Columnistas

“Abriendo el ojo”
Autor: Mariluz Uribe
29 de Junio de 2015


1.Cómo así que busco “Poemas de amor” de Barba Jacob mi poeta, que acabó en México como el García Márquez, el Mutis, Fernando Vallejo, y no sé cuantos más.

Y entonces mi computador me escupe una propaganda que no les puedo mostrar, porque se la haría a los propaganderos. El hecho fue que no pude leer mis poemas preferidos.   Como Condorito exijo una explicación. 


De nuevo me pregunto qué idioma se habla en Colombia, el supuesto país del mejor castellano y cuya capital era o fue, la Atenas suramericana. En centros comerciales, a veces  no encuentro lo que busco pero sí me siento en mis aburridas clases de inglés. El idioma en el que salían las propagandas después de la exposición  mundial de 1939 en Nueva York. “Drink C. C. delicious and refreshing” y  dizque era con coca real. No sé. 


A veces  la bebida se acompañaba del cigarrillito que se anunciaba: “debajo de un sicomoro ella y yo con pico de oro.”**  Los cigarrillos entonces de moda, no sé si también llevarían alguna “sustancia” para resultar tan enviciadores, pues había quien fumara hasta dormido.  


Un tiempo después la publicista Cecilia  Quijano,  hermana de mi amigo Jaime Quijano, el fundador de la Universidad  Inca de Bogotá, me llamó para que modelara para un afiche de coca loca. Mi papá no me dejó, dijo: “Que no se burlen de usted”. No sé si era por lo fea que me consideraba, o por el tipo de aviso que me comprometería.


2.La silla eléctrica  funcionó en su forma más primitiva entiendo que hasta las años 50 pues a mi hermana que estudiaba en un colegio cerca del pueblo de Ossening on Hudson, le tocaba oír  el sonido que salía de la prisión cercana cuando se electrocutaba a alguien  allí en Sing Sing (hoy un museo).


La prisión permanente no sé si aún existe, lo que sí existe es la visita conyugal. 


Ésta la  presencié en “La Modelo” de Bogotá, donde el día de visita había muchas mujeres en cola para entrar, llevando unas canasticas. –Una vez me metí (hasta que los compañeros me regañaron) en una de esas colas, a ver cómo era la esculcada. Abrían las canasticas de un supuesto almuerzo donde se las arreglaban para meter marihuanita, aunque luego también las revisaban a ellas, como a cualquier colombiano en una aduana de EE UU.  Uds. ya lo saben. A mí me han hasta radiografiado y descalzado y... bueno. Como mi huella no sale en esos aparaticos eléctricos... y la tinta se pasó de moda, no tengo huella. ¡Qué mala seré! 


Ahora no sé cuántas cosas más meterán en las canasticas, fuera de pilas para los celulares, pues es ya común el facilitar cometer crímenes desde la prisión. 


A este propósito, me llamó la atención que no  hubiera visita conyugal en la cárcel de mujeres, donde por cierto, si alguna mujer se enamoraba de otra las separaban. Dicha cárcel ya no estaba regida por monjas.


Pero si el hecho es que no quieren reproducción de criminales, por lo menos hay que educar a los que lo son. Pues lo son no porque lo hayan decidido sino por lo que heredaron genéticamente y más que todo por la forma en que fueron mal educados. 


P.S. ¡Ah! Y cómo así que en El Salvador (¡!) fue condenada a 30 años de cárcel una mujer cuyo hijo nació muerto, a los 9 meses.  ¿Y la condenaron por haber abortado?


¿Ningún país del mundo puede irse contra esta decisión? ¿No será mejor condenar a los ignorantes? ¿Y dónde está el papá? ¿Por qué la responsabilidad de un hijo es asunto exclusivo de la madre? ¡Prehistóricos!


** Hoy día Sicomoro es una librería católica frente a la U Javeriana.


*Psicóloga PUJ  Filóloga U de A