Columnistas

El “crucifijo comunista”
Autor: Hernán Mira
20 de Julio de 2015


Una polémica se desató en la visita del papa Francisco a Bolivia, después de que el presidente Evo Morales le regalara al pontífice un crucifijo sobre la hoz y el martillo, reconocido símbolo del comunismo.

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Una polémica se desató en la visita del papa Francisco a Bolivia, después de que el presidente Evo Morales le regalara al pontífice un crucifijo sobre la hoz y el martillo, reconocido símbolo del comunismo,  tallado en madera y elaborado por el jesuita de origen español y nacionalizado boliviano, Luis Espinal Camps. Inicialmente Francisco mostró una cara de sorpresa ante la imagen, pero luego de oír la explicación que  el origen del crucifijo era de un jesuita como él, perseguido, martirizado y asesinado por los paramilitares y la dictadura, sonrió y lo recibió de buen grado.


Francisco había hecho una parada en el lugar donde fue torturado y asesinado Espinal, para hacer un minuto de silencio, orar y rendirle homenaje. Allí dijo: “Me detuve aquí para saludarlos y sobre todo para recordar. Recordar a un hermano, un hermano nuestro, víctima de intereses que no querían que se luchara por la libertad de Bolivia”. Y agregó “Predicó el evangelio y ese evangelio molestó, y por eso le eliminaron”. Dejó bien claro el pontífice que valora y ensalza a los que se comprometen a fondo con el evangelio y en la lucha contra la injusticia y la opresión. El Papa dijo no saber que Espinal era también escultor y poeta, y anotó que el crucifijo era arte de protesta. Explicó también que el jesuita había sido un exponente de la Teología de la Liberación, en la que una de sus vertientes “proponía el análisis marxista de la realidad”.


Luis Espinal Camps fue un sacerdote jesuita español que fue enviado como misionero a Bolivia y allí se nacionalizó. Dirigió el programa televisivo En carne viva que le cerraron cuando planteó entrevistar cabecillas de la guerrilla. Sobre la censura y más la autocensura, se pronunció diciendo que esta última “se sitúa en la misma línea de la mentira moral, de la corrupción y de la cobardía”. Siempre enfrentó la cercanía de la Iglesia a la opresión de la dictadura militar y política,  “si la iglesia y los opresores se identifican de tal modo, uno se pregunta qué se ha hecho del evangelio que fue predicado a los pobres y llevó a Jesucristo a la cruz“, escribió.


Lo despidieron del diario católico Presencia  por haber escrito, en su crítica de cine, que el sacerdote del film peruano Muerte al amanecer estaba más con los poderosos que con la iglesia “como sucede demasiadas veces entre nosotros”. En la noche del 21 de marzo de 1980 cuando regresaba de cine, a una cuadra de su casa, fue secuestrado por paramilitares a órdenes de militares, lo llevaron a un matadero cercano, lo torturaron y asesinaron de 17 balazos. Espinal venía de ver Los desalmados como una macabra premonición. El Papa entonces, honró la memoria del gran sacerdote Luis Espinal y su “crucifijo comunista” lo llevó al Vaticano, mientras allá y aquí muchos de los que alardean su catolicismo inmaculado se rasgan las vestiduras.


CODA.  “A mí me preocupa en este momento que  se pare el proceso de paz en Colombia. Debo decirlo: espero que vaya adelante. Estamos siempre dispuestos a ayudar. En tantos modos. Sería brutal que no pueda seguir adelante”. Dijo el Papa Francisco a su regreso al Vaticano. ¿Qué dirán entonces quienes se escandalizan de que el Papa apoye este proceso?