Columnistas

Jornada única y calidad educativa (1)
Autor: Alejandro Garcia Gomez
6 de Junio de 2015


La mineducación Gina Parody ha vuelto a hablar de jornada única –Blu radio, 04.V.15-, la misma que López Michelsen borró de un plumazo en su gobierno, para ahorrarse el dinero de las construcciones escolares ante la avalancha de las clases media y popular que requerían ser atendidas en servicios públicos, vivienda, educación y salud, como consecuencia de los desplazamientos forzados hacia las pequeñas ciudades de entonces, arrastradas por la primera Violencia, la misma que se hizo como pretexto de liberales contra conservadores pero que el real motivo fue otra “reforma agraria” a punta de sangre y desplazamientos –como hoy-, Violencia que jamás tuvo ni verdad ni justicia ni reparación y que empató con la actual.

pakahuay@gmail.com


Quienes la propiciaron –y sus familias- aún gozan del honor de ser los prohombres de la patria: vivos o muertos.


Nadie niega que la estrategia de Jornada única debe formar parte de una visión para alcanzar la excelencia de la calidad de la educación pública. El problema es que tal como la plantea la ministra, parece ser otro baculazo al garete (con miras a hacerse notar, a “mostrarse” para su carrera política) que se suma a los bastonazos ya repartidos. Está gobernando para las tribunas, señalé en anterior artículo. Le apuesta a lo que sea. P. ej.ala intransigencia que quiso mostrar en el anterior paro. A la reversa a la que se vio obligada.Si no hubiera sido por los oficios del defensor Otálora y por la experiencia del mintrabajo Lucho Garzón habría sido un completo fiasco porque, o estaríamos aún en ese paro o ella habría caído estruendosamente. Cuando el entrevistador de Radio Blu le preguntó esa mañana que para cuándo pensaba que se verían los resultados que traerían la mejoría de la Jornada única-porque los procesos educativos son lentos, le dijo-ella respondió que en una año se tendrían resultados (¡!).


Cualquier debate sobre la calidad de la educación que deseamos para nuestro país debe comenzar por respondernos al tipo de ciudadano y de sociedad que pretendemos adoptar para el mismo, por medio de la inversión estatal. Las inmediateces de los intereses particulares de los grupos o sectores sociales dueños del poder, con miras a perpetuarse en él, han sido los que usualmente se han encargado de crear, desde dentro y desde fuera, los referentes sociales de la calidad educativa en la historia de la educación y por eso todas las visiones actuales de calidad educativa desde el poder estatal tienen las percepciones mercantilistas de la educación. 


Como propuesta, más democrática que las urgencias inmediatistasde los intereses de esos sectores dueños del poder, podemos partir del concepto de necesidad social para la educación: el servicio educativo es de calidad, si el mismo satisface las necesidades de formación y acceso al conocimiento para el crecimiento de la sociedad en la que está inmerso y de la cual proviene cada educando. Por tanto la noción de Calidad de la Educaciónimplica conocer dónde estamos y tener claro dónde pretendemos llegar, pero de manera democrática. Sólo así, también democráticamente, se deben definir unos criterios mínimos de acuerdo con los diagnósticos existentes aceptando las fortalezas, debatiendo y controvirtiendo las debilidades de las leyes y normas que nos rigen y proponiendo soluciones, utopías sin las cuales es imposible que una sociedad no se desmorone.


Se vuelve una necesidad establecer criterios y adoptar consensos mínimos para elaborar tácticas y estrategias con el fin de mejorar la calidad de la educación, o sea un gran debate democrático con los estudios, leyes y normas que ya existen, para hacer propuestas con el fin de suplantarlas o mejorarlas. Pero hay algo fundamental: cualquier camino debe volverse una política de Estado. Que ningún gobierno o ministro o “estrella” pueda desviar.