Columnistas

Contratos que acaban con el Centro
Autor: Alvaro T. López
30 de Junio de 2015


Los centros de las ciudades, normalmente, terminan siendo el referente histórico no solo para quienes llegan, sino para las nuevas generaciones que a partir de su aprehensión pueden establecer las costumbres y la dimensión humana de sus antepasados.

alvarolopez53@hotmail.com


Los centros de las ciudades, normalmente, terminan siendo el referente histórico no solo para quienes llegan, sino para las nuevas generaciones que a partir de su aprehensión pueden establecer las costumbres y la dimensión humana de sus antepasados. Las urbes del mundo muestran orgullosas sus centros históricos y los vuelven fuentes de divisas e inspiración para el resto del mundo. En Latinoamérica tenemos el ejemplo, siempre traído a cuento, de la impresionante recuperación del centro de Lima, en el Perú. Hubieron de ponerse de acuerdo muchas personas, muchas administraciones, para recuperar algo que parecía perdido, pero cuya remodelación le devolvió a la humanidad la prueba del esplendor glorioso de la ciudad llamada de los Virreyes.


Nos falta ese gran acuerdo sobre la importancia de darle al centro el tratamiento que las ciudades le dan a su pasado, a los sitios en los que ocurrieron los hechos que le dan sentido a nuestro presente. La voluntad del alcalde, no es suficiente; siempre hay quienes hacen de las suyas, doblegando el querer del mandatario, creando pequeños reinos de maléfico poder, que detienen y tergiversan cuanto plan esté institucionalizado. El directivo da una orden fundamentada en la Ley y dirigida al mejoramiento de las condiciones urbanas, pero un funcionario de tercera o cuarta, se atraviesa esgrimiendo argumentos que desdibujan cualquier buen intento. Es maldad pura. Es la gran burla contra la ciudad y sus habitantes. Es, simplemente, corrupción.


Que lo anterior sirva de introducción a la crítica al contratista que adelante el cambio de redes en el centro de Medellín, en nombre de las Empresas Públicas. No parece tener interventoría este contratista, o por lo menos una interventoría seria y a la que le duela la ciudad. Atendiendo el difícil estado de la movilidad, de pronto ameritaría mayor celeridad, pues lo que hacen abriendo zanjas por la noche, lo pierden parando las obras durante los largos y muy frecuentes puentes festivos de mitad de año. Muy poco es lo que significa el pago de horas extras o de personal adicional, comparado con lo que se gana en descongestión vehicular y en seguridad de las personas, sobre todo de la gran mayoría de viejos que habitan el sector beneficiado, o afectado, por las obras.


Por otro lado, el mencionado contratista no parece estar obligado a dejar las calles como las encontró, como debe estar concebido el respectivo contrato. El pavimento y los adoquines están siendo reemplazados por unos grotescos casquetes de cemento, que seguramente cederán con el calor que nos atormenta, el invierno que seguramente vendrá y el tráfico inmenso que invade las calles. Que el señor Gerente de las Empresas baje de sus lujosos vehículos, que se atreva a revisar personalmente la ejecución del contrato, es lo que todos estamos esperando. Alguna cabeza fría debe haber, alguien que ponga freno al desenfreno y a las cosas mal hechas. Si los ciudadanos no le merecemos ninguna consideración, que por lo menos haga quedar bien al Alcalde.