Columnistas

Un justo temor
Autor: Bernardo Trujillo Calle
20 de Junio de 2015


Parec韆 lejano el d韆 en que los paras saldr韆n con boleta de libertad despu閟 de pagar su condena. Pero no. Ya vienen aquellos que conocimos m醩 por sus alias que por sus nombres de pila: el iguano, jorge pirata, botal髇, don antonio, el 醙uila etc. etc.

La lista es amplia, como amplios son los temores que infunden estando todavía fresca la memoria sobre las atrocidades de que fueron autores. Entre los pocos delitos que confesaron para acceder a los beneficios de la justicia creada para ellos hay sin embargo quienes dijeron haber asesinado o desplazado a centenares de personas inocentes, o incendiando caseríos completos.


No se sabe cómo van a ser recibidos por la sociedad maltratada y qué dirá o hará el gobierno para controlar sus acciones y si será capaz de hacerles seguimiento para mantenerlos a raya. Por lo pronto es algo difícil de prever y de allí el justo temor que infunde saber su regreso inminente a los lugares –eso es obvio- en donde sus acciones tuvieron lugar. Es presumible que las tierras por ellos despojadas estén en poder de testaferros y que se agudice el asesinato de los reclamantes que es una de las dificultades con las cuales se ha hallado el gobierno, razones estas que hacen dudar de la recuperación de dichos predios por sus legítimos propietarios.


Porque además la mayor parte de las fincas despojadas son disfrutadas hoy por señorones con títulos de magistrados, o banqueros, o empresarios, o políticos influyentes protegidos desde lo alto y desde lo más bajo y peligroso. La Ley de Restitución de Tierras ha tenido en su desarrollo dificultades singulares jamás imaginadas, entre las que se destaca la nube de abogados corruptos que pululan a su alrededor haciendo trampas a los reclamantes, poniéndose del lado de los invasores y ladrones. Hoy es una proeza alcanzar la sentencia judicial que devuelva unas cuantas hectáreas al osado que se atreva a enfrentar un proceso que paga con su vida.


Sin necesidad de recurrir a lucubraciones sobre probabilidades, la llegada de los paras que marcaron una etapa sangrienta, alejará cualquier legítimo intento de recuperar estos bienes. Igual sucederá con los escasos estadios donde la paz tuvo su imperio en pasados años. Es que por ahí andan las bacrim, herederas de las autodefensas y de los paras en espera de sus antiguos amos y será de ver también lo que pasará con el encuentro de estas estructuras paramilitares y mafiosas con los reductos guerrilleros que todavía sobreviven en extensos territorios.


Quiero equivocarme en estas apresuradas digresiones acerca de lo que sucederá con la aparición de los juanchos diques, ernestos báez y viejos y demás congéneres. Me sobrecoge también la tozudez de los timochenkos, alapes, romañas, ivanes y otro tanto más de estos guerrilleros sordos a los clamores de la sociedad y ciegos ante los daños ecológicos causados por el petróleo derramado y la destrucción de torres de energía. Lo mismo que su persistencia en los insensatos ataques a la fuerza pública y los tiros de gracia a continuación de los asaltos alevosos.


Colombia, para resumir estas inquietudes que de seguro son las de millones de conciudadanos, está por ahora prisionera entre dos fuegos: las bacrim y la guerrilla, las que se pueden llegar a multiplicar por la intervención de otros actores que eventualmente quieran entrar en los próximos meses. Tenemos que apresurar el acuerdo de paz con las Farc y el Eln y seguirle los pasos a los paras ad-portas de su libertad. Ellos tienen el derecho de reclamarla por pena cumplida. Pero la legitimidad de su derecho no aleja el justo temor de un desbordamiento de sus hechos criminales. Repito: quisiera equivocarme.


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La denuncia pública acompañada de la renuncia de la presidencia del Consejo Nacional Electoral (no aceptada) hecha por el magistrado Emiliano Rivera, debe despertar las alarmas, las pocas o muchas que haya, para evitar el fraude que se avecina. Gobernaciones, alcaldías, diputaciones y concejalías están en la mira de los tramposos para robárselas. Dinero, promesas, halagos y cuantos trucos hay disponibles en boca de estos sujetos indeseables, serán utilizados sin control ni rubor.