Columnistas

El país del nunca jamás
Autor: Omaira Martínez Cardona
23 de Junio de 2015


Neverland es el término para describir un país imaginario donde los niños no crecen, solo existen la diversión y la felicidad y donde creció Peter Pan, el personaje de la novela de J.M. Barrie. Colombia parece querer convertirse en el “país del nunca jamás” en el que sus ciudadanos están entre los más felices solamente porque pese a las dificultades sociales, todo es diversión y nada más parece importar.

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Hace un tiempo escribía sobre el “país posible” como muchos en el mundo que pese a los tropiezos, han logrado salir del anquilosamiento, pero como cada instante las circunstancias cambian, también el ánimo y el optimismo pueden transformarse en decepción y frustración para quienes ahora, ven cada vez más imposible ese país posible y no precisamente por falta de recursos, sino porque no hay voluntad, por carencia de líderes que con firmeza lo guíen y por una cierta pobreza de espíritu que se ha contagiado como un virus.


Nuestra tradición cultural nos legó la creencia de que cualquier propósito por más ambicioso o imposible que parezca puede lograrse si se quiere con pasión, persistencia y se trabaja duro para alcanzarlo. No es nada distinto a fuerza de voluntad, que tampoco es ningún don, ni poder especial o sobrenatural para hacer o lograr las cosas. 


La fuerza de voluntad es el impulso que motiva a querer lograr algo y por más poder que se tenga o se obtenga a través de otros, ningún propósito se logrará si no hay voluntad de hacerlo. 


Infortunadamente, la falta de fuerza de voluntad es otro de los síndromes de la humanidad actual y de muchas de las nuevas generaciones que aunque crecieron en un contexto complejo, les resulta más fácil, cómodo y poco exigente.


Ahora el “querer es poder” no se aprovecha en el mejor sentido, y lo que las dinámicas sociales y las relaciones entre personas, estados y todo tipo de grupos demuestran cada vez más, es que “no se puede porque definitivamente no se quiere o no importa” y no se tiene la voluntad de hacerlo. Hay quienes prefieren subsistir en el estado de confort que les brinda la aparente certidumbre, olvidando que casi nada es para siempre, que la vida cambia en segundos y por eso hay que aprovechar cada instante como si fuera el último y cada oportunidad como la única.


Un país que no es capaz de unirse pese a las diferencias para ser más pacífico y en el que sus ciudadanos se interesan y apasionan más por asuntos que aunque importantes, son menos determinantes que el ejercicio mismo de la ciudadanía, el control de los altos niveles de corrupción, de la delincuencia, del acoso en todos los ámbitos (escolar, laboral, social), de la violencia en todas sus manifestaciones y en fin, muchas otras situaciones que también se viven en otros países y que en algún momento detonan, no sólo es un país pobre de espíritu, sino también débil y vulnerable. 


He insistido en que sí con la misma determinación, pasión y aparente patriotismo con que nos unimos para apoyar a la selección, se hiciera para lograr esas otras cosas que hacen falta para ese país posible, hace rato se estaría celebrando.


Pocos son los que tienen el valor de asumir el reto de existir persistiendo en lo que quieren lograr. Si todas las capacidades se concentrarán sin titubear en lo que se quiere, afrontando obstáculos, temores y asumiendo riesgos, el equipaje para el viaje de la existencia no pesaría tanto y ahí sí, ese país del “nunca jamás” sería real. 


Por eso, lo más importante es la motivación a querer lograrlo; la fe es creer y creer es querer. Hay que transformar todo el “querer es poder” que parece funcionar actualmente al revés cuando de hacer el mal a los demás se trata. Es más fácil desarrollar la fuerza de voluntad y potenciarla que seguir escudándose en la  cobardía y la inseguridad que son evidencia de la más absoluta pobreza de espíritu, convirtiendo todas las fuerzas, energías, recursos y acciones malintencionadas en hechos realmente poderosos, así se pisa un camino más seguro hacia la felicidad y el bienestar.