Columnistas

¿Hay gente bien?
Autor: Mariluz Uribe
25 de Mayo de 2015


¿Qué es eso de gente “bien” que se oye por ahí? ¿Cuál es y dónde está? ¿De dónde viene y a dónde va? ¿Se es bien si sus padres lo fueron, aunque uno no lo sea? ¿O por el contrario se puede ser “bien” sin que ni siquiera se hayan tenido padres?

¿O hay que haber tenido bisabuelos que se remonten hasta el primer aventurero español que pisó nuestras tierras, o  hasta el primer noble en desgracia y destierro? ¿Se creó aquí esa categoría  en tiempos de indígenas, virreyes o independencias?


Condes, duques, marqueses, barones,  caballeros (poseían caballo) llevaban títulos de nobleza porque habían sido “nobles” con su rey, le habían prestado un servicio. Un buen cocinero obtenía su condado,  algún cochero o un campesino que había albergado una cabeza real de paso por su choza, adquiría su título. Aquellas personas fueron “bien”. Sus hijos heredaron títulos y  terrenos, pero no necesariamente siguieron sus buenos  ejemplos. Ni al revés.


Con los  cambios de gobierno cambiaban las noblezas. Si hubo unos nobles cuando los reyes de Francia, estos cayeron  bajo la misma cuchilla de Luis XVI. Más tarde vinieron los nobles imperiales, creados  por Napoleón cuyo apellido en español sería Buena parte. Dicen que fue un niño abandonado que una mujer recogió y dejó en una casa de Córcega, explicando que el muchachito venía de “buena parte”.  


Cuando se chismorrea en la sociedad francesa se comenta si la víctima pertenece a la vieja o a la nueva nobleza. Buena burla hace de todo esto la escritora Françoise Sagan en su libro “Castillo en Suecia”.   


Los nobles rusos que lograron huir cuando la revolución siguieron siéndolo en París, podían estar como porteros en restaurantes, algunos saludaban besándola a una en las dos mejillas. Para ellos cualquier chica era una copia de Anastasia, la hija del Zar Nicolás II, esa que sobrevivió  cuando fusilaron a su familia en 1917.


Periódicos y revistas dedican páginas  a todos aquellos personajes que conservan la aureola del título que a veces esconde una familia llena de cruces con defectos, como la niñita del cuadro Las Meninas de Velásquez, que mucho atrae a los niños en el Museo del Prado de Madrid.


Algunos se aferran al tiempo pasado  en el descabezado  torbellino de la vida moderna que practica el “no tengo minutos”. Por ejemplo aunque la religión anglicana la creó Enrique VIII de Inglaterra  para hacer admitir su propio divorcio como algo religiosamente correcto, la familia real inglesa no lo admite, y así  fue como Eduardo, Príncipe de Gales, renunció al trono para casarse con la divorciada  Wallis Simpson;  y a Margarita Rosa la hermana de la actual reina,  no la dejaron casar con el divorciado Peter Townsend. No sé ahora el Príncipe Carlos como se las estará arreglando. Pero a su mamá por lo visto, “no la bajan de la tarima”.  


¿Y  entre nosotros de dónde viene esa nobleza criolla que llaman la gente bien?  ¿De dónde salió? No fue en todo caso del dinero, pues hay mucha gente bañada en plata que patalea  pero se ahoga en la misma porque no sabe nadar… Y hay innumerables familias “bien” que se la pasan saltando matones, atando cabos, y sufriendo y callando para sostener, mostrar o conservar una “posición”,  para dejársela a los hijos o  para que éstos se conecten y se casen “bien” aunque sea mal…


Ah y recuerden de donde salió la palabra Snob, en los colegios cuando entraba alguien que no tenía título, ponían en la matrícula esa abreviatura  que quería decir “Sin nobleza”.  Ahora se aplica a los que “se las dan”…


Psicóloga PUJ y Filóloga U de A