Palabra y obra

Alejandra Borrero had a dream
Alejandra Borrero tenía un sueño
Autor: Daniel Grajales
13 de Junio de 2015


La actriz, quien visitará la ciudad la próxima semana, en búsqueda de talentos para su escuela Casa Ensamble, y es protagonista de la película Gente de bien, que está en cartelera luego de participar en el Festival de Cannes, comparte su historia.


Foto: Cortesía 

Alejandra Borrero espera presentarse en Medellín próximamente, y mostrar una de sus obras de teatro.

Ni las luces blancas que iluminan el escenario evitan que sus ojos verdes llamen la atención hacia su rostro. Cuando pronuncia una sola palabra, ella logra desviar las miradas a sus labios rojos, que han dejado pronunciado las emociones de mujeres asesinas, empresarias exitosas y también de esposas engañadas.


Poco tiempo parece haber pasado desde su infancia en Cali, Colombia, si se le ve como una luchadora incansable, que batalla por el respeto a la mujer y a la escena artística.


Y es que hoy, cuando su acento es neutro y su rutina la vive entre los fríos capitalinos, la historia de Alejandra Borrero sigue conduciendo al Valle del Cauca, territorio que sabe traducir con los ojos cerrados, y, mucho más, cada vez que no tiene que interpretar ningún personaje, que no debe darles indicaciones a sus actores en formación, y mucho menos que pronunciar un discurso sobre dramaturgia; cuando su actriz estelar es ella.


Sin miedo a mirar atrás para contar su historia, la actriz desnuda sus recuerdos. Sabe que lo que ha pasado hasta hoy, después de 35 años de trayectoria, es el despertar de un sueño.


En su mente, casi de manera fotográfica, aparecen como escenas de una película romántica los inicios de su carrera. Tiempos en los que una joven soñaba con ser la Alejandra Borrero que los directores de cine se pelean por tener, quien hoy dirige Casa Ensamble, su propia escuela de actuación.


“Yo cargué cables, hice todo lo que tenía que hacer para estar al lado de los grandes directores de mi época. A mí me ha tocado sufrir el cine colombiano, los directores ahora no se dan cuenta de las posibilidades que tienen de hacer una película, tras otra, tras otra. El cine colombiano yo lo amo con toda mi alma”, relata Borrero, protagonista de Gente de bien, película del director Franco Lolli, galardonada por la crítica en Cannes, que por estos días puede ser vista en las salas de cine de Colombia. 


Los inicios del sueño


Todo comenzó cuando Alejandra Borrero regresó de Estados Unidos, donde estuvo estudiando inglés, hace más de tres decenios, en esa etapa de la vida en que la adolescente tenía cada vez silueta de mujer.


“Recuerdo que llegué a Cali, y mi novio de entonces, Hernando Tejada, era jefe de producción de la película Carne de tu carne. Lo primero que hice fue coger un carro e irme a las grabaciones, para entrar en este mundo mágico del cine, sin siquiera darme cuenta, tenía los 19 años”, relata.


Entonces, la joven soñadora, quien tenía el cabello a la altura de los hombros, vestía ropa cómoda, adoraba los pantalones y pintaba sus uñas de rojo, decidió pedirle que la dejara “ayudarlo en lo que pudiera hacer, para así conocer a todos esos genios como eran Carlos Mayolo y Poncho”, caleños que participaron de una revolución cultural en la Cali de 1980.


“Así comencé, Mayolo me mandaba a traerle un cerdo, cuando se antojaba. Yo recuerdo cómo ese cerdo gritaba en el jeep, camino al rodaje. Él me pidió un cerdo y yo le llevé un cerdo, así comenzó todo”.


Ese sacrificio tenía un pago muy alto, un salario que con los años se ha valorizado tanto, que bien hoy lo ve como una fortuna.


“Pude ver cómo ellos editaban, cómo cortaban las películas, con tijeras, las pegaban con cintas, pegaban por todas partes esos pedazos de cintas, en ese montaje que luego de treinta días parecía un manicomio. De pronto, uno de ellos se paraba y decía ‘necesito una miradita, ya se dónde la tengo’, e increíblemente se paraba y sabía dónde estaba esa parte de la película. Ahora uno ve cómo editan en un computador en cinco minutos, no saben los privilegios tan increíbles que tienen”, narra Borrero.


Para ella, el cine ha sido uno de sus hijos, dice que ha “adolecido el cine, lo he amado con mi alma, lo primero que hice fue con Mayolo: cine. Crecí con el cine club, mis maestros fueron los directores alemanes de la época, los directores italianos, el cine que me gustó y que siempre he ido buscando”.


Sandro Romero, escritor, director de teatro y uno de sus grandes amigos, también recuerda esos momentos: “A Alejandra la conozco desde que fue mi estudiante de Teatro en el Colegio Sagrado Corazón de Cali. En ese grupo se ganó su primer premio como actriz. Luego fue nuestra amiga con el llamado ‘Caliwood’, haciendo todos los oficios del cine, mientras estudiaba teatro en la Universidad del Valle. Siempre tuvo claro que este iba a ser su oficio y su destino”.


Pero él no sólo la ve como una actriz, en sus palabras: “Ella es, lo que llaman los franceses, ‘una bestia de la escena’. Ella vive por el teatro, por la producción, por la televisión y por su colaboración con el cine, donde ha sido una militante desde finales de su adolescencia. Ella adora su oficio y estar frente a un público es su perenne necesidad”.


En esto, Romero coincide con el crítico de cine Orlando Mora, para quien “el amor al cine que Alejandra Borrero  tiene, que es aprendido con el grupo de Cali, hace que sea una mujer inteligente, que no está vinculada a la búsqueda de estrellato, ella se ha podido dar el gusto de hacer cosas grandiosas. Alejandra lo que sí le puede dar es calidad artística a las películas, por que es una actriz de verdad”.


Aunque nació en Popayán, Cauca, en 1962, Alejandra Borrero pasó la mayor parte de su infancia y adolescencia en Cali.


La televisión bebió del cine


Aunque el sueño de Alejandra Borrero siempre ha sido el cine, la televisión ha sido el lenguaje que ha llevado su trabajo como actriz a la consagración.


Un fenómeno que explica desde su experiencia, ya que de cerca pudo entender qué era lo que sucedía.


“El gremio del cine ha querido alejarse profundamente de la televisión, y lo que pasó en Colombia, en los 80, fue que, como no se podía hacer cine, todos los que querían hacer cine tuvieron que hacer televisión. Por eso la televisión colombiana creció como creció, ya que se hicieron series como Azúcar, como Hombres, como La casa de las dos palmas, que tenían un tinte, un lenguaje muy diferente”, rememora Borrero.


Y ahí comenzó su éxito. Para entonces, su rostro, casi desconocido, participó en los dramatizados Cuentos de domingo (1987), luego vinieron roles secundarios en Por amor (1987), Las mujeres ajenas (1987); otros más destacados en producciones como La otra cara de la moneda y su primer protagónico: Caridad Solaz en Azúcar (1989).


Para el director y primer actor colombiano Kepa Amuchastegui, en ese momento de su carrera, Alejandra Borrero ya tenía lo necesario para conquistar la pantalla chica.


“Los que antes de la etapa televisiva hicimos teatro, o cine, ya éramos muy profesionales en el trabajo. El teatro exige más profesionalismo que la televisión, ya que la disciplina es mayor. Gracias a eso, pudimos producir cosas de gran calidad con Jairo Camargo, Vicky Hernández, Alejandra Borrero y hasta yo mismo; todos sobresalimos en televisión y perduramos”, relata  Amuchastegui.


Para él, “para ser buen o mal actor uno debe tener una carga de vivencias, de sitios recorridos, de países conocidos, de lecturas hechas, lo que yo llamo el baúl de las referencias, que cuanto más lleno esté puede hacer mejor la actuación y ella ha vivido intensamente desde muy joven, por lo que ha sido siempre una excelentísima actriz, fuera de que tiene el ángel, que lo tienen pocas personas, tiene una vida muy repleta de vivencias, de historias, de encuentros, de choques, de desencuentros que hacen que tenga una densidad en los personajes que interpreta”.


Rememorar la frialdad de Lucía de Vallejo en Café con aroma de mujer (1994), la reencarnación de Diana Robledo en La otra mitad del sol (1995), el profesionalismo de María Fernanda Acosta en Hombres (1996), el misterio y la maldad de Estefanía Braun y Katherine Braun en Punto de giro (2003) o los nervios de acero de Emilia, La Carnicera, en Mujeres asesinas, permite analizar la versatilidad de Alejandra Borrero.


El sueño se hizo realidad


Hasta ahora, Alejandra Borrero ha participado en casi veinte películas, en las que su sueño del cine colombiano se ha materializado.


Ella tiene claro que “alejarse de esa prehistoria del cine, que en Colombia es la televisión, es una locura”, pero también que es un premio a la constancia.


“La gente tiene que trabajar para poder saber qué es lo que le gusta, cuál es su lenguaje, qué es lo que quiere decir. Generalmente, en el cine colombiano antes se ponían todos los huevitos en una canasta y se trataba de hacer todo lo que uno quería hacer en una película, porque no había otras alternativas. Es increíble lo que hemos logrado culturalmente en este país, nos hemos posicionado ya en el cine mundial, estamos haciendo un cine que ya está siendo reconocido en el mundo entero”, precisa.


Esa convicción del potencial del cine colombiano llevó a que el director Franco Lolli la buscara incansablemente para que leyera el guion de Gente de bien, película en la que Borrero da vida a María Isabel.


“Yo diría que el personaje era un personaje muy complejo, porque es una mujer de clase alta que no podía caer en el cliché de la burguesa. Entonces, era difícil, tenía que ser una mujer fuerte, inteligente, de poder, lo cual a mí me costó mucho trabajo encontrar, y sólo lo encontré en Alejandra, ya que más allá de la interpretación es fuerte, inteligente, una mujer con poder, que a la vez es muy generosa”, precisa Lolli.


El director destaca además “algo que es raro: a pesar de su trayectoria, y su experiencia, Alejandra es una persona muy humilde, que se adapta a lo que uno le pida que haga. En mi caso, ella aceptó trabajar como una actriz natural más, sin un guion, entendió que el rol del actor es un rol de intérprete que necesita un director de orquesta, esto es la prueba de su experiencia y su inteligencia”.


“Lastimosamente -agrega el crítico de cine Orlando Mora- en Colombia hemos tenido un cine muy pequeño, en el que nunca ha habido la figuración de grandes estrellas, lo que en la televisión sí. Es posible que una reina de belleza incursionando en la actuación o una modelo pueda mover un poco la taquilla, pero no una actriz profesional como Alejandra, eso ya se da muy poco. Algo que ella no necesita, porque merece una gran admiración, me parece una profesional íntegra en su trabajo. Las ideas que trata de sacar adelante son todas muy valiosas”.


Pero todo esto lo tiene claro Alejandra Borrero, cuyo sueño ahora cambió, y espera despertar un día para hacer realidad su anhelo, la casi obsesión que es para ella el cine colombiano.


El papel de los actores en el cine colombiano de hoy es casi nulo. “Lastimosamente, los directores han caído en la trampa de pensar que tener un actor natural, que físicamente va estar muy cercano al personaje, les va a dar lo que necesitan, y muchas veces he visto a estos actores naturales quedarse cortos en escenas complejas que solamente un actor es capaz de manejar. Yo puedo asegurar que cualquier actor va a decir que es mucho más difícil hacer una escena de la vida cotidiana que una escena de acción, de vida o muerte para un personaje”, precisa.


Finalmente, Alejandra Borrero cierra los ojos y vuelve a soñar, como esa niña de 19 años que cargó cables en Cali: “Colombia está dando una posibilidad hoy al cine, a pesar de que el público todavía no asiste masivamente a ver cine colombiano... pero yo sé que pronto va a suceder”.




Gente de bien

Alejandra Borrero compartió algunos detalles de su participación en la película Gente de bien (2014):


“Fue un trabajo realmente duro, por eso estoy tan feliz de que a la película le haya ido tan bien. Es un trabajo muy interesante, con un director como Franco Lolli, quien logró que todos tuviéramos un trabajo parejo, y que yo hiciera un trabajo muy hiperrealista, que me olvidara, de alguna manera, del esfuerzo de la actuación, y que hiciera un trabajo más hacia el naturalismo real, casi que documental. Parece una historia documental, no parece una historia contada desde un juicio de valor”.


“Es un retrato social que no tiene nada que ver con el melodrama. Los críticos en Cannes, el año pasado, estaban sorprendidos de ver una película latinoamericana que no se agarraba del drama para contar la historia”.


“No me equivoco al invitar a todo el mundo a que vea Gente de bien, si ven el tráiler no se quedan con nada de lo que realmente puede ofrecer la película”.




Su cine

Estas son las películas en las que ha participado hasta ahora Alejandra Borrero.


1986


Debajo de las estrellas


1987


La noche que nos visitó Sonia


1997


La deuda


1999


Soplo de vida


2001


Bolívar soy yo


2005


Cuando rompen las olas


Rosario Tijeras


2007


Hacia la oscuridad


El amor en los tiempos del cólera


2008


Miradas urgentes


2009


Del amor y otros demonios


Poker


2014


Gente de Bien 


Anina (voz para película animada)