Columnistas

Un libro que agita el racismo en Costa Rica
Autor: José E. Mosquera
21 de Mayo de 2015


La petición de dos congresistas afrodescendientes de Costa Rica, Maurren Clake y Epsy Campbell, para que el gobierno del presidente Luis Guillermo Solís, retire del currículo escolar del Ministerio de Educación, la novela Cocorí, una obra que desde hace décadas hace parte de las lecturas infantiles de obligatoria aplicación en el pénsum educativo en las escuelas públicas costarricenses, ha desatado una agitada polémica racial en este país por su contenido estigmatizador.

No es la primera vez que esta obra clásica de la literatura costarricense genera polémica, en virtud de que su contenido reproduce una serie de estereotipos raciales que ridiculizan a la población negra. Hace algunos años por petición de un grupo de intelectuales ticos, dicha obra que muestra a la población negra como seres primitivos, el ministerio de Educación, la retiró de la lista de lecturas recomendadas en el currículo escolar. Sin embargo, después de varios años de polémicas fue de nuevo reincorporada.


Ahora la polémica se abrió como consecuencia de la petición de las dos congresistas debido a que sirvió de inspiración a una obra musical, patrocinado por recursos públicos, donde se denigra de la población negra. Lo que llama la atención en la controversia racial que se vive en Costa Rica es que las dos congresistas son víctimas de una virulenta campaña de ataques raciales y de amenazas por parte de personas que se consideran “blancas”.


Lo curioso del debate racial, en torno a esta novela publicado por primera vez en 1947, es que sintetiza varias modalidades del racismo que padece la población negra en este país centroamericano y guardan ciertas analogías con las manifestaciones discriminatorias en contra de la población afrodescendientes en otros países latinoamericanos. 


El autor de la polémica novela es Joaquín Gutiérrez Magel (1918-2000), considerado la figura literaria más importante del siglo XX en Costa Rica. Cocorí es su obra insignia, la obra más traducida de la literatura costarricense. Una novela que desde su publicación hace 68 años, se ha convertido en uno de los textos escolares infantiles más importantes en la educación en su país. Por lo tanto,  ha servido para estructurar la mentalidad en la sociedad de la superioridad racial de los “blancos”  en contra de la población negra e indígena.


En Costa Rica, al igual que en otras naciones latinoamericanas los estereotipos y la discriminación contra los negros e indios son latentes. En este país ha prevalecido el falso imaginario que la mayoría de su población es blanca de origen europeo. De manera que en las estadísticas oficiales se habla que el 89% de los ticos son blancos, el 6% mulatos, el 2% indios, otro 2% negros y el resto de origen chino. 


Pero la falacia de la pureza blanca de Costa Rica se demostró con la publicación del libro Negros y blancos, todo mezclado, publicado en 1997 por los investigadores de la Universidad de Costa Rica, Tatiana Lobo Wiehoff y Mauricio Meléndez Obando, una investigación que desmitificó la farsa del origen blanco europeo de la mayoría de la población costarricense. Estos investigadores demostraron que el mito de una Costa Rica blanca ha producido un pueblo ignorante de sus orígenes mestizos, que practica el racismo heredado del régimen colonial de múltiples formas, y las más comunes por medio de chistes e historietas burlescas sobre los negros e indios. 


Acabaron con el mito que Costa Rica se sienta superior a sus vecinos centroamericanos y esclarecieron con datos genéticos irrefutables que todas las clases altas de Costa Rica que se consideran blancas sus orígenes provienen de un esclavo o una esclava negra. En conclusión, sepultaron la mitología de una Costa Rica bucólica diferente, una Suiza centroamericana, una Costa Rica europea, blanca, por lo tanto “superior” a sus vecinos, un libro que amerita leer.