Columnistas

El jabalí y la perrilla
Autor: José Alvear Sanin
3 de Junio de 2015


Uno de los principios inmutables del arte de negociar, bien sencillo, se resume en la expresión: hawks and doves, porque no se deben enfrentar los agresivos halcones con las pacíficas palomas.

Por esa simple razón, en La Habana siempre han de dominar los implacables de las Farc sobre los docilitos del gobierno. 


Sin demeritar el símil anterior, hay otro que me acaba de sugerir un respetado amigo: 


El de “jabalí”, para la belicosa delegación de la guerrilla, y el de “perrilla”, para la complaciente del doctor Santos. El contraste alcanza relieve recordando los inmortales versos de Marroquín. Estos describen admirablemente el equipo de Timochenko:


Levantan pronto una pieza


un jabalí corpulento


que huye, veloz, rabo al viento


y rompiendo la maleza


Todos siguen con gran bulla


tras la cerdosa alimaña,


pero ella se da tal maña


que a todos aturulla.


Después de describir cómo la gran cuadrilla de ejercitados monteros, ojeadores, ballesteros y mozos de traílla ha sido incapaz de cazar al feroz animal, se espera que lo logre (una) 


Perra de canes decana


y entre perras protoperra


era tenida en su tierra


por perra antediluviana


Flaco era el animalejo, 


el más flaco de los canes, 


era el rastro, eran los manes 


de un cuasi-semi-ex-gozquejo.


No es exagerado el contraste, porque frente a un grupo de negociadores que exhibe hasta hoy apenas 201 órdenes de captura por incontables delitos, las comparsas en La Habana carecen de prontuario. Son incapaces de matar una mosca, reclutar niños, secuestrar, plantar minas o siquiera contradecir al verdadero y único negociador, Sergio Jaramillo. 


Pues bien: como pasan incontables meses sin poder obtener la menor concesión de las Farc, a pesar de haberles prometido todo, el gobierno ha decidido reforzar su “perrilla” con dos ilustres e intermitentes asistentes: el doctor Gonzalo Restrepo López y la doctora María Ángela Holguín, cuyas excelsas cualidades permiten presagiar todavía mayor apocamiento en la mal llamada negociación.


En efecto, la doctora Holguín no solo está obligada a seguir estrictamente la línea de su jefe, sino que ya mostró ostensible flojedad ante el fallo inicuo de la Corte Internacional de Justicia (12 de septiembre de 2012), y se negó después, obstinadamente, a pedir su revisión, aunque disponía hasta el 13 de diciembre de 2013 para interponer el recurso. 


Desde luego, oponerse a Nicaragua habría sido enfrentarse a Cuba, Venezuela y a las Farc (que ya habían manifestado su solidaridad con Managua), arriesgando el “proceso de paz”. Luego asistimos a la mimosa relación entre la Cancillería colombiana y la dictadura de Maduro. Quizá por esto la doctora María Ángela es, indudablemente, una “paloma”, para no ir, en su caso, más adelante con los símiles zoomorfos. 


El doctor Gonzalo Restrepo López goza de probado éxito gerencial pero nadie conoce su experiencia política ni sus dotes como negociador, estratega militar o diplomático. Su sorpresiva designación para reforzar el equipo de “la perrilla” en La Habana parece ser un homenaje a su cercano pariente, Nicanor Restrepo Santa María, puntal del santismo e ideólogo de la inconcebible colaboración del empresariado en el proceso de entrega del país a la subversión. 


Ojalá el doctor Gonzalo pueda desvirtuar su conformidad conceptual con su primo, que primero apoyó el lamentable proceso de Belisario y en sus últimos años se comprometió con el de La Habana, hasta el punto de calificarlo frente a numerosas personalidades del establecimiento antioqueño como “la oportunidad de conservar algo”, porque él estaba convencido de la imposibilidad de someter militarmente a la subversión.


Por todo lo que venimos hablando, del equipo de Santos podrá pronto decirse: 


Aquella perrilla, sí, 


cosa es de volverse loco, 


no pudo coger tampoco


al maldito jabalí.


***


El cambio del ministro Pinzón (duro apenas para la galería) por el embajador en Washington se inscribe en la línea cada vez más blandengue del gobierno. El culpable silencio le consiguió a Villegas la embajada, pero hace pocas semanas decidió hablar. En una conferencia en Harvard expresó la increíble premisa de que “en Colombia ya derrotamos el crimen organizado” (Semana, mayo 20). Si el doctor Villegas va a actuar como Mindefensa dentro de ese esquema fatuo e irreal, ¿qué puede esperarse? 


***


En vez de amarrarse los pantalones, los delegados del gobierno se los “remangaron” en La Habana para protestar por la niñita asesinada por una mina sembrada cerquita de su escuela. ¡Payasos!