Columnistas

“Metiendo agujitas”
Autor: Bernardo Trujillo Calle
1 de Agosto de 2015


El liberalismo tiene candidatos presidenciales de donde escoger. Como suele decirse: “para dar y convidar”.

El liberalismo tiene candidatos presidenciales de donde escoger. Como suele decirse: “para dar y convidar”. Uno de ellos es Humberto De la Calle, cuyos merecimientos pocas personas se atreverían a poner en duda. Sólo que no todos sus admiradores (o como se les quiera llamar) lo hacen con los mismos sanos propósitos de quienes creemos en ellos sin trastiendas, sin pensar más allá de lo que significan llanamente esas palabras. Porque la columnista estrella de El Tiempo, María Isabel Rueda, una especie fuera de serie (al menos eso es lo que ella piensa y también sus rendidos admiradores), en reciente comentario dominical hizo un sospechoso elogio de De la Calle que al menos a quien esto escribe, no pudo convencer por los mismos altibajos de sus apreciaciones. La periodista de marras –valiente hasta la temeridad, dicen sus devotos- que llama al pan, pan y al vino, y mucho más, se fajó, como dije, uno de esos escritos que dan mucho qué pensar, así ella se esfuerce por aparecer independiente y desprevenida. ¿Desprevenida digo? ¡Qué va!


El dicho artículo titulado “Del general Sherman a De la Calle” (El Tiempo 26,06) es el clásico despiste de una inteligente y sagaz escritora política que se sabe leída y admirada y por eso se atreve a sacar aguijones metiendo agujitas. Alaba a De la Calle y trata de establecer un parangón suyo con el presidente Santos, de quien duda que sea capaz de levantarse de la mesa de La Habana, mientras le hace los honores al jefe de la delegación ”que se mantiene como en una especie de burbuja” y sería, este sí, capaz de hacerlo, si le toca. Este contraste que deliberadamente hace, es antojadizo porque el presidente ha dado prueba de su temple, sólo que es prudente y responsable del buen o mal éxito de la empresa de sacar adelante el proceso de paz.


El artículo de la periodista va directo a lo que va: a sacar con la mano del gato una posible candidatura presidencial de De la Calle después de reconocerle su popularidad en las encuestas (43%) y hasta de haber seducido en el Senado a Uribe con su exposición sobre lo que se está ventilando en La Habana. “La candidatura de De la Calle parece, pues, inevitable”, concluye la periodista y, a continuación saca el aguijón: “¿Pero es conveniente?” Entonces se desparrama en abundantes argumentos, a cual más peregrino, para probar la inconveniencia. Es aquí en donde agota su capacidad de elogio y astucia. “La rectitud de De la Calle no tiene discusión, dice, lo que se discute es si los halagos de una candidatura presidencial son los mejores consejeros de un negociador…” Y para quedar más tranquila con su ambivalente trabajo de zapa, emplaza a De la Calle, conminándolo con esta perla de propuesta: “Por eso, en aras de la credibilidad del proceso y de la tranquilidad (¿de quién?) de que no está buscando posiciones propias, me gustaría escuchar de De la Calle negando su candidatura presidencial de una manera más convincente!”.


Yo no sé qué estará pensando en su más recóndita intimidad el emplazado sobre su futuro político. Quisiera sí, que en el momento oportuno –y no ya- se decidiera a competir por la candidatura presidencial, como ya lo hizo en el pasado en que con gusto lo acompañé. Haber aceptado la vicepresidencia de Samper para renunciar unos meses después, le dio título de excelencia respecto a su impecable conducta personal. Este es uno de sus activos en su brillante hoja de vida, pero no el único, ni el más importante. Cuando dejó la academia para lucir el traje del guerrero partidista, hubo un intervalo de suspenso que terminó pronto. Su paso por altos cargos de la administración pública fue una fortuna para el país. La impronta de su personalidad quedó allí plasmada y sus amigos quisiéramos que retomara el camino con miras más altas. La Presidencia le caería bien, pero más a Colombia.


No he podido entender en qué consistió la llamada asesoría espiritual que el prófugo de la justicia Luis Alfonso Hoyos le prestó a la campaña presidencial de Oscar Iván Zuluaga. ¿Espiritual? ¡Parece un chiste!


Ecuánime y aleccionador el editorial sobre La Escombrera. Sobresale la dignidad del estilo y la justeza en su propósito. Felicitaciones