Columnistas

Preocupante situación del campo
Autor: Ramón Elejalde Arbelaez
12 de Julio de 2015


Todos los días es más fuerte el clamor de los campesinos ante la gravísima situación por la que están atravesando.

Todos los días es más fuerte el clamor de los campesinos ante la gravísima situación por la que están atravesando. Por razones de mi actividad he podido percibir directamente los problemas que hoy padecen los cafeteros, lecheros y paneleros. Problemas que   también los sufren otros honrados agricultores y que me abstengo de tratarlos pues no conozco su dinámica.


Los cafeteros se quejan de los elevados costos de los insumos requeridos para abonar y para combatir las plagas de sus cultivos. Sí bien el dólar ha subido, lo cierto es que la producción se ha reducido dramáticamente, entre otras razones, por la sequía traída por el fenómeno del niño. La cosecha de fin de año será sumamente pobre y los cafeteros no alcanzarán a pagar sus deudas con las entidades crediticias ni con sus proveedores. Insistir en que el gobierno tiene que salir a respaldar un producto que ha sido el sostén centenario de nuestra economía, es repetir algo que todos ya conocemos, pero que parece el gobierno no recuerda a pesar de los años que el presidente Juan Manuel Santos sirvió a la Federación de Cafeteros.


Los productores de leche también atraviesan, especialmente en Antioquia, una difícil situación. Primero fue el efecto que sobre las compras de la principal comercializadora de la leche en Antioquia, Colanta, produjo la pérdida de una licitación con el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar para continuar proveyendo de leche a los niños de Colombia, dura realidad que se trasladó a los productores. Cuando se logra solucionar el problema de Colanta aparecen las sequías del fenómeno del Niño que afectó duramente los pastos y por consiguiente la producción lechera.


Finalmente viene el problema de los paneleros. De un lado el Invima, con sobrada razón, los obliga a mejorar sus artesanales sistemas de producción y a que saquen un producto limpio, apto para el consumo humano. Pero los paneleros no pueden asumir esas transformaciones de sus trapiches por cuanto el precio de la panela es ruinoso, como que su producción no alcanza a cubrir los costos. Se ha llegado al extremo de que en algunos lugares de Antioquia han preferido suspender la molienda para no seguir perdiendo dinero, a sabiendas de los costos sociales que esta medida trae, pues el cultivo de la caña y la molienda requieren de mucha mano de obra. Durísima decisión cuando saben que la caña se les va a pasar de tiempo para cosecharla y para obtener panela aprovechable. Los paneleros arrastran otro terrible karma: los “derretideros” que transforman el azúcar en una imitación de panela de menor valor nutricional y componentes de dudosa salubridad para los consumidores, además de nefasta competencia para los paneleros 


A todo esto la reacción gubernamental es nula. No hay incentivos a los productores; no existen estímulos al cultivador; no se vigila la dudosa calidad de los “derretidero” mientras se imponen severos e impagables requerimientos a quienes se ajustan a la normatividad; no se controla el mercado donde la comercialización queda en manos de los vivos de turno quienes birlan las ganancias de los agobiados productores.


Mientras las Naciones Unidas dicen que se han incrementado asustadoramente las hectáreas de cultivos ilícitos, el gobierno debería pensar que la dramática situación del campo lleva a los campesinos a buscar cultivos más rentables por fuera de la ley. ¿No habrá ligado el gobierno un fenómeno con el otro? Sería una torpeza.