Columnistas

La negaci髇 de la realidad
Autor: Alfonso Monsalve Sol髍zano
19 de Julio de 2015


EL MUNDO, en su editorial del pasado viernes, llama la atenci髇 sobre la petici髇 del presidente Santos, hecha en reportaje a Claudia Gurisatti, en el sentido de no utilizar un lenguaje agresivo con las Farc, con el fin de dignificar al oponente.

EL MUNDO, en su editorial del pasado viernes, llama la atención sobre la petición del presidente Santos, hecha en reportaje a Claudia Gurisatti, en el sentido de no utilizar un lenguaje agresivo con las Farc, con el fin de dignificar al oponente, como paso necesario para “desescalar el conflicto” y firmar la paz con esa organización.


Cualquiera que esté desprevenido puede pensar que se trata de una petición sensata. No hay tal. El truco de lenguaje que utiliza el primer mandatario es inducir a pensar que las cosas dejan de ser como son si no se nombran adecuadamente. Podríamos llamarla falacia negacionista. Su propósito es hacer aceptable lo que, de hecho, es intolerable. 


El editorialista de este periódico cita un ejemplo: llamar “accidente” a lo que es la consecuencia del acto atroz de sembrar minas para matar o mutilar a los militares o civiles que tienen la desgracia de pisarlas, es intentar que la opinión acepte como algo natural el que las Farc usen esos artefactos prohibidos por el DIH; es decir, que tomen un crimen de guerra y de lesa humanidad por un hecho fortuito, algo que no se tenía intención de causar. 


También las Farc y el presidente han denominado “accidentes” las continuas contaminaciones de fuentes de agua de la que beben centenares de miles de personas,  de los cultivos de los que se alimentan y de los peces que comen esos habitantes,  mediante voladuras de oleoductos o apertura delos grifo de camiones transportadores de petróleo, hechos a ciencia y conciencia de que causarán efectos desastrosos contra esos compatriotas.


Vaya manera de “dignificar” estas  perversas estrategias criminales de las Farc. 


Y qué decir sobre las “retenciones”, al decir de esa organización y de los negociadores del gobierno y miembros del poder judicial a los que se les ha escapado esta expresión, para referirse al secuestro de civiles y militares, por razones de extorsión económica o política. La palabreja le quita toda la connotación que este crimen, también de guerra y de lesa humanidad, tiene; es de significado tan neutro, o mejor, tan positivo para los delincuentes, que alguien podría estar tentado a aceptarlo, como algo “natural” realizado por una organización que no viola los derechos humanos del país y el DIH, sino que los ejecuta para “financiarse” u “obligar” a que el estado conceda exigencias criminales que se hacen pasar por peticiones justas. Qué forma de “dignificar” el secuestro.


Llamar “bajas en combate” al asesinato a mansalva de soldados que contaban con que las Farc se encontraban en tregua, es otra de las formas de “dignificar” estos crímenes de guerra.


Y cómo les parece afirmar, como hizo el presidente, en el reportaje mencionado, que las Farc no tenían cuentas en el exterior, porque él las había buscado, con el apoyo de organizaciones gubernamentales de otros países, y no las había encontrado. Y que es “parcialmente” cierto que esa organización sea el primer cartel del narcotráfico del mundo, y que no tenían dinero porque todo se lo gastaban en financiar la guerra. Como quien dice, cometen un delito internacional para “financiar” su “guerra”, que por lo demás es justa, como quedó consignado en los considerandos de los acuerdos de la Habana; no es una verdad de a puño que sean un cartel de la droga y no tienen dinero, o sea, no poseen recursos para reparar a las víctimas. Dignifiquemos a las Farc, grita santos.


Y, a propósito de la escalada de actos terroristas, que tal llamarlos “guerra”. Los de las Farc no son terroristas sino combatientes. De nuevo, vaya manera de dignificar los crímenes de guerra y de lesa humanidad, el tráfico de narcóticos, la minería ilegal, el reclutamiento de niños, el abuso sexual, el secuestro y un largo etcétera de delitos. Hay que diginificar el terrorismo.


EL MUNDO se refriere al “desescalamiento” y la tregua de manera magistral: “las decisiones de “desescalamiento” [fueron] aclaradas por los voceros farianos que precisaron que darán la medida sobre la forma de continuar, o no, la “tregua unilateral” de cuatro meses, que el presidente dijo estaba acordada y ellos desmintieron.  ¿Si la prolongación de la “tregua unilateral” está condicionada al “desescalamiento” entonces no estamos hablando de una tregua bilateral “de facto”? Así las cosas, estamos seguros que cuatro meses bien pueden significar muchos más, y que el significado de la palabra “paz” se hace cada vez más subjetivo”. Ni más ni menos. 


Desescalar el lenguaje es un paso necesario para convertirlas en actores políticos angelicales, negando la realidad, ofendiendo a los colombianos, preparando la dictadura que nos convertirá en un narco estado dirigido por mafiosos con vestidura de seda. Pero ya lo dice el dicho, aunque la mona se vista de seda,  mona se queda. ¿Qué tal el presidente?