Columnistas

Mis recuerdos de Otto Morales Benítez
Autor: Delfín Acevedo Restrepo
6 de Junio de 2015


Me sorprendió dolorosamente el reciente fallecimiento del doctor Otto Morales Benítez. Le había enviado hace pocos días mi último libro, “Ignacio Vélez Escobar y Otros Adalides de la Nacionalidad”, cuyo lanzamiento oficial apenas estamos preparando.

delfinacerpo@gmail.com


En dicho texto se recoge un comentario sobre el hermoso libro del doctor Morales “Uribe Uribe y Panamá: alternativa, política, jurídica y moral de la patria”, Dos tomos lujosamente empastados, cerca de 800 páginas y editado por la Universidad Industrial de Santander 2011. El libro del doctor Morales me llegó oportunamente con su gentil dedicatoria como lo hacía siempre cuando me obsequiaba sus textos, pero el reporte del recibo al libro mío nunca apareció, lo cual me pareció extraño, por lo detallista y delicado que siempre fue el doctor Morales. Seguramente ya se encontraba bajo el agobio de la enfermedad que lo llevó a la muerte en poco tiempo.


Había nacido el doctor Morales en Riosucio, Caldas, el 7 de agosto de 1920. Allí adelantó sus primeros años de educación primaria y secundaria. Llegó más tarde a Medellín y se matriculó en la Universidad Pontificia Bolivariana donde cursó sus estudios de Derecho y Ciencias Políticas. Allí fue condiscípulo de Belisario Betancur quien más tarde llegaría a la Presidencia de la República.


Hijo de J. Olimpo Morales y casado con doña Livia Benítez, su prima “Lo más importante de mi vida es no haberme equivocado en los caminos del amor” expresaba con orgullo. Con ella tuvo 3 hijos: Adela, Olimpo y Daniel.


Sus títulos y distinciones fueron exaltantes y numerosos, entre los cuales vale la pena mencionar: Profesor Honoris Causa de la Universidad Mayor de San Marcos, Lima; Miembro del Instituto de Derecho Internacional Agrario de Florencia, Italia y Presidente Honorario de Profesores Norteamericanos Especialistas en Colombia.


Escritor atinado y fecundo. Seguramente el más prolífico en la historia de Colombia. Deja más de 140 libros publicados y numerosas obras inéditas que ojalá sean rescatadas por sus biógrafos y admiradores. Citemos algunas: Testimonio de un pueblo; Revolución y caudillos; Raíces humanas; Riosucio de Caldas; El maestro Arciniegas: emancipador cultural del continente; El escritor Alberto Lleras Camargo y La montaña de la dura cerviz


Fundador de la Asociación de escritores y artistas de Colombia; presidente de Andiarios y condecorado con la Cruz de Boyacá. Ministro del Trabajo (1959) y de Agricultura (1960) en el gobierno de Alberto Lleras Camargo. 


Fue además presidente de la Comisión de Paz en el Gobierno de Belisario Betancur y candidato a la primera magistratura del Estado en dos oportunidades. Senador de la República en varios periodos; Diputado y Representante a la Cámara por el Departamento de Caldas; conferencista y profesor universitario de primera línea.


Conocí al doctor Morales Benítez desde siempre pero nuestra amistad se estrecha durante el gobierno del Presidente Betancur cuando llegué como director general de la Escuela Superior de Administración Pública –Esap-, designado por el ilustre mandatario. Nos unía con el doctor Betancur un mutuo afecto y el deseo de que el balance final de su gestión fuera tan positivo como lo fue. Por eso el doctor Otto me colaboró con gran generosidad en los distintos programas de la Escuela.


Teníamos un convenio con la Fundación Freidich Nauman de la República Federal de Alemania, para la capacitación de promotores rurales de todo el país, desde la Guajira hasta Leticia y desde Vigía del Fuerte hasta las llanuras de Orocué. Allí la colaboración del doctor Morales fue de un valor incalculable, aportando su experiencia como exministro de Agricultura.


Cuando me desempeñe como Presidente del Centro Americano de Administración para el Desarrollo –Clad-, organismo patrocinado por las Naciones Unidas e integrado por 19 países de América Latina, el Caribe y España, el apoyo brindado por el doctor Morales resultó un aporte insustituible. 


Por todo ello lo recuerdo con gratitud y con  afecto y la noticia de su muerte me llega a la mitad del alma.