Columnistas

Ramiro Bejarano, el picapleitos
Autor: Rubén Darío Barrientos
16 de Julio de 2015


El 23 de julio de los corrientes, se llevará a cabo la audiencia de conciliación entre el abogado Ramiro Bejarano y el ex vicepresidente Angelino Garzón.

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El 23 de julio de los corrientes, se llevará a cabo la audiencia de conciliación entre el abogado Ramiro Bejarano y el ex vicepresidente Angelino Garzón. Esta diligencia ocurre en atención a la querella que por calumnia y daño contra el honor personal, instauró Garzón contra el profesor y columnista Bejarano. El fiscal 105 seccional de Cali, ha asumido el proceso, en donde el inocuo Garzón actúa dándole poder a la abogada Elizabeth Padilla. El explosivo Bejarano señaló que, a su vez, denunciará a Garzón por falsa denuncia. La bronca del jurista contra Garzón no es nueva: se remonta a un enfrentamiento desde que el indomable articulista era el abogado de la firma que construyó la carretera Cali-Candelaria y Angelino era gobernador del Valle. Tiene, pues, muchas raíces este pugilato. 


El articulista dominical de El Espectador, el día 11 de julio último, le dio con el balde a Garzón, tildándolo de “corrupto, diletante, traidor, clientelista e inepto”. A la señora de Garzón (Montserrat), la acusa de ser “la Agripina criolla”. El título de la columna fue: “Corrupto y algo más”. El visceral Bejarano es experto en hacer peroratas y tener rifirrafes frente a personajes de alta sonoridad política, como: Álvaro Uribe, Pacho Santos, Sandra Morelli, Alejandro Ordóñez, Angelino Garzón, José Obdulio Gaviria, etc. En agosto de 1994, fue nombrado director del DAS por Ernesto Samper. Sus críticos le endilgan que usa su calidad de columnista en favor de los casos en que se encuentra siendo parte, para presionar al juzgador. Como columnista, la verdad es que intimida, cobra revancha, ofende inmisericordemente, despotrica, difama, vuelve ripio a la gente, desparrama resentimiento y es acusador sin compasión.


El diario El País de Cali, luego de cuatro años, le canceló en otrora la columna que sostenía. Rumbaron las razones y no faltó la de que “el abogado utilizó su columna para revelar información que era objeto de un secreto profesional”. La verdad es que el feroz Bejarano volvió “chicuca” a Alfredo Carvajal, un intocable columnista caleño. Hizo rebosar la copa. Fue puesto de patitas en la calle, pero en El Espectador ha encontrado su nido perfecto para lanzar diatribas, erosionar nombres, arrinconar, envilecer, humillar, tildar de mafioso, abochornar y hacer sindicaciones mil. Un famoso pleito perdió Bejarano: como apoderado pretendió obtener un éxito económico como abogado de Daniel Coronell y que buscaba que el Estado le pagara al director de Noticias Uno la friolera de $ 12 mil millones de pesos, por fallas en la red de transmisión de la antigua Inravisión. Sucumbió, a pesar de su arrogancia y triunfalismo.


Se dice que Ramiro Bejarano, el pendenciero, nunca ha respondido tres azarosas preguntas que le hizo un célebre opinador capitalino: ¿Tuvo algo que ver el DAS con las chuzadas que desembocaron en el escándalo del miti-miti? ¿Qué participación tuvo el DAS, dirigido por él, en la investigación por el asesinato de la Monita Retrechera? ¿Qué papel jugó el DAS en la investigación del asesinato del chofer de Horacio Serpa, cuando estaba próximo a llegar a la Fiscalía del Parque Nacional, para declarar en el proceso 8.000?


Bejarano, el picapleitos, es un mal ejemplo de un columnismo pugnaz, afiebrado, ganador de enemigos para el medio, reventador de investiduras y que no ve nada bueno. Hace una pésima muestra de un profesor que enseña a ser irascible y pelietas, que trasmite a sus alumnos posiciones guerreristas y que destila odio reconcentrado. Si un juez osa fallar en contra un proceso suyo, que se prepare porque el libelista aprovechará su parcela en el periódico para denostarlo, vejar su condición y denigrar de su sapiencia. Le hace mal a la opinión una persona tan apasionada y tan sesgada. Bejarano es la muestra de lo que en materia de opinión no debe hacerse. Por eso, se ganó su denuncia.