Columnistas

¿Fábricas de normas?
Autor: Carlos Alberto Gomez Fajardo
23 de Junio de 2015


Husmeando por el ciber-espacio se topa uno con un portal español de inquietante nombre: “¿Hay Derecho?”. Allí un autor peninsular, Fernando Gomá, recientemente se refería a lo que en su opinión constituye un grave problema: la hipertrofia legislativa de su país.

En España hay dieciocho parlamentos, el nacional y los autonómicos. Se publican allí, cada año, un millón de páginas de boletines oficiales y hay más de cien mil normas vigentes. Algunas de ellas contradictorias entre sí.


Con facilidad atravesamos el océano con unos cuantos clics y llegamos a nuestra cálida y tumultuosa América. Para dar un vistazo a realidades más locales llegamos a la página web del Ministerio de la Protección Social de Colombia. Después de ser sometidos a una serie inevitable de mensajes -”Prosperidad para todos”- con rostros de satisfechos funcionarios  y de otras imágenes llenas de un sorprendente optimismo, se encuentra el lector con algunos datos que invitan a reflexionar en el mismo sentido del inicio de esta nota. Nuestros funcionarios y las dependencias que dirigen parecen haberse convertido en unas prolíficas fábricas de donde salen, como vehículos producidos en una imparable línea de montaje, una colosal cantidad de normas que tocan lo divino y lo humano. Hay que hacer la salvedad de que allí se pueden consultar algunas de gran importancia política e histórica por la trascendencia de sus  implicaciones (v.gr. ley 23 de 1981, ley 10 de 1990, ley 100 de 1993, ley 1581 de 2012) que son documentos de consulta obligada para quien tiene interés en temas sanitarios.


Un simple ejercicio: El portal del Ministerio aclara, desde el inicio, que hay diferentes tipos de normas para ser consultadas en su página web: acuerdos, boletines, circulares, conceptos, decretos, leyes, notas externas. Con la ayuda de una calculadora puede hacerse un consolidado que comprende lo producido allí para los años 2010 a 2014: resoluciones: 524, circulares: 143, decretos: 191. En lo que va del año 2015 se han producido 61 resoluciones, 10 circulares, y 7 decretos. Como curiosidad adicional, por imposibilidad física de consultarlo en su totalidad,  el “Boletín Jurídico No. 4215” –otra de las categorías de documentos emitidos por el ente oficial, el cuarto de su género en este año-, puede  verse  que consta de 81 páginas. 


Podría un colombiano preguntarse  ingenuamente: ¿quién lee todo aquello?, ¿a qué horas?, ¿por qué y para cuáles fines puede tener utilidad tal volumen de normatividades? Continuando en la indagación sobre la pesada cantidad de información allí disponible, aparece una lista adicional: las producciones académicas del señor ministro actual. Casi todas las referencias aparecen en inglés -recordamos que leemos la página del Ministerio de la Protección Social de Colombia- y allí se encuentra la propia obra de la autoría del funcionario bajo el subtítulo “papers”, muchas de ellas en colaboración con otros autores: los temas son heterogéneos, y en ocasiones, tienen alguna relación, más bien indirecta, con salud. Casi siempre se habla de dinero. Costos, políticas económicas, violencia, desempleo, crímenes, exclusión social, reformas de sistemas de impuestos, mercado laboral....  También aparecen, metidos entre  pequeños recordatorios de la eterna “prosperidad para todos” cuestiones sobre nutrición, drogas y  algo más sobre crimen.


Se podría también preguntar el lector: ¿A qué horas escriben todas aquellas cosas? ¿No se tratará acaso, de una producción similar a la que ocurre cuando el intestino es colonizado por determinados agentes patógenos y se produce una hipertrofia normativa que sólo termina siendo adicional material de desecho? También podría surgir la pregunta: ¿será que ante tal maremágnum de papeles y letras, tiene algún sentido creer que son las normas las que solucionarán los problemas de la realidad?: habría que preguntarle al espíritu del hombre de las leyes original de nuestra patria, del cual han salido tantos apéndices en estos últimos doscientos años, algo así como los pequeños y omnipresentes hombrecitos de las leyes y normas de hoy, empeñados en aumentar su producción de hojas de papel. Es doloroso verificar que en ocasiones aquellas normas de una entidad oficial no son sino imposiciones de diversos interesados en obtener por medio del peso de la justicia, la victoria y prevalencia de sus intereses: ideológicos, políticos, propagandísticos y comerciales. Algunas de ellas, además de normas legales, son injustas: las leyes que los clásicos decían que no son leyes.