Editorial

Infortunadas metáforas
21 de Julio de 2015


Propuso que el país desestime y desvalorice los inmensos sacrificios y costos que las Farc le han impuesto o que incluso las desligue como responsables fundamentales en la perpetuación de los males.

En su quinto discurso de instalación del Congreso de la República, el presidente Santos reiteró las ideas y programas que han orientado sus cinco años de Gobierno, ratificando también su visión sobre las experiencias, las diferencias y las esperanzas de los colombianos. Para llamar a la unidad nacional en torno a su proyecto de Gobierno, reiteró su descalificación a las dos terceras partes de colombianos que no han tenido o perdieron confianza en el proceso de La Habana. A fin de atraer la audiencia que ya conoce el discurso, incurrió en reconocidas descalificaciones a etapas de la vida republicana que merecen un segundo análisis de la historiografía y la literatura. No fueron afortunadas las metáforas del mandatario, sobre todo si ellas querían ser invitación a recoger y construir sobre las endebles bases del presente.


Quien compareció ante los partidos que representan las distintas visiones de país y recogen las expectativas y reclamos de los colombianos por las dificultades corrientes, en especial las de las negociaciones con las Farc, es un gobernante que tuvo limitadas mayorías y no consiguió forjar acuerdos internos substanciales frente a esa iniciativa. La reticencia de ese grupo terrorista para avanzar en las negociaciones en los puntos que podrían generar esperanza en el fin del conflicto armado con ellos, ha ampliado la cantidad de colombianos que han perdido confianza en el proceso de paz. Además, y así como lo había hecho ante los medios de comunicación, el Presidente demandó del Congreso, y con él a los partidos políticos y los ciudadanos activos, su visión y agenda sobre los grandes problemas a combatir y sobre las razones por las cuales ha sido tan difícil superarlos. Al señalar que “se trata de que concentremos nuestras energías en luchar contra los verdaderos enemigos, que son la pobreza, la inequidad, el desempleo, la corrupción, la inseguridad y la guerra”, propuso que el país desestime y desvalorice los inmensos sacrificios y costos que las Farc le han impuesto o que incluso las desligue como responsables fundamentales en la perpetuación de los males que siguen oscureciendo la vida nacional.


Descalificar la crítica mediante la comparación con la Patria Boba, diciendo que “nos pueden más las divisiones, los orgullos personales, los dogmas y prejuicios, y no nos permiten ver lo que tenemos y lo que podemos construir si avanzamos juntos en sana armonía” es incurrir en errores históricos, pues en las dificultades tempranas se fraguaron las acciones para construir país. Además, es disminuir sin respeto a los líderes que no se han acomodado a su visión de país y pensar que los colombianos actúan como “bobos” que se dejan convencer por un líder egoísta para disentir de las visiones altruistas de otro líder y aquellos a quienes ha invitado a la mesa para buscar un acuerdo negociado al conflicto contra los colombianos.


Una vez más, el doctor Santos ha insistido en que un acuerdo que comprometiera a las Farc a cesar toda clase de agresiones contra el pueblo colombiano y cesar sus actividades en la economía criminal, así como evitar la coacción como actividad proselitista, es equivalente a la paz de Colombia. Como si desconociera la persistencia de otros grupos en la violencia y la economía criminal, mientras maximiza a las Farc como actor armado. 


Sin que entendamos nuestra diferencia como un orgullo personal con ánimo de venganza, creemos más en la paz que se forja en el trabajo constante, consciente, crítico cuando es necesario y fuertemente aportante, que hagan el Congreso y el Gobierno para desarrollar una agenda legislativa de justicia social y equidad, que se haga cumplir por los organismos de control y la Justicia. El Presidente y los ministros han destacado de esa agenda para la legislatura que comienza, los ajustes al presupuesto, que sufrirá recortes a pesar de las buenas expectativas de la economía colombiana frente a las de la región; la Ley de Rentas de licores y del Deporte y los proyectos sobre Terrenos baldíos, en curso, y el próximo de Reforma Agraria, iniciativas que se alimentarán en su comprensión y desarrollo de los análisis que se hagan a los resultados del censo nacional agropecuario, en el que el Dane ha avanzado con gran dedicación. Y en lo que calificó como iniciativas por la seguridad, el Presidente rescató el Código de Policía, la Ley estatutaria de administración de justicia y el proyecto de ley para el juzgamiento rápido de delitos menores. Por nuestra parte, seguiremos con especial cariño los avances del proyecto de Ley sobre Seguridad Alimentaria, que busca erradicar las muertes por desnutrición en nuestra patria.