Columnistas

Con corona de laurel
Autor: Mariluz Uribe
15 de Junio de 2015


Un d韆 uno de mis compa馿ros de trabajo en el Gimnasio del Norte, dijo que lo 鷑ico que yo sab韆 de griegos y romanos era que se trataba de unos tipos con coronita de laurel y con toallita a cuestas.

Tenía razón porque todavía lo sigo creyendo.  La toalla me la explico porque a toda hora estaban saliendo de los baños. Ya que como nos enseñan en tercero bachillerato, las Termas, baños con agüita caliente eran sus clubes y por cierto que los muy… muy sexistas, no permitían que allí fuéramos  las mujeres.


Eran muy serios, o tendrían por ahí sus amorcitos y ello era bien visto, no como ahora que hicieron tal escándalo con la abierta decisión de Irlanda, antes país conservador como el nuestro, aunque parece que desde hace rato, hombres y mujeres se disfrazaban para casarse con la pareja que querían. Y a nadie han desvestido para casarlo. Que yo sepa. 


Ah y lo de la toalla a la moda de hoy, sí se sabe que la patentó en Colombia el llamado Mono Jo joy. Jo.


Pero lo que nunca me podía explicar era el por qué  de la corona de laurel. Cierto que era el signo de los personajes célebres, ¿pero por qué laurel y por qué corona?


¿Sería para masticarse una hojita? Acaso por allá y entonces, no existía la hoja de coca, ni los habanos de la Habana, ni los chicles, ni bueno, en fin.


¿O sería para fabricarse el té de las  “five o’ clock”  como cualquier anglo? ¿Para oler en el Senado (del latín: reunión de viejos) cuando  la cosa se ponía apestosa como en Colombia? Y como no existían el agua de Colonia, ni el ron  Medellín, ni el tintico llevado por la empleada espía, ni… el Calibre 32…


Durante siglos esta incógnita perduró.  Hasta que al fin sabios investigadores versados en cuestiones mitológicas e históricas, física, derecho romano y otras precisamente yerbas, descubrieron la razón.


Ya Apolo se había enamorado del laurel cuando la frígida novia se le convirtió en dicho árbol ¡y él insistía en abrazarlo!


Y resulta que Zeus, el dios de los griegos (Júpiter para los romanos) coronaba de laurel a sus elegidos, que eran los grandes triunfadores deportivos, los guerreros, los poetas y narradores, que declamaban en las Ágoras, historias como la de La Ilíada con el cuento de Helena con su Paris, o La Odisea de Eneas, con las sirenas y Penélope, su costurera mujer.


¿Pero para qué los coronaban?  ¡Pues para que cuando Zeus resolviera con el poder  del rayo- su arma favorita - destruir gentes y ciudades los laureados no fueran tocados por ese rayo!


Posiblemente la gente del común se enteró de que el dios no partía con su rayo a los que distinguía con la corona de laurel y entonces cada vez que había tempestad ¡suaz! se colocaban una coronita aunque fuera al escondido, con lo que hubo muchos “laureados”, como parece que sucede en Colombia con algunos que resultan intocables.


De pronto unas ramas pequeñas protegen del rayo, si ya se sabe que lo más peligroso es colocarse bajo un árbol grande,  meterse debajo de una cama, o pararse en el umbral de una puerta, como hasta el otro día se creía.


Y como están las cosas en Colombia, tapadas bajo los que se llaman Dia-logos (palabras que pasan a través) de Paz, parece que los rayos, relámpagos y truenos están hiriendo nuestra ya despedazada patria... 


*Psicóloga PUJ y Filóloga U. de A.