Editorial

A examen el deporte colombiano
11 de Julio de 2015


Bien idas las 閜ocas de los triunfos morales, de los casi, de los cinco centavitos para el peso. Colombia transita el camino para convertirse en potencia deportiva y lo ha ido ratificando en cada compromiso al que ha asistido.

Con un grupo de 296 deportistas, que representarán al país en 29 disciplinas, los Juegos Panamericanos Toronto 2015 se plantean como la más exigente prueba del deporte colombiano, pues además del reto de mantener o mejorar el sexto lugar en el medallero general alcanzado en Guadalajara 2011, donde se ganaron 25 medallas de oro y 84 en total, se van a poder establecer las metas concretas con miras a los Juegos Olímpicos de Río 2016, donde, por supuesto, el país espera que se mejore la histórica actuación de Londres 2012. Nos declaramos optimistas tanto porque los dirigentes del Comité Olímpico Colombiano (COC) han dicho en reiteradas ocasiones que nuestros representantes están preparados para seguir escalando posiciones en el ámbito deportivo internacional, y porque los resultados del ciclo olímpico que inició con los Juegos Bolivarianos de Trujillo, Perú, 2013, y al que hemos hecho un riguroso seguimiento en estas columnas, nos han mostrado una evolución constante que le da soporte a la ilusión, sin caer en el triunfalismo.


La confianza que nos dan las declaraciones del presidente del COC, Baltazar Medina, y del jefe de la delegación, Rafael Lloreda, publicadas en nuestra edición de ayer, radica en el innegable éxito de su gestión, cuyo punto de quiebre fueron los Juegos Suramericanos de Medellín en 2010 que Colombia ganó con lujo de detalles. Si bien el inicio de la buena racha del deporte nacional puede situarse en los Panamericanos de Mar del Plata, en 1995, cuando el país rompió por primera vez la barrera de las 40 medallas ganadas, qiunce de ellas de oro, fue en Río de Janeiro en 2007 cuando, con la mira puesta en la localía suramericana que se avecinaba, se cumplió la que fue, hasta entonces, la mejor actuación de la historia de Colombia en unos Juegos Panamericanos, con 47 medallas ganadas, 20 de ellas de oro. Sin embargo, el mayor salto fue en Guadalajara 2011, donde, con el impulso dejado por Medellín 2010, se alcanzaron 84 medallas en total, 25 de ellas de oro, y se abrió el camino hacia los olímpicos de Londres 2012, cuyo recuerdo aún nos llena de emoción.


Y si bien este camino hacia los Olímpicos de Río 2016 no ha sido fácil, pues en los Centroamericanos y del Caribe de Veracruz, en noviembre pasado, el total de medallas alcanzado distó mucho del presupuestado, hay que abonar que en ese momento la dirigencia fue honesta y reconoció, como lo reseñamos en nuestro editorial Lecciones de Veracruz 2014, que los recursos económicos para la preparación llegaron tarde y por ello muchos de los competidores no pudieron estar en los fogueos internacionales necesarios para llegar al 100% de sus condiciones. El discurso esta vez es totalmente distinto, pues se asegura que se ha tenido la preparación suficiente, por lo cual la meta es clara: alcanzar la barrera de las 100 medallas en el total y por lo menos 26 preseas doradas.


El recurso humano para ese logro está en las estrellas consagradas de nuestro deporte y en los nuevos valores. Entre las primeras, comparten el primer lugar de favoritismo nuestras coterráneas Mariana Pajón, en bicicrós, y Catherine Ibargüen, en el salto triple. También son valores consagrados la luchadora Jackeline Rentería, la judoca Yuri Alvear, el gimnasta Jossimar Calvo, los patinadores Pedro Causil, y Jercy Puello, entre muchos otros que se nos haría interminable mencionar. En ellos está puesta la fe de todo un país, que espera que nos hagan gozar como ya lo han hecho en el pasado reciente. Y entre los segundos, mencionamos a la ciclista bogotana Camila Balbuena, a la patinadora vallecaucana Hellen Montoya, al pesista Luis Javier Mosquera, al lanzador de martillo antioqueño Mauricio Ortega, a la bolichera quindiana Clara Juliana Guerrero y al ciclista antioqueño Fabián Puerta. Ellos, que ya han mostrado en campeonatos mundiales o paradas internacionales todo el potencial que tienen, son la esperanza para que el país crezca y, de paso, asegure la renovación en el mediano plazo.


Reiteramos aquí algo que escribimos en medio de la euforia tras los olímpicos de Londres: bien idas las épocas de los triunfos morales, de los casi, de los cinco centavitos para el peso. Colombia transita el camino para convertirse en potencia deportiva y lo ha ido ratificando en cada compromiso al que ha asistido, lo que evidencia que las políticas en esta materia están bien orientadas y que el país tiene en sus gentes un potencial que tal vez aún no dimensionamos. Esperamos con ansias las competencias de los nuestros, a quienes pedimos, primero, que jueguen limpio, pues con cualquier resultado ellos son nuestros embajadores y, segundo, que lo dejen todo en el escenario deportivo, pues son sus logros los que, en buena medida, permiten a los colombianos reverdecer el amor por el país y  creer que un futuro mejor es posible.