Columnistas

Los demonios sueltos
Autor: Hernán Mira
15 de Junio de 2015


Sobre el que fuera sonado escándalo de la Fifa –y digo fuera porque parece quedó sepultado aquí ante la proximidad de la Copa América- decía el editorial de EL MUNDO que era la punta del iceberg que hacía “tambalear los cimientos de la Fifa, el Congreso Mundial y su etapa decisoria debería suspenderse, mientras Joseph Blatter tendría que renunciar.”

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No se cumplieron, entonces, las insinuaciones del editorial pues aunque Blatter renunció, lo hizo después de la vergonzosa reelección que logró por abrumadora mayoría de sus compinches en ese Congreso.


La Fifa, se ha recordado, tiene 111 años de historia y 209 países asociados, 16 más que la ONU. Esa federación se fue convirtiendo en lo que ahora se ha descubierto y que se venía sospechando hace años, en un King Kong poderosísimo al que ahora se intenta enjaular por la intervención de Loretta Lynch, fiscal general de Estados Unidos, que denunció sobornos por 110 millones de dólares que se acordaron en ese país o se distribuyeron por medio de su sistema bancario.


Esa olla podrida que se destapa, simplemente era la que se podía esperar de una organización que en sus estatutos  tiene el artículo 68.2: “Se prohíbe el recurso ante tribunales ordinarios, a menos que se especifique en la reglamentación Fifa. Queda excluido igualmente el recurso por la vía ordinaria en el caso de medidas cautelares de toda índole” como lo recordaba en estas páginas, hace un año, el columnista Darío Valencia Restrepo que, con sobradas razones, califica la Fifa de paraestado.


En el 2012 la Fifa presentó su código de ética que en su preámbulo dice: “La Fifa asume la gran responsabilidad de velar por la integridad y la reputación del fútbol en todo el mundo. Por tal motivo, se esfuerza constantemente por proteger la imagen del fútbol, y sobre todo la propia, para evitar que prácticas ilegales, inmorales o contrarios a los principios éticos puedan empañarla o perjudicarla.” Este frondoso y rimbombante código quedó hecho añicos, como ocurre tantas veces con estos códigos en miles de instituciones que lo asumen como parte de su ‘buena imagen’, un formalismo, requisito a cumplir, canto a la bandera que acaban bailándose los avivatos y tantos demonios que andan sueltos.


Muy a pesar de este código y seguramente valiéndose del ya citado artículo, fue que los asistentes al Congreso Mundial de Fifa reeligieron a Blatter en su cargo, dándole su apoyo con todo y las denuncias que se han hecho, cohonestando y respaldando el estado de cosas que venía. Es decir, aquí tenemos nuestra propia ‘moral’ y leyes que dentro de esta poderosísima federación, poco o nada que ver con las de la sociedad. Puro espíritu de cuerpo  con el que se mueven tantas mafias aquí y en el mundo. Así es la corrupción.


En Sobre la paz perpetua, Kant habla de los demonios que no dejan establecer un estado que garantice una convivencia armoniosa y estable. “El problema del establecimiento del Estado tiene solución incluso para un pueblo de demonios, por muy fuerte que suene (siempre que tengan entendimiento).” Esos estados, en reducida escala, son los que no funcionan en la Fifa y aquí por que hay muchos  demonios a los que lo menos les interesa es el entendimiento, en lo legal y aún más en lo ético-moral.