Columnistas

Se calentó el parche
Autor: Lázaro Tobón Vallejo
17 de Junio de 2015


El proceso de paz colombiano está pasando por uno de sus momentos más críticos, gracias a los ataques de las Farc contra las poblaciones más vulnerables del país y los miembros de las Fuerzas Armadas de Colombia violando todos los protocolos del Derecho Internacional Humanitario –DIH-.

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El proceso de paz colombiano está pasando por uno de sus momentos más críticos, gracias a los ataques de las Farc contra las poblaciones más vulnerables del país y los miembros de las Fuerzas Armadas de Colombia violando todos los protocolos del Derecho Internacional Humanitario –DIH-.


La población está sintiendo de nuevo los años aciagos del gobierno de Andrés Pastrana, durante el cual él perdió toda su gobernabilidad, la ciudadanía estaba cercada por los grupos terroristas, de derecha e izquierda, el país estaba sumido en una de sus peores crisis de identidad nacional, aunado a eso, la desconfianza del inversionista internacional hacia de Colombia un país inviable.


Durante el mandato de la Seguridad Democrática, el país recuperó credibilidad y seguridad rural, pero, la nación estaba deseosa de pasar a una segunda fase, un escenario posible de diálogos con los grupos subversivos. Por algo nombró a varios exguerrilleros como gestores de paz. Es bueno recordar que en 2007 luego de la captura de Rodrigo Granda, el gobierno uribista le dejó en libertad nombrándolo como gestor de paz, al exguerrillero Yesid Arteta y a alias Karina, exjefe del Frente 47 de las Farc les dio el mismo nombramiento. El gobierno de Uribe tuvo como enlace con las Farc a Henry Acosta Patiño, que tenía contacto con Pablo Catatumbo. En otras palabras, uno de los más críticos del proceso de paz actual, durante su gobierno también le buscó la comba al palo para tener diálogos con las Farc. 


Son 33 años de frustración buscando la paz negociada, aunque otrora se lograron resultados importantes con la desmovilización de grupos como el M-19 y el Epl. 


No se ha logrado ni por la vía militar ni por el diálogo la desmovilización completa de los grupos armados revolucionarios del país.


Con el gobierno de Santos, se encendió una leve llama de esperanza, pero, desafortunadamente cada día la “vaca ladrona no olvida el portillo” y está volviendo a las andanzas de otrora, a los ataques terroristas, pero no solo eso, sino que también, ha montado un plan pistola contra miembros del CTI, cómo se dice en el argot popular se ¡calentó el parche! Y con esas acciones el pueblo colombiano estará clamando que Mambrú vaya a la guerra y quién sabe si volverá, como dice la letra de la canción.


Seremos una nación ciega, sorda y muda si no rodeamos la institucionalidad en estos momentos críticos y apoyamos un proceso de paz negociado, ¿cuántos ríos de sangre, cuántas familias adoloridas por la pérdida de un ser querido tendrá que contabilizar el país para darse cuenta que el ruido de los fusiles no es el camino?


La crítica es bienvenida si ayuda a la construcción no a la destrucción y polarización de la sociedad. Nuestros descendientes merecen una Colombia diferente, que no fue capaz de ser construida por nuestros ascendentes. Esta generación de dirigentes tiene en sus manos la responsabilidad de darle el gran viraje al país. 


El parche no puede seguir caliente.