Editorial

Superar la extrema pobreza
20 de Mayo de 2015


A seis meses del toque de campana, los responsables de rendir cuentas reportan que la satisfacci髇 por lo logrado no supera el reto de tender la mano a los ciudadanos que en las regiones, pa韘es y el mundo, siguen padeciendo hambre e incapacidad de acceder y aprovechar las oportunidades existentes.

El rápido correr de las páginas del calendario acerca a los gobiernos del mundo al 31 de diciembre, fecha fijada para evaluar el cumplimiento de los Objetivos del Milenio, los ocho propósitos que la Asamblea General de la ONU reconoció como esenciales para que los seres humanos tengamos vida digna y podamos acceder al desarrollo. Ese día se cumplen la fecha de cierre de la Alianza Antioquia por la Equidad, instituida en 2005 como programa específico pero afín a los ODM, y culminan su mandato los gobiernos departamentales y municipales en Colombia, entre ellos el de Medellín que en el plan de desarrollo Medellín un hogar para la vida, fijó el objetivo Equidad, prioridad de la sociedad y del Gobierno.


En el primer lugar de la búsqueda de los ODM y la equidad, gobiernos y sociedades se propusieron coadyuvar a los más pobres, en los indicadores calificados como personas en pobreza extrema, miseria o indigencia, a salir de esa condición de vida. De acuerdo con los indicadores de ingresos, estas personas son las que sobreviven con ingresos mensuales menores a $96.422 y según los índices de pobreza multidimensional, son aquellos seres humanos que no acceden al disfrute de sus derechos en salud, educación, servicios públicos, ni al reconocimiento de la protección especial a infantes y adolescentes. Quienes en el programa Medellín Solidaria son responsables de acompañar a esos ciudadanos, han conocido situaciones de privación tan profundas como las de personas que por condiciones familiares, desconocimiento o falta de “pasaje” no podían acceder a oportunidades ofrecidas por el Estado o los actores privados.


A seis meses del toque de campana, los responsables de rendir cuentas reportan que la satisfacción por lo logrado no supera el reto de tender la mano a los ciudadanos que en las regiones, países y el mundo, siguen padeciendo hambre e incapacidad de acceder y aprovechar las oportunidades existentes o crearse las propias. Dentro de las metas del Milenio, Naciones Unidas invitó a reducir a la mitad las cifras de personas aquejadas por pobreza y hambre, logro que reportan superado aunque lamentan que todavía 1.200 millones de habitantes, incluidos niños y jóvenes, las sufran. Junto a la calificación de Colombia como “país de clase media”, el Gobierno Nacional ha anunciado que en los últimos cinco años los colombianos en pobreza extrema pasaron de 8,8% a 8.1%, logrando el objetivo mundial. La Alianza Antioquia por la Equidad, cabeza de los proyectos del Departamento contra la pobreza, ha facilitado una acelerada disminución de la pobreza en Antioquia al pasar de 17,8% en 2002 a 8,1% en 2013. Según el programa independiente Medellín cómo vamos, la ciudad de Medellín consiguió dar un salto de pobres extremos de la cifra de 6,1% identificada en 2008 a la de 3% reconocida en 2013, fecha de la última medición. 


Cada uno de los actores ha avanzado en la construcción de su resultado mediante distintas estrategias de intervención y acción continuadas. En Colombia, los programas actualmente reciben el nombre de Acción Social. En Antioquia no existen registros recientes sobre los procesos de la Alianza Antioquia por la Equidad y la página web ha sido inhabilitada de modo que los datos son parciales. Los gobiernos de Medellín han mantenido programas permanentes de lucha contra la pobreza extrema, los cuales maduraron en Medellín Solidaria que en el cuatrienio atenderá a 60.000 familias integradas por 218.000 personas, de las cuales se han graduado 18.783 grupos familiares habitantes de las 16 comunas, la ciudadela Nuevo Occidente y los cinco corregimientos, como grupos aptos para autogestionar su acceso a las oportunidades y afianzar su desarrollo. Para recibir su grado, o sea para salir del programa, las familias deben demostrar autonomía para ser gestores de su propio desarrollo, con acompañamiento del Estado cuando consideren que deben ir a esa mano tendida que permanece para ellos, sin buscarlos. 


Habiendo superado la máxima pobreza, el reto para las personas y familias, es mantener el ritmo de su progreso personal y familiar demostrando que más allá de paternalismos y demagogias, la mano que les tendieron fue palanca para emprender su propio camino de acceso, construcción y aprovechamiento de las oportunidades, rompiendo cualquier lazo de dependencia que además evite que los limitados recursos se destinen a sacar a otros coterráneos de la miseria. Para avanzar al pleno disfrute de la ciudadanía, estas familias deben encontrar que el sector privado y el Estado tienen abiertas para ellos las puertas de la educación superior y el trabajo digno, y aprovecharlas con la responsabilidad de ser ahora actores del cambio y no receptores eternos de asistencia.