Columnistas

“Ellos” y el cambio de brazalete
Autor: José Alvear Sanin
22 de Julio de 2015


El cese bilateral convenido entre el Gobierno y las Farc a partir del 20 de julio (con todo y simbolismo), será observado rigurosamente por ese grupo —que ya no podremos señalar como narcotraficante, por expresa advertencia del doctor Santos— y desde luego, por las Fuerzas Armadas acuarteladas.

El cese bilateral convenido entre el Gobierno y las Farc a partir del 20 de julio (con todo y simbolismo), será observado rigurosamente por ese grupo —que ya no podremos señalar como narcotraficante, por expresa advertencia del doctor Santos— y desde luego, por las Fuerzas Armadas  acuarteladas.


A partir de esa fecha tendrá el presidente cuatro meses de sosiego para poder pregonar la buena fe definitiva de las Farc y, por consiguiente, para firmar el documento ambiguo y falaz que se cocinará en el cuatrimestre, incluyendo la Constituyente de bolsillo.


Pero aun así, algo quedará faltando para constituir plenamente la República Bolivariana de Colombia.


Ahora bien, entonces vendrá el cambio de brazalete. Las Farc pasan a la banca (pero sin dejar el pacífico narcotráfico), y el Eln, a la línea delantera. 


Entre julio y noviembre, la acción del Eln será más bien “discreta”, apenas lo suficiente para justificar algunas mínimas acciones militares  contra el grupo de Gabino, de tal manera que se pueda seguir afirmando que las Fuerzas Armadas siguen cumpliendo su misión. 


Un poco más tarde, la Constituyente cooptada arrancará con abundantes insumos procedentes de La Habana. Sus deliberaciones tendrán entonces, como telón de fondo, creciente actividad subversiva en las ciudades y abundante terrorismo rural, acciones todas que serán atribuidas al Eln. 


Invocando la exitosa “dejación de armas” de las Farc, el gobierno iniciará un segundo “proceso de paz” con el Eln, con la misma tramoya (La Habana, garantes, acompañantes, enviados de USA, Alemania y El Vaticano, veedores extupamaros de Unasur), donde se “negociará como si no hubiera conflicto y se luchará como si no hubiera negociación”; y donde “nada estaría acordado hasta que todo estuviera convenido”.


Y así, poco a poco, hasta que llegue el colapso del sistema, hasta que caiga la fruta madura…


Llegando a esta altura del partido (que vamos perdiendo por ene autogoles contra cero), tenemos el deber de registrar la superioridad negociadora de Iván Márquez (revolucionario profesional monolítico) sobre la flexible raposa jurídica de Humberto de la Calle y el decorativo general Mora Rangel.


Ante el Gobierno, ya doblegado con el cese bilateral y definitivo, no podemos dejarnos llevar  del explicable desaliento que ocasiona la contemplación de la traición. Tenemos que seguir llamando la atención de un país que empujan de manera incansable hacia el abismo. 


¿Quiénes mueven los hilos que determinan los movimientos de los actores de la inicua farsa: los gobernantes torcidos, los negociadores coludidos, los jueces prevaricadores, la tenebrosa Fiscalía, los periodistas mamertos, los apoyos mediáticos y diplomáticos en el exterior? 


Esa es la pregunta fundamental, porque no existen procesos revolucionarios espontáneos; estos son fruto de un juego político de la mayor complejidad, orientado con diabólica astucia. 


La revolución tiene actores visibles e invisibles. Entre nosotros, Farc, Eln, PC, Polo, “intelligentzia” (incluyendo la clerical), movimientos sociales, organizaciones de fachada, etc., son bien visibles. 


Entonces, ¿quién articula las bien organizadas acciones de tantos actores, principales y secundarios? ¿Quién decide que ha llegado el momento protagónico para Gabino? 


Los verdaderos cerebros de la revolución forman un grupo secreto y temible. En sus memorias, Jiang Qing, última mujer de Mao, fanática y sanguinaria, continuamente se refiere a “Ellos”, los innombrables y verdaderos amos de Mao-Ze-Dong, que en esas páginas, más que como gran timonel se transparenta como títere de jefes secretos, que inclusive se llevan sus hijos pequeños a destinos desconocidos, sin que él pueda siquiera protestar. Al fin y al cabo, un revolucionario no puede caer en las trampas del sentimentalismo burgués…


A la muerte del dictador, el temible poder de la Banda de los 4, encabezada por su viuda, desapareció instantáneamente cuando se presentó la actuación del Regimiento Especial 8341, cuyos miembros continuaron en la oscuridad que les es propia.


El cerebro, que se mueve en las sombras y dispone de poder de vida y muerte, despiadado, racionalmente helado, también existe en Colombia. Solamente identificamos a uno de sus integrantes, el señor embajador de Cuba en Bogotá. ¿Quiénes son los otros dos o tres personajes que dirigen el proceso revolucionario en nuestro país? ¿Formará Enrique Santos Calderón parte de la eficiente cábala? ¡Qué bueno sería conocer los integrantes de nuestro 8341!


***


Nadie más cínico y falaz que el rastrero comandante supremo de las Farc, Raúl Castro, urde males, cuando censura el terrorismo y les exige decretar el cese unilateral. El diablo haciendo hostias, para hacerle creer a Mr. Obama que ha dejado el terrorismo, y a los colombianos, que ya no dirige las guerrillas. Nos creen aguacates, ¡y probablemente lo somos!