Columnistas

Melissa: a lo hecho, pecho
Autor: Rubén Darío Barrientos
25 de Junio de 2015


Este titular, por bueno y gráfico, lo tomo prestado del que utilizó Noticias Uno para referirse al bochornoso incidente de tránsito en el que se vieron vergonzosamente involucrados Melissa Bermúdez y su señor padre Carlos Germán Bermúdez.

Melissa, una venusta mujer (con genética de ser familiar de reina de otrora) que estudió técnica en mercadeo en el Cesde y que se encontraba desarrollando un contrato de aprendizaje en Unisabaneta, y su progenitor, el abogado Carlos Germán, quien estuvo vinculado en 1994 como asistente legal de la dirección comercial de la Secretaría de Servicios Administrativos del Departamento de Antioquia, son los actores de reparto de esta maldita obra de teatro.


Es cierto que Melissa tuvo un lenguaje boquisucio y prosaico, que somos los primeros en repudiar. Es cierto que Melissa ejerció violencia física y verbal sobre un servidor público, que le deparará la aplicación, sin ambages, del artículo 429 del Código Penal. Es cierto que Melissa propinó un cabezazo y varios pechazos (de ahí el titular) al guarda. Todo eso es ineluctable y de dominio público. No empece ello, quiero hacer unas reflexiones sobre esta materia, que me parecen bien pertinentes. Lo primero, es hacerse una pregunta: ¿Quién hizo la filmación? Seguramente fue la secretaría de Movilidad, por lo que debió haber terminado el video en el Municipio de Medellín (verdaderamente el propietario) y no en los noticieros de televisión. Y si no corríjanme.


Consecuentemente, emergen eventuales quebrantamientos a las siguientes protecciones legales: derecho a la intimidad personal y familiar y derecho a la imagen, que desembocaron en: videos utilizados en forma distinta a la autorizada, cámaras escondidas, grabaciones ilegales, explotación indebida de imagen y afectación al buen nombre. Aquí estamos en presencia de la teoría de la “exclusión de las pruebas viciadas”. El despacho puede utilizar el video para defenderse de acusaciones de atropello, por ejemplo. Pero lo regó como pólvora y lo prohijaron las redes sociales, al ser apropiado por destinatarios ajenos ¿En qué queda la reserva sumarial? ¿Si a usted le pasara esto, amable lector, estaría muy feliz?


Un segundo aspecto es de este calado: Melissa estaba beoda, pero desde ese momento ha sido víctima de matoneo, de burlas y de bullying. Si el video no se circula impropiamente, esto no hubiera pasado. Se sanciona y sanseacabó. Ya cesó el contrato de aprendizaje con Unisabaneta y quedó bloqueada para cualquier cargo futuro. La imagen de esta “primera vez” indica que se le acabaron las oportunidades. Es una muerta laboral en vida por un error propio, pero exacerbado por tanto culpable. 


Un tercer prisma es que impresiona la actitud del impertérrito guarda de tránsito con función de policía judicial, que tiene frialdad provocadora, que disfruta que le peguen, que le den cabezazos y que le lancen pechazos. ¿Hubiera pasado lo mismo, si no hubiera habido filmación? Sabemos que no. La función hubiera durado 3 minutos y de ahí para la patrulla (recordar que la trama fílmica duró morbosamente 15 minutos). Hay justicia show, hay pantallazo mediático. Nadie puede desconocer que la soez Melissa estaba trastornada, dada su condición de borracha, y hacía alarde de conducta violenta, exaltación irracional y alteración en la respuesta cognitiva. No estaba en sus cabales.  


Pero tan culpables son ella y su papá, como quien entregó la filmación y como quienes se aprovecharon del momento etílico de Melissa para retratarla ante propios y extraños como una “cosa fea”, como un desecho de persona que no podrá reivindicar su nombre. Casi que como una persona que hasta puede quitarse la vida, ante el cerrojo social que la aplasta. Justicia mediática, con actores oficiales irresponsables que extralimitan sus funciones. Hay que judicializarla, con todo el peso de la ley. Pero también, a quienes fueron irresponsables hay que investigarlos. Se precisa legislar sobre esta materia. No será el último caso.