Columnistas

¿Comisión de la Verdad? ¡A otro hueso con ese perro!
Autor: Jorge Arango Mejía
21 de Junio de 2015


Se ha anunciado que habrá una Comisión de la Verdad, en medio de las charlas de La Habana, y algunos han recibido la noticia con la esperanza de saber, al fin, qué pasó y quién tuvo la culpa de tantos crímenes, de tanto horror. Yo, con la experiencia que me dan los años, la analizo con escepticismo. ¿Por qué? Por lo siguiente.

En el caso del asalto al Palacio de Justicia, después de más de veinte años de esa página infame, cuando todas las huellas de la tragedia habían desaparecido, también hubo una de estas comisiones. ¿Cuáles fueron sus conclusiones? Un inaceptable reparto de la culpa entre los criminales del M-19 y las Fuerzas Armadas de la República. ¿A quién le cabe en la cabeza, que el presidente Belisario Betancur habría debido, como lo pretendían los bandidos, permitir que se estableciera un Tribunal Supremo de asesinos para adelantarle un juicio? No, él tenía, sin vacilaciones ni contemplaciones, qué ordenar el restablecimiento del orden, que suponía la ocupación del Palacio. Las víctimas civiles, entre ellos los diez o doce magistrados, cayeron abatidos por las balas de los asesinos del M-19, salvo prueba en contrario. Lo demás son leyendas, falsedades, conjeturas. Que tienen al borde de una condena a cuarenta (40) años de prisión al Coronel Plazas Vega, único y verdadero héroe de esos dos días aciagos.


¿Qué viene ahora? Ante esta Comisión, que no tendrá ninguna función judicial, ¿confesarán sus delitos los miembros de las Farc, sus cabecillas? No, con toda seguridad, no. Ellos buscarán, con la habilidad que tienen para negar la realidad, convertirse en víctimas del Estado. Las gallinas de que hablara el vocero de Tirofijo ante Pastrana, cuando el episodio de la silla vacía, en el Caguán, se convertirán en rebaños de ganado vacuno, millares de cabezas, que les arrebató el Ejército. Ellos, además, no sembraron de minas antipersonas los campos de Colombia: eso lo hicieron otros, quién sabe quiénes. Y lo que es peor, como ya se vio con algunos miembros de las autodefensas, empezarán a convertir a quienes sufrieron las extorsiones (“vacunas”), en cómplices de sus crímenes. Veamos.


Un colombiano ejemplar, gran jefe del Liberalismo, hombre de empresa, creador de riqueza, como Guillermo Gaviria Echeverri, es difícil encontrar en nuestra gran patria Paisa. Es de esos personajes que aparecen de tiempo en tiempo en la vida de los pueblos. ¿Cómo fueron sus últimos años? Amargos, atormentados por la torpeza de unos fiscales politizados, en el mal sentido de la palabra, llenos de odios, de complejos. Ante esos sedicentes administradores de justicia, algunos paramilitares, supuestamente arrepentidos, vinieron con el cuento de que Guillermo no había sido, como lo fue, sujeto pasivo de sus extorsiones, sino su auxiliador, que, por su libérrima voluntad, les entregaba dinero. Y no había otra prueba que las mentiras de los hampones, que encontraban un terreno abonado en la credibilidad de los fiscales. Todo, ante la mirada impasible de Montealegre, que mientras tanto daba declaraciones sobre todo lo divino y lo humano, rodeado por el aparato burocrático que en mala hora creó mediante decretos dictados por Santos, en ejercicio de facultades extraordinarias, decretos que se negó a firmar un hombre íntegro, como Alfonso Gómez Méndez. Negativa que originó su salida del Ministerio de Justicia. 


Ese espectáculo vergonzoso se multiplicará ahora. Habrá que estar prevenidos, porque los señores de las Farc, so pretexto de confesar lo que no les traerá ninguna consecuencia penal (ya han dicho que no estarán un solo día en la cárcel), tratarán de convertir a medio Colombia en sus cómplices.


De otra parte, ¿que ya no secuestran y enrolan en sus filas, sino a mayores de diecisiete años? Falso. En primer lugar, la mayoría de edad se alcanza a los dieciocho (18) años. Y, en segundo lugar, siguen manteniendo en sus filas niños de ocho (8) años en adelante, como lo han reconocido algunos de sus jefes, secuestrados con la disculpa de protegerlos de sus propias familias, a las cuales los arrebataron.


Además, dirán que los ataques a las aldeas, fueron actos de legítima defensa, porque, en últimas, su objetivo eran dos o tres agentes de policía destacados en aquéllas. Y justificarán los ataques a los oleoductos, redes de electricidad, carreteras, como una forma de guerra al Estado. 


De las Farc solamente hay que esperar mentiras... Solamente mentiras...