Columnistas

Alexander Hamilton: proteccionista
Autor: Guillermo Maya Muñoz
13 de Julio de 2015


El secretario del Tesoro de EEUU, Jacob Joseph Lew, anunció recientemente que el retrato de Alexander Hamilton, quien fue el primer secretario del Tesoro (1789–1795), y como tal organizó la banca y estableció el primer banco de los Estados Unidos, no estaría en el billete de 10 dólares por más tiempo.

El secretario del Tesoro de EEUU, Jacob Joseph Lew, anunció recientemente que el retrato de Alexander Hamilton, quien fue el primer secretario del Tesoro (1789–1795), y como tal organizó la banca y estableció el primer banco de los Estados Unidos, no estaría en el billete de 10 dólares por más tiempo.


Alexander Hamilton (1755/1757-1804) participó en la Guerra de la Independencia, fue secretario privado de George Washington,  tomó parte en la redacción de la Constitución, y es considerado uno de los Padres Fundadores de los EEUU, y es considerado el más brillante de todos. 


Por otro lado, Hamilton se destaca, principalmente, por su contribución al debate de por qué EEUU debía ser una nación industrial manufacturera, y su promoción requería adoptar una política proteccionista, como argumentaba en su escrito más conocido Report on the Subjet of Manufactures (1791). A Hamilton se debe el concepto de industria infante, y es considerado el iniciador del sistema americano de economía política.


Thomas Jefferson, cuyo retrato adorna el billete de 2 dólares, por su parte, partidario del librecambio, en oposición a Hamilton, es partidario de por qué EEUU debía desarrollarse sobre la agricultura y ganadería, por ser actividades virtuosas para la sociedad, y no sobre la industria manufacturera que significaba corrupción y degeneración social. La economía agraria exportadora y un gobierno débil, al igual que el esclavismo, eran defendidos por Jefferson en su texto Notes on the State of Virginia (1785).


Hamilton, a diferencia de Jefferson, sostenía que solo sobre la base de la industria manufacturera puede una nación incrementar su riqueza. Sin embargo, dado el estado de la manufactura en los EEUU, ésta tenía que ser protegida. En caso contrario, se pondrá en peligro el proceso nacional de desarrollo conjunto de la agricultura y la manufactura, como exigencia de un desarrollo armonioso.


En su Reporte (1791), Hamilton escribía que: “Es muy frecuente encontrar la opinión de que la promoción de la manufactura es del interés de una parte del país (Norte) y contrario a la otra parte (Sur), y que hay una oposición entre los intereses manufactureros y los intereses agrarios. (...). Sin embargo, estos dos intereses se asisten y son amigables entre sí, hasta convertirse en uno sólo. Es posible que la promoción de una manufactura en especial perjudique los intereses de los propietarios de la tierra, pero en el agregado los intereses, tanto los de las manufacturas como los de la agricultura, están íntimamente interconectados. Precisamente, la superior estabilidad de la demanda del mercado doméstico para los excedentes agrícolas es un argumento convincente de  ésta verdad”.


Las políticas defendidas por Hamilton  pueden resumirse en once medidas de política industrial claves, y entre paréntesis como se entienden en la actualidad o su equivalente, de acuerdo a Ian Fletcher (America Was Founded as a Protectionist Nation, Huffintonpost.com, dec 9-2010):


1. “Protección de los derechos aduaneros” (Aranceles); 2. “Prohibición de artículos extranjeros o aranceles equivalentes a las prohibiciones extranjeras” (Prohibiciones a las importaciones); 3. “Prohibición de la exportación de los materiales para las manufacturas” (Prohibición de las exportaciones de las materias primas necesarias para la industrialización que necesite la industria nacional); 4. “Subvenciones pecuniarias”  (subvenciones a la exportación, como los proporcionados hoy por el Export-Import Bank y otros programas); 5. “Primas”. (Subvenciones para innovaciones claves. Hoy en día, se llamarían créditos fiscales para investigación y desarrollo). 


6. “Exceptuar de aranceles a los materiales de las manufacturas” (Liberalización de las importaciones de insumos industriales, de tal manera que algún otro país puede ser el exportador de esas materias primas, mientras EEUU se industrializa); 7. “Descontar los aranceles que se imponen a los materiales de las manufacturas”.  (La misma idea, a través de la devolución de impuestos); 8. “El fomento de nuevos inventos y descubrimientos en el país, y de la introducción en los EEUU de lo que puede haber sido hecho en otros países, en particular los que se relacionan con la maquinaria.” (Premios por invención y, más importante, patentes); 9. “Regulaciones prudentes para la inspección de productos manufacturados” (Normas técnicas de los productos, USDA y la FDA lo hacen hoy); 10. “Facilitación de las remesas pecuniarias de un lugar a otro” (Un sistema financiero sofisticado); y 11. “Facilitación del transporte de mercancías” (Una buena infraestructura).


En ese sentido, el origen de la crítica de Federico List a la economía política inglesa del libre comercio se encuentra en el debate económico de los EEUU, en donde estuvo exilado algunos años, y no en Alemania: “El padre espiritual de List es Hamilton” (Seligman). 


En el libro El Sistema Nacional de Economía Política (1841), List le augura un futuro brillante a los EEUU y pronostica que se elevará, de la misma manera que Inglaterra, en el “curso del siguiente siglo, a un nivel de industria, riqueza y poderío que superará el nivel en que hoy se encuentra Inglaterra”. Es bueno entonces que Inglaterra “vaya habituándose, entre tanto, a la resignación”.  Así ocurrió, e Inglaterra quedó como una potencia secundaria, al servicio de los intereses geopolíticos de los EEUU. El lema de los EEUU fue: ¡Hacer lo que Inglaterra hizo, no lo que Inglaterra dice que hagamos!


La grandeza de EEUU se debe más a Hamilton que a Jefferson, pero la elite norteamericana, impositora del libre comercio a las naciones del orbe, sigue siendo mezquina con él porque sabe que el discurso hamiltoniano es contrario a su intereses, en manos de las naciones que buscan su propio camino hacia la industrialización y el desarrollo.