Columnistas

Tirando los dados
Autor: Sergio De La Torre
7 de Junio de 2015


Como ya se explicó el domingo, el envío de Gonzalo Restrepo a Cuba para reforzar la Mesa de Diálogo con la presencia de la élite económica es provechoso, porque le da mayor prestancia incorporando a la sociedad civil a través de empresario tan caracterizado.

Que por lo demás es de Antioquia, región emparentada por vínculos topográficos y políticos con el expresidente Uribe, tan refractario al actual Proceso de Paz, y por cuya voz se expresa, en tema tan azaroso, la mitad del país, según quedó demostrado en los últimos comicios presidenciales.


Sobra decir, a propósito, que todo cuanto acerque, así sea por aproximaciones muy medidas, al uribismo a las negociaciones, ayuda mucho a éstas, al punto que podría garantizar que sus resultados, tan esperados, perduren en el tiempo y no se trunquen.


Eso en cuanto a don Gonzalo. Mas no logro entender el papel de la canciller Holguín en un escenario donde se ventilan asuntos internos de Colombia que nada tiene que ver, teóricamente al menos, con su cargo. Vale decir, con países o poderes extranjeros, cuyo trato y manejo sí le compete, pues responde a las funciones que le son propias. A menos que se acepte (de una buena vez y en contra de lo que aquí hoy se tiene por verdad oficial) que detrás de las Farc, amparándolas, está Venezuela, como también lo estuvo Ecuador hasta el episodio de Sucumbíos. Cosa que no admitiría el gobierno actual, quien supone, y con algo de razón, que el proceso en cuestión en últimas depende de la buena voluntad de Caracas, que chantajea a Colombia con la velada amenaza de hacer abortar el diálogo, reavivando por todos los medios a la guerrilla desde la frontera que separa e integra a ambas naciones. Si no, cómo explicar la actitud resignada y complaciente de la canciller con un régimen que interviene en el conflicto colombiano auspiciando a los alzados, cuya lealtad a Chávez y Maduro nunca ocultan. Tanto que llegan a autocalificarse de “bolivarianos”, remoquete adoptado por el chavismo cual si se tratara de una marca religiosa (¡pobre Bolívar, tan manoseado por éstos cafres que nada heredaron ni continuaron de él, fuera de sus retratos que acicalaron, deformándolos, hasta convertirlo en un querubín!).


La ministra todo se lo consiente a Maduro, hasta los desafueros e intromisiones más provocadoras. Prueba de ello (por si hiciera falta una adicional a lo que los medios transmiten hasta el cansancio) es su pertinaz silencio (uno de esos silencios que retumban por lo forzados) frente al atropello continuado que allá se comete contra los inmigrantes colombianos, incluidos los “legalizados”, a quienes se expulsa en montoneras y sin fórmula de juicio, previo despojo de sus pertenencias. Qué Cancillería del planeta, pregunto yo, aguanta tanto abuso sin siquiera rechistar ni musitar palabra, por no hablar de las protestas formales que en tales casos se imponen, y de las socorridas quejas ante la comunidad internacional y sus órganos de justicia , que debieron interponerse desde que comenzó el extrañamiento masivo de nuestros compatriotas, sin que las conozcamos todavía .


¿A qué viene lo arriba expuesto ¿ Pues a que se dijo que la designación de la canciller para una misión tan ajena a su oficio tenía por objeto acercar o involucrar al mundo exterior (con el que ella se entiende por razón de su oficio) en las tratativas de La Habana. Pero resulta que el mundo exterior ya está involucrado, como a diario lo constatamos con sus buenos oficios y advocaciones emanadas de Washington, Bruselas, la Santa Sede, Chile, Noruega, España, Venezuela y Cuba, todas ellas bienvenidas y, si se quiere, productivas. Podría haber más, pero eso vendrá luego, de acuerdo a la suerte que corra el proceso en marcha.


La ministra, quién lo duda, es una dama muy compuesta, se desenvuelve bien en los salones, domina el protocolo y ceremonial propios de la diplomacia, pero la prudencia, el temple y la lucidez no han sido sus fuertes cuando se trata de enfrentar la permanente acechanza venezolana o los zarpazos de Nicaragua. Con ambos vecinos nos ha ido mal, y seguimos perdiendo. Y ambos, ¡qué casualidad!, simpatizan con la guerrilla. Y con la señora Holguín, por los motivos y rasgos de personalidad ya señalados, y que aquí conocemos por haberlos padecido. Así que sin quererlo ni proponérselo podría estar el gobierno, con su nueva y flamante negociadora, debilitándose en la mesa a favor de la contraparte. 


Esta vez el lector sabrá entenderme, pese a lo incómodo que resulta este tema. Sí debo reconocer, en honor a la justicia, que las mujeres colombianas, que tan escaso espacio tenían en la mesa, hoy están muy bien representadas con dama tan exquisita y linajuda.