Columnistas

El peor dolor del mundo
Autor: Jorge Arango Mejía
24 de Mayo de 2015


La tragedia de Salgar me ha recordado algunos versos. No tengo presente el nombre de su autor, pero sí la circunstancia.

zipa36@yahoo.com


“Tiene el dolor también sus 


alegrías,


sus penas, sus sarcasmos;


pero el dolor del pobre es dolor único, 


triste dolor, dolor de los de abajo...


“Ahí llevan al hijo de la gleba,


sin coronas de flores, sin rituales 


absurdos,


sin aromas de incienso ni de mirra:


¡cuatro sombras que llevan una sombra, 


un inmenso dolor que va descalzo!” 


La tragedia de Salgar me ha recordado estos versos.  No tengo presente el nombre de su autor, pero  sí la circunstancia de que era un muchacho de Manizales, bohemio y paupérrimo, a quien Dios, o el destino, lo que no le dio en “rútilas monedas”, se lo compensó con creces, pues era millonario en inteligencia. Infortunadamente, de él no conozco  más obra que ésta. Acaso la miseria se lo llevó sin darle tiempo a dejarnos otras pruebas de su talento y su sensibilidad. 


Es cierto que la muerte no distingue y ejerce su oficio con sujeción al principio de la igualdad. Así lo dice Sancho, en algunos pasajes del Quijote:


En el capítulo VII de la segunda parte, afirma:


“...porque la muerte es sorda, y cuando llega a llamar a las puertas de nuestra vida, siempre va de priesa y no la harán detener ni ruegos, ni fuerzas, ni ceptros, ni mitras, según es pública voz y fama, y según nos lo dicen por esos púlpitos.”


Después, en el XX, don Quijote dice a Sancho que es más posible, por razón natural, que primero llegue su muerte que la del escudero, y éste le responde:


“A buena fe, señor, que no hay que fiar en la descarnada, digo, en la muerte, la cual tan bien come cordero como carnero y a nuestro cura he oído decir que con igual pie pisaba las altas torres de los reyes como las humildes chozas de los pobres. Tiene esta señora más de poder que de melindre; no es nada asquerosa, de todo come y a todo hace, y de toda suerte de gentes, edades y preeminencias hincha sus alforjas...”


Sí, Sancho tiene razón. Pero ¿cómo aceptar que una y otra vez las tragedias golpeen con más fuerza a los pobres? ¿Por qué siempre llegan los mismos seudo servidores de gobiernos ineptos y corruptos a ofrecer millones de pesos y centenares de casas a sobrevivientes que, como los de Las Margaritas, esperan la noche a la intemperie? ¿Acaso no fueron los mismos que, al día siguiente de la catástrofe de Gramalote, prometieron reconstruir la pequeña ciudad? Dijeron esas mentiras el 17 de diciembre de 2011: hoy no se ha construido ni una sola vivienda. 


Por lo anterior, una mujer inteligentísima ha publicado  en YouTube un video que conmueve al más desalmado. Y  es tan noble, además,  que se disculpa así:


“Estas imágenes, dolorosas, muestran lo que fue la tragedia del 17 de Diciembre de 2010. Pido perdón a quien le causen el dolor que me causó a mi ver el Video terminado, pero no podemos permitir que olviden a nuestro Pueblo y a su gente. Los Gramaloteros, esperamos la reconstrucción, para así aliviar , en parte, la situación tan lamentable que afrontan algunas familias, por no decir todas.”


Yo, estremecido aún por la pena, pienso, con sentimientos encontrados de compasión y rabia: ¿Por qué siempre los mismos engañados y los mismos   mercaderes de falsas promesas? ¿Por qué Dios no transforma la paciencia de estas gentes en ira, siquiera por un día? ¿Y qué decir del envío a Salgar de un perro que hace piruetas, para “calmar” la pena de  niños que perdieron a sus  padres, a sus abuelos o a sus hermanos? 


Y para terminar, veo el ridículo “homenaje” de los delegados del gobierno a Ingrid Yurani, la niña de siete años muerta al pisar una granada sembrada por las Farc.  Todo, ante la mirada burlona de Márquez y sus compinches… Y más duele  que el presidente Santos no haya mencionado el nombre de la niña ni tenido el valor de acusar públicamente a sus asesinos, llamando a su organización por su propio nombre...  Hablando de esto, cualquiera se pregunta: ¿los de las Farc, de día desminan y por la noche las siembran?


Sí: ¡el dolor del pobre es dolor único! ¡Cuánta falta nos hacen, a los colombianos y a todos los hombres, dos voces: la del “Tuerto” López, autor del inmortal  soneto “Tarde de verano”; y la de Jorge Zalamea, para que convoque nuevamente la audiencia del  “Sueño de las escalinatas”, a la cual llegarán los que sufren, “entre taciturnos y atónitos; doblegados bajo la lluvia de su propia sangre y con el guijarro de un “¿por qué?” en la garganta.”!


¿Entenderá la gente, algún día, que “el pueblo es superior a sus  dirigentes”, como decía Gaitán?