Columnistas

緿efendiendo privilegios?
Autor: Bernardo Trujillo Calle
23 de Mayo de 2015


L醤guida la tarea de la Comisi髇 Institucional de la Rama Judicial al pretender atajar la reforma constitucional que introdujo unas modificaciones que en nada hab韆n contribuido al fortalecimiento de la justicia, ni a darle mayor estabilidad a las instituciones, hoy politizadas, sobre las cuales descansa la seguridad y tranquilidad ciudadana.

Los presidentes del Consejo de Estado, Corte Suprema y Fiscalía, se embarcaron en la aventura de defender personales intereses que protegían su impunidad, so pretexto de conseguir –ahora sí- mediante una Constituyente altamente inconveniente, la tan esperada reforma.


La Fiscalía asumió al efecto el papel protagónico de punta de lanza para intentar el rompimiento de la unidad política que promovió el referendo del “equilibrio de poderes y ajuste institucional”, por cuya vocería la menguada oposición (aunque de alto copete), habló de su inconstitucionalidad, de ser colcha de retazos y sumatoria de micos, amén de otras ligerezas que en boca del fiscal Montealegre sonó a vindicta. Pero en vano. La reforma continúa su trámite normal en el Congreso, porque el fracaso de la anterior reforma a la justicia echada a perder por el manoseo que le dieron los congresistas en su etapa final de la conciliación, no podía repetirse. En la mira del Gobierno estaba de tiempo atrás la determinación de acabar con el Consejo Superior de la Judicatura, una celestina de la impunidad de magistrados y fiscal y promotora del intercambio de favores que allí se dispensaban y recibían a discreción de los interesados.  Algo semejante a la Procuraduría.


La investigación y juzgamiento de estos funcionarios pasará a una comisión de aforados de máximas calificaciones intelectuales y reconocida probidad, elegidos por meritocracia y no en conciliábulos de dudosa imparcialidad. Las faltas disciplinarias y los delitos tendrán allí los procedimientos adecuados para que la impunidad no tenga su reino en tan señalado escenario judicial. Llegó la hora de mover los expedientes que por obra del desaparecido Consejo han estado acumulando polvo y desprestigio.


También la inútil Comisión de Acusaciones de la Cámara va a pasar a mejor vida. Fue por cien años rey de burlas y pésimo precedente de ineptitud y corrupción. Las casi dos mil denuncias que permanecen inactivas cargando epítetos de descrédito justifica su extirpación con el beneplácito de todos los partidos. Fue un acto retardado de saneamiento político que volvió por los fueros de la Cámara sin dolientes que lo lamentaran. El juzgamiento del expresidente y dictador Gustavo Rojas Pinilla por indignidad ante el Senado con fundamento en una investigación que en dicha comisión se adelantó para que la Cámara lo acusara, fue la única presea conseguida en su larguísima existencia. Comisión de Acusaciones que para escarnio de la justicia, ha estado presidida en ocasiones por testaferros de la narcopolítica.


Otro de los puntos tocados por la reforma fue cambiar el procedimiento de elección de magistrados de la Corte Suprema de Justicia y del Consejo de Estado, sometiéndolos al cedazo de una convocatoria y experiencia de 20 años mínimo, con lo cual se les rescata de la olla de intrigas y componendas del “dame y te doy” en la cual los había sumido la enterrada Judicatura. La politización, la banalidad, la corrupción (recuérdese lo del carrusel de las pensiones) que fueron prácticas viciosas de común acontecer, son ya cosa del pasado.  Todo lo cual, unido a la clausura de la puerta giratoriaque alentó el libre tránsito de una a otra corte, conforman un estatuto respetable de reformas que justifican con creces lo que desapareció en buena hora. 


El papel jugado por el ministro del Interior Juan Fernando Cristo, entregado con alma y vida a la causa de su aprobación, fue definitivo. Su temperamento sereno, y proverbial jovialidad ofrecida sin reservas calculadas, hicieron de rompeolas en el fragor de los debates y, a sus buenas relaciones con las distintas bancadas, se debió en parte sustancial el avance de la reforma que nos llevará a una etapa de rectificaciones y remociones de antiguas mañas.


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¿Será cierto que andan por allí comprando votos y ofreciendo el oro y el moro, como lo denunció un articulista de EL MUNDO?