos Mario Álvarez Morales, a la Alcaldía de Armenia. He recomendado a quienes me honran al leer esta columna, votar por ellos, pues confío en su pulcritud, en su vocación de servicio y en su inteligencia.


He hablado detenidamente con el padre Osorio y hemos coincidido en diversos temas. Como ejemplo, menciono algunos: La lucha contra la corrupción en la administración pública, vale decir, el rescate de la moralidad, mandato impuesto por el artículo 209 de la Constitución; el rechazo a las prácticas clientelistas que envilecen la acción política y la bastardean, hasta convertirla en politiquería; la búsqueda del pleno empleo, único camino hacia el ideal de la erradicación de la pobreza; la educación, derecho de todos y herramienta eficaz para la lucha interminable por una sociedad más justa; la salud, cuya defensa por el Estado comienza antes del nacimiento de cada persona. Y, descendiendo al terreno del diario quehacer, la actuación coordinada del Gobernador y del Alcalde de Armenia; la creación del Área Metropolitana del Quindío, que solamente es hacer realidad jurídica la que ya es geográfica, social y económica, pues “el Quindío es una ciudad dispersa”. 


Y algo semejante podría escribir sobre el doctor Álvarez Morales, si el espacio lo permitiera.


Condicioné mi respaldo a sus candidaturas, como lo manifesté en carta publicada en esta columna el 31 de mayo de 2015. Ellos aceptaron mis condiciones, y yo creo en su palabra. Y que nadie se engañe: si llegare a considerar que desde el gobierno faltan a sus compromisos, no vacilaré en denunciarlos, con la misma firmeza con la cual hoy defiendo sus aspiraciones. Pero confío en que jamás me veré obligado a hacerlo: ¡son hombres inteligentes y honrados, y sé que no serán inferiores a sus obligaciones!


Al elegirlos el 25 de octubre, el pueblo demostrará que es superior a sus dirigentes. ¡Y que sus votos no son mercancía, que ni se compran ni se venden!  


En resumen: ese día se acabará la francachela pagada con los recursos públicos…