Editorial

Conflicto, la peor amenaza
7 de Julio de 2015


Es necesario definir nuevas metas comunes que garanticen un futuro posible para la vida, la paz y el desarrollo integral de los hombres y el entorno.

"Los conflictos siguen siendo la mayor amenaza para el desarrollo humano”. Son más graves que las brechas de lo urbano y lo rural, así como entre ricos y pobres. Resultan peores que la degradación del medio ambiente y hasta que la falta de acceso a los servicios públicos por los más pobres. La afirmación y la categorización de amenazas constituyen uno de los apartes destacados del Reporte de los Objetivos del Milenio, publicado ayer por la Secretaría General de Naciones Unidas. La ONU ha determinado que  “los países frágiles y las regiones afectadas por conflictos tienen las peores tasas de pobreza”, las cuales relaciona con la huida de millones de personas que buscan refugio y dependen del amparo internacional, así como el deterioro de las condiciones de vida de los niños. Colombia hace parte de esos países afectados.


El Reporte recoge el balance de logros tras los quince años de batalla de la ONU, los países miembros y sus aliados para mejorar los indicadores en ocho campos del desarrollo humano; también evalúa las dificultades objetivas y metodológicas que fue preciso enfrentar para alcanzar las metas, incluyendo análisis desde algunos ámbitos locales y también los globales. En tanto síntesis apretada pero totalizante, este documento es también punto de partida de los nuevos objetivos universales que Ban Ki-moon, secretario general del organismo, ha propuesto se desarrollen bajo el concepto de modelo sostenible y, por tanto, vinculen propósitos de desarrollo social, económico y ambiental.


Aunque reconoce que falta para cumplir la totalidad de objetivos y, sobre todo, romper las barreras que impiden su realización, la ONU declara su satisfacción con el proceso señalando que el informe prueba que  “mediante intervenciones con objetivos definidos, estrategias sólidas, recursos apropiados y decisión política, los países más pobres pueden tener progresos substanciales y sin precedentes”. Es grato felicitar a los países que sacaron de la pobreza absoluta a mil millones de personas, que crecieron en 11% los niños que reciben vacunas protectoras o que redujeron a la mitad los niños que mueren antes de cumplir cinco años. También a los que trabajaron para que la atención médica pasara del 59% al 71% de las madres gestantes o para duplicar las coberturas de acueducto, así como a países y organizaciones que hicieron crecer en 59,3% los recursos de ayuda al desarrollo. Ellos han demostrado que la humanidad puede alcanzar acuerdos claros y trabajar para alcanzarlos.


En su análisis sobre los logros, dificultades y barreras por vencer tras este ejercicio universal de quince años, la ONU ha señalado que  “la experiencia de monitorear los ODM ha demostrado que los datos confiables pueden incentivar los esfuerzos de desarrollo, aplicar exitosas intervenciones, guiar la acción común y mejorar la rendición de cuentas”. En ese sentido, fija como objetivo el de procurar que los distintos países y regiones puedan desarrollar las metodologías de registro y sistemas de información que generen datos equiparables con los de los pares con quienes se están comparando. Para lograr el propósito de consolidar las fuentes de información como elementos confiables, es también preciso garantizar que las sociedades puedan sostener los propósitos de largo plazo en los términos que los acuerdos los formulan y asuman el compromiso de rendir cuentas públicas tanto en el ámbito global como en los escenarios locales y regionales que procuran acuerdos por el desarrollo común.


En nuestro primer análisis de la Encíciclica Si Laudem del papa Francisco, destacábamos la proximidad de nuevos acuerdos mundiales, en especial la Cumbre del clima a realizarse en diciembre en París, como oportunidad para escuchar su invitación  “a la humanidad a que se atreva a considerar y discutir nuevos paradigmas de progreso que modifiquen el dominante en los dos últimos siglos, fruto del cual se han producido tantos mejoramientos como afectaciones a la vida”. Nuevos retos como este deben abrir puertas a procurar un verdadero consenso de los gobiernos y la ONU, así como el sector privado, las religiones y el sector social, y definir metas comunes que garanticen un futuro posible para la vida, la paz y el desarrollo integral de los hombres y el entorno, reconociendo, como dijo el pontífice que  “un mundo frágil, con un ser humano a quien Dios le confía su cuidado, interpela nuestra inteligencia para reconocer cómo deberíamos orientar, cultivar y limitar nuestro poder”.