Columnistas

Plazo y Airbus
Autor: Alberto Maya Restrepo
8 de Junio de 2015


El proceso de paz en Cuba parece un galimatías porque: pese a los comunicados “oficiales” y conjuntos, es complicado formarse una idea fidedigna de lo dizque acordado, pues se observan en tales conclusiones.

El proceso de paz en Cuba parece un galimatías porque: 1) pese a los comunicados “oficiales” y conjuntos, es complicado formarse una idea fidedigna de lo dizque acordado, pues se observan en tales conclusiones, sobre los asuntos de la agenda que han evacuado, las anotaciones al margen dejadas por los de las Farc, quienes agregan que sobre esas salvedades volverán posteriormente; 2) se han dado muchos debates, entre otros, sobre las penas que deben pagar los guerrilleros y sobre la forma de cumplirlas, pero no se ve un derrotero claro y quién sabe en dónde caerá ese globo; 3) muy bien se sabe lo jugo$$$o que es para las Farc el narcotráfico, pero ¿se han pronunciado sobre dejarlo? Parece imposible que abandonen una actividad que saben cómo realizarla, desde el cultivo de las matas, pasando por la recolección de las hojas, su transporte, procesamiento, empaque de la base de coca, distribución, entrega, en fin, todo, incluidos los suministros de químicos, equipos, etc. dentro de una red estructurada de contactos nacionales e internacionales; 4) no pareciera fácil que las Farc acordaran la paz, entregaran las armas, repararan a las víctimas, cumplieran penas por sus atrocidades, todo como debe ser, y también abandonaran esa lucrativa actividad. Este proceso ya es desesperante por el desgaste y hasta el mismo presidente se quejó de que en el último año de conversaciones no se ha avanzado nada. A ese proceso en Cuba hay que ponerle un plazo y punto, porque, mientras la confianza de los colombianos en la nación y sus instituciones va en picada, el gobierno, cual mago, saca del sombrero conejos de dinero sin saberse si los cheques que da son simbólicos o chimbólicos. Las ganas de un Nobel de Paz no pueden estar por encima de los demás intereses de los ciudadanos que están pasando al desaliento frente a tanto bla bla y tan turbio panorama.


Si se observan bandazos en las empresas puede sospecharse que andan mal. Igual, cuando sus comentarios a la prensa o su publicidad son, digamos, confusos. Algo pasa en Airbus y lo lamento pero se nota desorientación. Mis sospechas van por el lado de los productos actuales y frente a los futuros anunciados. Tuvo que haber sido un golpe fuerte, en lo comercial y en lo financiero, para Airbus la suspensión del programa del A340; de ese avión se hicieron y entregaron solamente 345 unidades, pero no convenció al mercado. El avión de dos pisos A380 sigue siendo polémico por sus costos de operación y el punto de equilibrio de ese programa está lejos. El A350XWB apenas empieza a debutar sin mostrar contundentemente fortalezas frente a productos similares de la competencia. El A330 ha tenido éxito pero, al igual que con los de la familia A320, el fabricante pareciera no ver el panorama claro. Sí, tienen un libro de pedidos bastante abultado, pero se ve como que el negocio lo tuvieran fundamentado en los aviones de un solo pasillo (cabina angosta), exhibiendo falta de foco en el segmento de los de doble pasillo (cabina ancha). En la rama militar han estado trabajando desde hace bastante en el transporte militar A400M, programa que les ha dado mucha guerra, pues, por ejemplo, Alemania, tras muchos retrasos, recientemente fue a recibir el primero y lo rechazó porque le encontró más de 700 errores y otro A400M se accidentó. Los extracostos han sido inmensos. Curiosamente, una de las “razones” que han aducido para las demoras tenidas con el A400M es que sus partes y componentes llegan de diversos orígenes, lo que conduce a sospechar, entre otros, de la cadena de suministros y logística, y suena a disculpa pues no conozco un fabricante de aviones que todo lo haga en el mismo sitio, al contrario, son múltiples los proveedores esparcidos por todo el mundo.


Disculpen los lectores de mis columnas porque en la anterior cometí un lapsus al referirme al municipio de Segovia, cuando debió ser el municipio de Salgar.


No es lo mismo ENTREGAR las armas que DEJAR las armas.