Columnistas

Alertas con las avalanchas
Autor: José Hilario López A.
17 de Junio de 2015


En anterior columna publicada en este mismo espacio, me había comprometido a evaluar las amenazas por avenidas torrenciales (comúnmente llamadas avalanchas) de las quebradas del suroeste antioqueño, a que están expuestas las poblaciones asentadas en las correspondientes sub-cuencas hidrográficas.

En anterior columna publicada en este mismo espacio, me había comprometido a evaluar las amenazas por avenidas torrenciales (comúnmente llamadas avalanchas) de las quebradas del suroeste antioqueño, a que están expuestas las poblaciones asentadas en las correspondientes sub-cuencas hidrográficas. A esto agregaré la vulnerabilidad de las obras de infraestructura a las mismas amenazas, en especial las Autopistas de la Prosperidad-Conexión Pacífico. 


En primer lugar, quisiera referirme a observaciones de amigos que han objetado el término de desastres naturales que he estado utilizando para referirme a las avalanchas por eventos hidrológicos, con el argumento de que deberían mejor denominarse desastres antrópicos, dada la responsabilidad que hay que asignarle a la deforestación por parte de colonos pobres en busca de tierras nuevas y al cambio climático por el uso de combustibles fósiles.  


La Misión Holandesa contratada por el Gobierno Nacional para el estudio del río Magdalena, en la década de los 60 del siglo pasado por el método de Carbono 14 dató sedimentos originados por una gran avalancha ocurrida en las cabeceras del gran río hace unos 20.000 años, que se extendió hasta Mompox. Por otro lado, los estudios geomorfológicos que hicimos con Integral en la década de los 80 para el Proyecto Hidroeléctrico de Ituango mostraron que el gran deslizamiento Guásimo en Sabanalarga, antes de la llegada de los españoles a nuestro territorio represó el río Cauca durante tres eventos, generando avalanchas cuyos vestigios se evidencian hoy en la zona de Cáceres.  Todo esto ocurrió antes  de la Revolución Industrial y de que llegará el “hacha que mis mayores me dejaron por herencia”; por aspecto,  como veremos más adelante, las recientes tragedias por las avalanchas de Salgar y Andes se originaron en los Farallones del Citará en terrenos cubiertos por bosque primario.


Volvamos a las quebradas del suroeste antioqueño. Los estudios de factibilidad del Proyecto Hidroeléctrico de Cañafisto en la década de los 80, que hicimos también con Integral,  mediante el registro de los procesos erosivos generados durante la temporada de fuertes lluvias que afectaron la sub-región a finales de 1984, identificaron las sub-cuencas con mayor producción de sedimentos, tributarias del río Cauca en la zona del proyectado embalse que se extendía desde Anzá hasta La Pintada (Integral S.A, 1985. Proyecto Hidroeléctrico de Cañafisto. Estudio Geomorfológico. Informe presentado a Interconexión Eléctrica S.A).


Las sub-cuencas hidrográficas donde se estaba generando la  mayor actividad erosiva, y por tanto las más propensas a la generación de avalanchas, son las siguientes:


Sector noroccidental de la sub-cuenca del río Bolívar


Sub-cuenca alta del río Barroso, donde está la quebrada La Liboriana que generó la reciente tragedia de Salgar 


Cuencas altas de las quebradas Comiá y San Mateo, municipios de Concordia y Betulia


Parte superior del río Guadualejo, en el municipio de Betania, donde se generó la avalancha de 1995.


Cabeceras del río San Juan y parte inferior de la micro-cuenca de la quebrada La Cristalina


Ahora miremos las amenazas por avalanchas que generan algunas de las anteriores quebradas y otras a las Autopistas de La Prosperidad-Conexión Pacífico, conexión que en su mayor parte se desarrolla en el suroeste antioqueño.


En primer lugar en la sub-cuenca de la quebrada Sinifaná recientemente se han presentado eventos destructivos por deslizamientos, algunos con avalanchas, a la Troncal del Café  y a la carretera Venecia-Bolombolo, así como afectaciones  a varias parcelaciones.  La Conexión Pacífico entre La Siria y Bolombolo  se  desarrolla dentro de esta sub-cuenca.


Después de Bolombolo Las Autopistas avanzarán hacia el sur por la zona de mayor riesgo de avalanchas, tal como lo registran los recientes eventos catastróficos de los  ríos Tapartó y Perales en  Andes, de la quebrada La Liboriana en Salgar y  del río Guadualejo en Betania. Estas avalanchas se originan por deslizamientos relacionados con intensas lluvias en los Farallones del Citará, donde nacen todas estas corrientes y otras más que las Autopistas tendrán que cruzar en su ruta hacia el sur.   Adelante de La Pintada los riesgos de avalanchas persisten, tal como se registra con las avalanchas repetitivas de la quebrada La Bermejala, donde ocurrió la gran tragedia de Chirapotó en 1970, así como la zona de alto riesgo por deslizamientos y consecuentes avalanchas,  identificada en la zona minera de Marmato.


Los organismos de prevención de riesgos debieran reevaluar y actualizar la información contenida en los documentos atrás referenciados y otros más, sobre todo para incluir la vulnerabilidad de la creciente población, que se ha estado asentado en las orillas de las quebradas y llanuras de inundación de las corrientes, donde se tienen las mayores amenazas por avalanchas.  Algo similar debe ser tenido en cuenta por los concesionarios de la Conexión Pacífico con la evaluación por riesgos hidrológicos de los puentes y estructuras hidráulicas que requiere la Conexión Pacífico de Las Autopistas de La Prosperidad.


Si se encuentra que en un determinado entorno geológico, geomorfológico e hidrológico es comparable con el entorno donde en el pasado se presentó un evento catastrófico, es muy probable, se tiene una alta propensión, a que ocurra algo similar en el próximo futuro.  Esta es la regla de oro de la evaluación de riesgos por  desastres naturales.