Columnistas

La muerte de los muincipios
Autor: Dario Ruiz Gómez
20 de Julio de 2015


Desde el advenimiento de las democracias modernas, el municipio se convirtió en el núcleo de las reivindicaciones regionales contra el despotismo político de las capitales.

Desde el advenimiento de las democracias modernas, el municipio se convirtió en el núcleo de las reivindicaciones regionales contra el despotismo político  de las capitales. Aceptar  su decisiva importancia en el replanteamiento del Estado moderno consistió en el reconocimiento en un plano de igualdad,  de experiencias, formas y tradiciones de vida diferente. Frente a una visión abstracta de la política, el municipio incorporó  con el concepto de aldea global,  de aquella dinámica que impulsaba a las pequeñas sociedades a trascender lo local buscando lo universal. Y ese proceso estaba señalado por la necesidad de ahondar en las particularidades de un microcosmos fecundo, en musicalidades, en el magisterio de sabios modestos, en lecciones de bondad o sea en las olvidadas virtudes que nos hacen humanos, en contenidos políticos que, partiendo de las realidades específicas de estos microcosmos, vienen a enriquecer la vida nacional mostrando el alcance de lo plural frente a la uniformidad del centralismo capitalino. Nadie como Tomás Carrasquilla ahonda en el lenguaje de la municipalidad, mostrando la necesidad de convertir el habla en problema central para definir las conductas de sus personajes, su visión de la vida y sobre todo territorialidades que desconoce un mapa abstracto  ajeno por completo a estas particularidades. Un texto como “Microcosmos” de Claudio Magris pone de relieve lo que el centralismo no ve: la profunda intensidad de estas expresiones de vida que agregan valor a la palabra y conducen a replantear un país como un diálogo de regiones. 


Reconocer esta dimensión del municipio y con éste, de la provincia,  como  referencia necesaria de formas de vida que deben ser incorporadas  al acerbo de la llamada vida nacional es precisamente lo que llevó al entonces Presidente Barco a impulsar  la autonomía municipal en la tarea de certificar la presencia de territorios desconocidos por  un gobierno centralista. En Colombia el progreso moral  que debía ser la bandera contra las acechanzas  detrás de las cuales se disimulan  siempre los malhechores  perdió una vez más la batalla pues  casi de inmediato los corruptos se apropiaron de los presupuestos municipales, malversando lo destinado a la salud, la educación, al desarrollo urbano y rural, al fortalecimiento de la vida veredal. Concejos municipales de bolsillo, burocracias corruptas que fueron permitiendo que hoy la presencia del municipio en la vida del país, haya prácticamente desaparecido como afirmación  territorial, como expresión de formas de vida que el verdadero progreso debería renovar y no aislar tal como lo ha hecho por conveniencias de mecánicas electoreras el país político. ¿Qué decir hoy ante la creciente tugurización de los municipios? ¿Cuál ha sido la suerte corrida por la administración del territorio? Y no me refiero a departamentos como Nariño, Cauca, Putumayo, Casanare, ni a los Departamentos de la Costa manipulados  aún en sus presupuestos por los nuevos caciques, donde el concepto de territorio no se dió con la debida  autonomía municipal ni  el derecho a decidir  sobre su suerte futura, sobre sus formas políticas representativas. La politiquería  como una forma velada de nueva esclavitud.


¿Podríamos referirnos entonces  a la suerte de los campesinos condenados a desaparecer en sistemas primarios de agricultura de subsistencia? ¿Podríamos referirnos a la juventud prisionera sin salidas posibles una vez terminado el bachillerato y subsistiendo en el vacío existencial del desempleo, abocada al vicio?  ¿Y los escandalosos déficits fiscales?  ¿No está la especulación inmobiliaria  desplazando de las veredas hacia los cascos urbanos a cientos de familias campesinas causando un grave deterioro social puesto de manifiesto en el incremento de la delincuencia? ¿Dónde está el municipio? ¿Destruirlo física y jurídicamente  no ha supuesto acabar con la democracia?