Editorial

Cuando las laderas arden
29 de Junio de 2015


La terrible circunstancia de este incendio confirma la necesidad que tiene el Valle de Aburrá de consolidar el Cinturón Verde Metropolitano.

Los días de altas temperaturas y aumento de los vientos que apenas estarían comenzando y que el Ideam teme que se extiendan hasta finales del mes de agosto, todavía no han provocado en Antioquia grave resequedad en las áreas rurales boscosas o de pradera; situaciones que agravarían el riesgo de incendios forestales por auto-combustión de la vegetación seca tras contacto con el sol. Sin haber alcanzado su mayor intensidad, el verano presente ha propiciado que el descuido de muchos y los propósitos criminales de algunos provoquen conflagraciones que causan daños en zonas reforestadas, prados y bosques nativos en el Valle de Aburrá y se denuncia, aunque voceros del Dapard no confirman o niegan, en otros municipios antioqueños.


En las laderas aledañas al barrio Belén Rincón y a la Comuna 13, así como en los cerros La Asomadera y Pan de Azúcar, vienen presentándose incendios que parecen propiciados o facilitados por acciones descuidadas que revelan desconocimiento de los factores de riesgo o desinterés para evitarlos por quienes pasan por sitios expuestos al sol y afectados por el calor. Estos hechos, que tienen dañinos impactos sobre el frágil ecosistema de este Valle, se repiten verano tras verano demostrando poca eficiencia en los controles y los programas de educación ambiental, en especial los que se realizan con habitantes que tienen mayores posibilidades de generar afectación directa a las zonas en riesgo. Pero estos incendios parecen simples incidentes frente a la gravedad de los que sucesivamente vienen apareciendo desde el pasado 20 de junio en un bosque forestal ubicado entre el Seminario Menor de Medellín y el barrio Caunces de Oriente, en el sector centro-oriental del Valle de Aburrá. Al cierre de esta edición, treinta hectáreas de bosque habían sido arrasadas por las llamas.


Voceros del Dagred, Bomberos Medellín y la Fuerza Aérea, instituciones que han dedicado los esfuerzos de 120 personas a un combate que recuerda al mítico Sísifo, denunciaron que entre sábado y martes se retiraron de la zona afectada después de apagar las llamas, pero que las mañanas siguientes recibieron nuevas denuncias de reanudación del fuego. En sus recorridos alrededor del incendio, las autoridades han encontrado elementos incendiarios como mechas, frascos con olor a gasolina, cajas de fósforo, que los hacen sospechar que la sucesiva reanudación del fuego obedece a actividades intencionales de agentes criminales que no se han identificado. Con su combate a las llamas, las autoridades de atención del riesgo han cumplido, con creces, sus obligaciones de protección a la población y el ecosistema, así queden algunas preguntas sobre la corresponsabilidad que tendría que asumir el propietario de un amplio predio en el que faltan vigilancia, medidas de control y hasta sistemas de alerta que faciliten reacciones oportunas y eficientes. 


En redes sociales se han emitido fuertes críticas de dirigentes políticos y ciudadanos que se han manifestado justamente inquietos por el gravísimo deterioro de treinta hectáreas de tierra y bosques y la expulsión de la rica fauna que allí habitaba. A sus reclamos de explicaciones por las que piensan son fallas de las autoridades en la protección de ese privilegiado bosque habría que agregar las que se hagan a la empresa reforestadora propietaria del predio y las autoridades judiciales. Es sorprendente, y hasta ahora inexplicable, que quien resulta directamente afectado no haya iniciado acciones para la vigilancia del lote y, menos aún, para apoyar las labores de combate al incendio. Y de las autoridades judiciales, se espera una investigación que permita identificar a los responsables de estos delitos ambientales y aclarar si existe el riesgo de que urbanizadores locales utilicen estas prácticas para presionar permisos de construcción, pareciéndose así a delincuentes que presionaron la ruptura de bordes urbanos en grandes urbes con acciones, como incendios, tras las que alegaban pérdida del valor ambiental de los predios y recibían permisos de urbanización.


La terrible circunstancia de este incendio confirma la necesidad que tiene el Valle de Aburrá de consolidar el Cinturón Verde Metropolitano mediante intervenciones como el Jardín Circunvalar, que promueven la recuperación y transformación de zonas vecinas al borde que separa el perímetro urbano de la zona rural, mediante acciones de promoción de la ciudadanía, el desarrollo económico de las comunidades y la protección del entorno natural, mediante educación y participación ciudadana.