Editorial

M醩 cerca de Europa
15 de Junio de 2015


Valga, pues, destacar una estrategia diplom醫ica de largo aliento para consolidar los acuerdos de pares, en especial la relaci髇 con Estados Unidos y la Alianza del Pac韋ico, mientras afianza las relaciones con las democracias.

Con el acuerdo para el levantamiento de la exigencia de visa a nuestros nacionales al territorio Schengen, conformado por 26 países continentales, las autoridades de Colombia y la Unión Europea pusieron punto final a la negociación iniciada en agosto de 2013, a instancias de Mariano Rajoy, presidente del Gobierno español, y desarrollada en términos de tal cordialidad que demostraban el interés de las partes por avanzar rápidamente en el levantamiento de una tradicional barrera, que había sido endurecida en 2001, cuando el Gobierno de España atendió la exigencia de la Unión Europea para imponerla a nuestros nacionales. La vigencia del acuerdo, que se espera ocurra en diciembre, favorece la irreversible aproximación de Colombia y el Viejo Continente, ya impulsada por los desarrollos tecnológicos que facilitan los viajes y las comunicaciones.


Los observadores más críticos de este acuerdo lamentan que excluya a Gran Bretaña e Irlanda, que no han firmado el acuerdo Schengen, y que sólo se haya establecido para viajes cortos. Estos quieren hacer hincapié en que su aprobación se haya dado cuando la economía europea será beneficiada con los viajes de turismo de los colombianos y, además, cuando se demuestra un contraflujo en las migraciones, pues en 2012, 181.166 personas migraron de Europa a países de América Latina y el Caribe, mientras se contabilizaron 119.000 viajes con ánimo de permanencia en sentido contrario. Lo que de verdad tienen tales argumentos no debe ser usado para demeritar los importantes avances de la diplomacia colombiana en la Unión Europea, iniciados en el Gobierno Uribe, que trabajó para contrarrestar los lamentables éxitos conseguidos por la diplomacia de las Farc y sus aliados ante gobiernos, partidos políticos, medios de comunicación y ONG proclives a admitir leyendas de sátrapas tercermundistas. 


Hito significativo en ese proceso diplomático es la entrada en vigencia del Tratado de Libre Comercio de la Unión Europea con Colombia y Perú, aprobado por las partes en 2010, tras tres años y nueve rondas de negociación, y en operación para Colombia desde el 19 de julio de 2013. Este acuerdo comercial ha dado impulso trascendental al comercio bilateral entre Colombia y los países comunitarios. Baste comparar los resultados del comercio bilateral entre 2010, cuando Colombia exportó US$5.020 millones a los países europeos, y realizó importaciones por US$5.609 millones, y el año de 2014, cuando se realizaron exportaciones por US 9.406 millones e importaciones por US$8.761 millones. Esto a pesar de la persistencia de los países europeos en imponer barreras invisibles en forma de certificaciones y controles sanitarios, ambientales y hasta sociales, los cuales constituyen renovados instrumentos imperiales para imponer pesadas cargas tributarias a los exportadores afectados, y de paso beneficiar con exoneraciones injustas a los merecedores de sus afectos.


Con los avances políticos, económicos y migratorios que contribuyen a la normalización de nuestras relaciones con Europa, llega también el enriquecimiento de intercambios académicos y culturales, que enriquecen las perspectivas del país frente a sí mismo y los restantes países. Baste notar, por ejemplo, que Colfuturo destaca haber otorgado cinco mil becas para estudios de posgrado en Europa, entre los años 1992 y 2013, mientras que sólo en el 2014 concedió mil becas para estudios en universidades del Viejo Continente. Como estos académicos, los intercambios culturales y en otros campos son riqueza que fortalece al país. Valga, pues, destacar una estrategia diplomática de largo aliento para consolidar los acuerdos de pares, en especial la relación con Estados Unidos y la Alianza del Pacífico, mientras afianza las relaciones con las democracias con las que nos unen razones de identidad. 


Por sus afinidades con los valores democráticos hoy defendidos por Europa, Colombia, Perú y Chile consiguieron firmar los únicos acuerdos suscritos en la tensa cumbre Celac-UE que finalizó en Bruselas el pasado jueves. Bolivia y Ecuador, en cambio, recibieron fuerte rechazo a su empeño por una declaración que consignara el  “rechazo” a las decisiones del Gobierno de Estados Unidos frente a funcionarios venezolanos. Los presidentes Correa y Morales también fueron depositarios del reclamo de las antiguas democracias por “el deterioro de las libertades” democráticas, en especial el apresamiento de los líderes opositores, en el Gobierno Maduro.