Columnistas

Ser y parecer
Autor: Tomás Castrillón Oberndorfer
22 de Julio de 2015


Se decía, respecto la Reina de Francia, que era preciso: “Ser y parecer”.

tomascastrillon@hotmail.com


Se decía, respecto  la Reina de Francia, que era preciso: “Ser y parecer”. Esto sigue teniendo gran vigencia en todos los niveles, principalmente y sobre todo para aquellos  personajes que han sido investidos de alguna dignidad o de cargos que impliquen dirección y  responsabilidad. Es claro entonces que se aplica directamente, en el sector público, a los primeros mandatarios, los congresistas los magistrados, los fiscales, los procuradores,  los diputados, los concejales, etc., y en el sector privado, a los empresarios, los ejecutivos y en fin para toda aquella clase dirigente que “Dios en su bondad nos dio”.  


Es entonces muy lamentable, aunque no sorprende,  el comportamiento  del Primer Mandatario como Comandante de las Fuerzas Armadas, puesto que aparentemente, si lo es, no lo parece. ¿Que clase de Comandante sale con la proclama de que las Fuerzas Armadas de Colombia no pueden acabar con el flagelo de los narco terroristas de la FARC, y que, entonces, hay que “desescalar” el tal “conflicto” para buscar un arreglo con el enemigo?  


Esto trae a la memoria el “Califa llorón” que no supo “defender como hombre” sus deberes y responsabilidades.


La actitud del señor presidente no debe sorprender, porque entre sus ejecutorias, está la de propiciar  el embeleco de los “falsos positivos”. Seguramente hay muchos de estos hechos nefastos, pero hay que aceptar que, tal como sucedió en la Guerra de Vietnam, muchos “campesinos” (o milicianos) de día, cambiaban el azadón por una AK-47, transformándose en Viet Cong de noche. Aquí, seguramente y en buena parte, pasó lo mismo, y a pesar de eso,  el mamertismo desenfrenado  utilizó ese embeleco de los “falsos positivos”, como un arma para desacreditar y acabar con las Fuerzas Armadas, tal como sucedió con la destitución fulminante de “los 27”. 


La remoción de los mejores oficiales  de los altos mandos, es otra manera de desorientar el accionar de las fuerzas armadas. Para acabar de ajustar le acaba nombrar un Ministro de Defensa, descrito como un aliado del Presidente adornado con: “experiencia en cargos de importancia nacional,  finos modales diplomáticos y  con palabras de hombre de mundo” y la comunidad se pregunta si este es el verdadero perfil requerido para luchar en defensa de la Constitución las leyes y las instituciones, como debe ser el desempeño de un verdadero Ministro de Defensa. Diría marañas: Esas son características de un presentador de televisión. 


Lo que pasa es que se está en una vergonzosa etapa de claudicación ante el enemigo.


Por ejemplo, se muestra como otro gesto  triunfal del Gobierno, el descarado acuerdo del desminado, dizque humanitario, que ya cobró la primera víctima,  ¡claro!, un soldado del ejército, mientras que los verdaderos criminales, incluyendo sinvergüenzas noruegos y de la Cruz Roja, que debieran hacer ese desminado, están “muertos de risa y merendando”.


En esencia se trata de una verdadera traición no solo contra el Ejército de Colombia, sino contra todo el Pueblo Colombiano, violando  los Juramentos prestados en la posesión de tantos funcionarios, en aquello de defender la Constitución ( ¿Dónde quedó la vida y honra?) y las Leyes.


Resumiendo: El “mamertismo” hizo metástasis y mucho va de la gloriosa arenga: “Paso de Vencedores” al actual “Acoso de traidores”, contra la Constitucionalidad y la Institucionalidad que son la esencia del Estado.