Columnistas

Leer, un ejercicio de ciudado
Autor: Lucila Gonzalez de Chavez
30 de Julio de 2015


Los “si” condicionales:
Si leemos a la velocidad requerida y comprendemos lo leído, nos aficionaremos a la lectura.


lugore55@gmail.com


Los  “si”  condicionales: 


Si leemos a la velocidad requerida y comprendemos lo leído, nos aficionaremos a la lectura.


Si variamos los temas de lectura: biografías, viajes, aventuras, exploraciones, ciencia-ficción, policíacos, románticos, tendremos más amor por la lectura.


Si nos quedamos anclados en novelas sin mérito, telenovelas y fotonovelas baratas, ensayos farragosos, reportajes superficiales, seremos unos intelectuales mediocres.


Si  no avanzamos en la búsqueda constante de calidad y cantidad en la lectura, no tendremos nuevos horizontes de vida.


Si no maduramos en la capacidad de analizar, valorar y comprender lo que leemos; de dejar de lado la basura, cualquiera que sea el autor, no podremos leer con seriedad y sacar provecho de las obras maestras.


Si sólo leemos a los escritores morbosos, seremos unos lectores enfermizos anímica y espiritualmente, y nunca daremos frutos provechosos.


Si las emociones que nos despierta la lectura son positivas, podremos cultivar la vida sentimental, la personalidad y el carácter, y educar la voluntad y la conciencia.


Si tenemos predisposiciones neuróticas o temperamento muy emotivo y poco activo, la lectura de obras apasionantes, con personajes que todo lo resuelven sin dificultad, nos puede perjudicar, porque nos impide ver y manejar la cotidianidad de la vida.


Si nos entusiasmamos con la buena lectura: la que nos recrea, la que nos obliga a reflexionar, la que nos ilumina la mente y el espíritu, estaremos en condiciones de entender y valorar: el contenido del arte en sus variadas manifestaciones; el pensamiento filosófico y orientador de los grandes maestros; la maestría en el manejo del mensaje, la historia y el lenguaje de los cultores de la narrativa; la musicalidad, el mensaje, la exquisita maestría literaria de  los verdaderos poetas.


Si estamos bajo la influencia de la inseguridad, el miedo, el estrés, la preocupación, el agobio del trabajo o del estudio, captaremos con dificultad el sentido de lo que leemos. Sin un sistema nervioso calmado, es imposible sacar provecho de la lectura y, aun, del estudio.


Si leemos obras filosóficas, formativas o de contenido espiritual o científico, la lectura debe ser pausada, con intervalos de concentración, puesto que son textos que nos exigen atención, reflexión y aprendizaje.


¿Por qué leemos mal?


1. Porque no nos interesamos en el contenido del texto.


2. Porque no obligamos al cerebro a estar pendiente de las ideas del texto.


3. Porque nos falta interés por  adquirir cultura y conocimientos por medio del hábito de la lectura. Elegimos lecturas fáciles, superficiales que no enseñan nada, que no nos dejan vernos a través del texto.


4. Porque no amamos la lectura y preferimos dedicarnos a otros medios más facilistas para emplear nuestro tiempo libre. Leer es una disciplina que se adquiere. 


5. Porque creemos que leer es juntar letras y palabras y no interesarnos por el contenido.


6. Porque nos conformamos con lo que sabemos y no nos atraen los horizontes culturales que abre la lectura.


 7. Por falta de respeto a quienes nos escuchan, cuando tenemos que leer en público.


 8. Por falta de costumbre. Sólo se aprende a leer, leyendo. Y, además, hacer de la lectura oral, un hábito. 


A quienes están enseñando a leer: es un buen ejercicio la lectura coral, porque ella acompasa las voces y colabora para tener un buen ritmo.


La pregunta en la comprensión lectora:


La pregunta es la forma más usada en la comprensión lectora. Bien sea porque se utilice en forma oral o en guías escritas, fichas individuales... Si la lectura es un proceso de pensamiento, las preguntas deben estimularlo y ordenarlo; deben estimular también los aspectos afectivos y emotivos que la lectura ha despertado. Deben moverse, entonces, en el campo del conocimiento y en el del sentimiento.


Las preguntas que  se hacen antes de empezar a leer son importantes porque el lector debe leer planteándose alguna inquietud, algún objetivo. Leemos para descubrir algo. Leer y pensar deben empezar con un estado de duda o de deseo.


Lo importante es que nos demos cuenta de que somos capaces de pensar y reflexionar sobre lo leído; para ello, están las preguntas hechas al finalizar la lectura. Hay que recordar que podemos estar de acuerdo, o no, con el escritor, y lo podemos manifestar. Debemos sentirnos capaces de imaginar y pensar críticamente.