Columnistas

Los parques nacionales
Autor: Bernardo Trujillo Calle
25 de Julio de 2015


Para salvarlos de la miner韆 ilegal, el ministro del Medio Ambiente ha dado unos pasos firmes con el fin de evitar que los nuevos parques caigan en manos de la actual plaga que no respeta p醨amos, fuentes de agua limpia, sistemas ecol骻icos, paisajes, ni nada que les obstaculice su sistem醫ica destrucci髇 de extensos territorios hasta hoy a resguardo de su maligno ojo avizor.

Para salvarlos de la minería ilegal, el ministro del Medio Ambiente ha dado unos pasos firmes con el fin de evitar que los nuevos parques caigan en manos de la actual plaga que no respeta páramos, fuentes de agua limpia, sistemas ecológicos, paisajes, ni nada que les obstaculice su sistemática destrucción de extensos territorios hasta hoy a resguardo de su maligno ojo avizor. El ministro se les adelantó unos días de pura casualidad y no hay seguridad sin embargo de este anticipo de triunfo cantado, porque es un hecho sabido que por encima de las protecciones legales, las retroexcavadoras llegarán más temprano que tarde a sentar sus reales en un mano a mano con la policía, no importa que les dinamiten la maquinaria, los saquen a empellones y les abran juicios de responsabilidad, porque esto lo tienen calculado entre los riesgos que los mineros asumen como parte de su lucha.


Es que esa minería ilegal no la trabajan mansos rebaños de ovejas, sino veteranos guerrilleros y bacrimes que llegan por nubes a instalarse, acompañados apenas de un ligero petate que pueden alzar para desaparecer cuando se sienten acosados. Por eso se nos hace un tanto cándida por incierta la resolución ministerial, aunque la celebramos y confiemos que sea acatada por sus rebeldes destinatarios o hecha respetar por las autoridades correspondientes. Amanecerá y veremos.


En los mapas del país publicados en la prensa, aparecen señalados seis parques: la Serranía de San Lucas, en Bolívar y Antioquia; Sabanas y humedales de Arauca; Bosques secos del Patía, en el Cauca; Alto Manacacías, en el Meta; Selvas húmedas de Curumaribo; y Serranías del Perijá, en Cesar y Guajira. Sonoros nombres, algunos de los cuales conocíamos de tiempo atrás, como muchos otros de los que hemos también leído en textos de geografía o documentos y artículos de prensa. ¿Quién no sabe que en el Gran Macizo Colombiano nacen los emblemáticos ríos Magdalena, Cauca, Patía y Yupura o Caquetá, y no obstante hasta allí han llegado de antaño, no ya los mineros, sino los paperos y cultivadores de hortalizas que igualmente han desforestado y maltratado este santuario de la hidrografía nacional? Santurbán, en Santander, sigue siendo escenario asediado por la sorda batalla entre el derecho de unos pueblos por tener agua potable para la subsistencia y la minería legal que de tiempo atrás se estableció con títulos refrendados por el Estado, o sin ellos, como la minería ilegal, ambas depredadoras, cuyo fantasma sigue siendo espada de Damocles sobre esta inmensa población de beneficiados. 


Que siga pues el gobierno declarando zonas protegidas y parques nacionales aquellos territorios donde haya páramos, ecosistemas especiales, fuentes de agua limpia y corredores de especies en vía de extinción, o no, (jaguares, osos de anteojos, tigrillos, marimondas, cóndores, paujiles, caimanes, mariposas y cuantas riquezas naturales corran peligro de perecer. El país entero tiene obligación de protegerlas para que no sean presa de la ambición de unos pocos. Vendrán generaciones de colombianos que no disfrutarán de ellas a causa de nuestra indiferencia por cuidarlas y de la tolerancia de las autoridades para hacerlas respetar.


Testigos impasibles fuimos al ver desaparecer ríos y quebradas en los entornos donde nacimos y crecimos. De los charcos donde nadábamos de pequeños, nada queda. Por eso los jóvenes de Venecia –mi pueblo- no tienen memoria de que a pocos metros de la iglesia, había uno que visitábamos diariamente y a un kilómetro o poco más, nos esperaban “el Golondrino”, “Garcés” y “Charco Negro”, de los cuales nada existe hoy. Lo mismo que del “Chamusquín” de Fredonia y los baños de Santa Fe de Antioquia en el Tonusco, donde jóvenes de ambos sexos iban a hacer “cambú”, una especie de chapoteo, del cual al parecer nadie o muy pocos recuerdan hoy.


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Un día de estos tendremos qué entender al señor Procurador Ordóñez y permitirle que hable como un desesperado de cuanto le venga en ganas. “Maña vieja no es sabio”, y él las tiene a montones, sobre todo, de aquellas que se refieren a atacar el proceso de paz y puyar al presidente Santos para tratar de sacarlo de control. ¡¿Habráse visto?¡